Jurídico 


Los derechos de los animales (I): Fundamentación teórica

Está claro que nuestra existencia en la Tierra está indiscutiblemente unida a la del resto de animales y no tendría sentido sin ellos. Desde el principio de los tiempos no sólo hemos compartido nuestro espacio físico y nuestra historia con una variedad infinita de especies, sino que también nos han proporcionado sustento y compañía, así como nos han ayudado a lograr una mayor comprensión del mundo que nos rodea. Todas las culturas del planeta han basado sus principales mitos y simbología en los animales, atribuyéndoles cualidades y características cuasi humanas que han servido para identificar colectivos, etnias, movimientos sociales y hasta casas nobiliarias. Sin embargo, a pesar de que la reflexión de pensadores y filósofos acerca de los animales y su relación con el hombre data de muchos siglos atrás, su tratamiento tradicional desde una perspectiva jurídica dimanaba exclusivamente de sus potenciales usos o capacidad de instrumentalización, no siendo hasta hace muy poco tiempo que se han comenzado a adoptar políticas protectoras de los mismos a nivel nacional e internacional.

gato durmiendoEl 23 de septiembre de 1977, la Liga Internacional de los Derechos del Animal, en conjunción con diferentes Ligas Nacionales, adoptó la Declaración Universal de los Derechos del Animal, un breve manifiesto que, tomando como base la Declaración Universal de Derechos Humanos de 1948, enunció una serie de derechos mínimos de los animales a respetar por el ser humano, y que fue posteriormente aprobado por la UNESCO (Paris, 1978) y la ONU. Sin embargo, y pese a que ambos textos hablan del “reconocimiento” de derechos, ¿son equiparables los derechos que recogen?

Cómo en tantas otras cosas en la vida, la respuesta no es rotunda, y depende en gran medida de la postura desde la que se plantea, por lo que, llegados a este punto, conviene hacer referencia a la diferencia fundamental entre las dos corrientes de pensamiento que han determinado el progreso social y normativo a lo largo de la historia: el iusnaturalismo y el iuspositivismo. Mientras que el primero sostiene que existen una serie de derechos naturales comunes a todos los hombres por el mero hecho de serlo (los derechos humanos), que son anteriores a toda norma y que deben ser reconocidos en legislaciones concretas, el segundo mantiene que únicamente pueden entenderse como derechos aquellos que se recogen en las leyes, es decir, aquellos que son concedidos por los órganos legislativos de cada nación o pueblo, elegidos más o menos democráticamente por los propios ciudadanos. En resumen, para el iusnaturalismo la idea de justicia es única, concreta y consustancial a la esencia del ser humano, pero para el iuspositivismo puro el concepto de justicia es relativo y depende de lo que cada sociedad decida en un momento concreto.

Puede decirse que, al menos en el mundo occidental, la cultura jurídica actual bebe y se ha desarrollado a partir de ambas fuentes, que han llevado a una aceptación más o menos uniforme de la existencia de los derechos humanos. Sin embargo, y yendo más allá, ¿cuál es el motivo principal por el que se ha considerado que los humanos tenemos estos derechos inalienables? Si bien no hay acuerdo unánime, gran parte de la doctrina coincide en señalar que se encuentra en nuestra propia conciencia como seres humanos: podemos distinguir si estamos siendo tratados de forma injusta o si “no hay derecho”, nos lo hayan reconocido los demás o no, estamos dotados de razón para comprenderlo (cabría aquí preguntarse si tal identificación del concepto de justicia no proviene simplemente de la cultura popular que, durante siglos, ha ido aprehendiendo qué es “bueno” y qué “malo” de las normas que el legislador del momento, ya fuera un rey, un parlamento o un presidente, iba promulgando…aunque se trataría de una discusión aparte). Lógicamente, un animal, por inteligente que sea, no puede apreciar si está siendo maltratado ni expresar su opinión o comprender siquiera la idea misma de opinar, sin embargo, ni el nasciturus ni los niños de corta edad tienen tampoco raciocinio alguno y nadie pone en duda que son, sin embargo, sujetos de derechos. Entonces, ¿qué es lo que diferencia, a efectos jurídicos, a niño y animal?, Aquí no hay duda de que se trata de la potencialidad para convertirse en un ser humano racional que tiene el concebido no nacido, que muchos ordenamientos jurídicos han optado por proteger en mayor o menor medida.

Little Lola En vista de lo anterior, ¿cuál sería entonces el matiz diferencial que podría llevar a afirmar que los animales tienen algún tipo de derechos? ¿Quizás que se trata de “seres sensibles”, tal y como recoge en su artículo 13 el vigente Tratado de Funcionamiento de la Unión Europea? Ciertamente, estamos ante un ámbito en el que un animal puede equipararse a un niño pequeño: como afirma el filósofo Peter Singer en su libro Liberación Animal, “ni siquiera existe una relación sistemática entre la inferioridad de capacidades y la disminución del sufrimiento. La incapacidad del niño para entender lo que le pasa, por ejemplo, no disminuye, sino que empeora, su experiencia de dolor. Por ello, los niños pueden sufrir terriblemente con cosas que apenas afectan a los mayores, como perderse o quedarse a oscuras, solos o encerrados. Estas diferencias en las capacidades justifican diferencias de trato, pero no de consideración moral.” Así pues, está claro que es un poderoso argumento a favor, si bien tampoco parece una respuesta del todo convincente, ya que si la capacidad jurídica va unida a un sistema nervioso que habilite para experimentar distintas sensaciones, no sólo gran cantidad de animales, menos inervados que otros, no la tendrían, sino que tampoco poseerían derechos muchos seres humanos, tales como aquellos aquejados de ciertos tipos de enfermedades mentales o físicas e incluso discapacitados psíquicos. ¿Por qué se sigue protegiendo jurídicamente a estos seres humanos imposibilitados para razonar o sentir como los demás? Porque, partiendo de hechos probados, el legislador considera, y he aquí el verdadero quid de la cuestión, que son seres indefensos o débiles, cuya condición merece respeto y cuidado por parte de los demás seres humanos: que su vida tiene un valor. Es en este razonamiento dónde se puede encontrar un motivo válido para dotar a los animales de derechos determinados: la vida, la integridad física, etc.

Sin embargo, conviene no perder de vista que todos los derechos poseen una esfera positiva y una esfera negativa: en tanto en cuanto yo tengo derecho a hacer determinada cosa, los demás tienen la obligación de respetar mi derecho, y viceversa. ¿Puede decirse entonces que, al tener un perro derecho a la vida, están el resto de perros obligados a respetar ese derecho? Obviamente no, y de aquí extraemos otra idea fundamental: todo eventual derecho o prerrogativa de la que un animal pudiera ser titular, únicamente obliga al ser humano a su respeto. Por tanto, los animales únicamente poseerían derechos en su vertiente positiva, pero no en la negativa.

Dicho esto, parece difícil sostener que los animales puedan ser sujetos titulares de derechos inalienables per se o intrínsecos a su condición de animales, pese a que esté claro que no son meros objetos, que pueden sentir gran variedad de emociones y desarrollar vínculos afectivos. Así pues, teniendo en cuenta que, tanto el derecho, como las leyes y sus consecuencias son realidades inequívocamente humanas, fruto del intelecto y las decisiones, es un gran avance distinguir que, de acuerdo con la teoría del filósofo americano Tom Regan, la vida es un valor que importa respetar, y por ello no se debe maltratar a los seres valiosos. Si tomamos esta regla moral como base y la implementamos en la legislación, entonces no será preciso valorar la existencia de derechos naturales para que se respete a un ser, siendo suficiente el mero hecho de que los animales viven, y por ello valen.

Y es que, quien a día de hoy es todavía uno de los pensadores más influyentes de la filosofía universal, Immanuel Kant, dijo en su momento que “podemos juzgar el corazón de una persona por la forma en que trata a los animales.

Via| Declaración Universal de los Derechos del Animal, Liberación Animal¿Tienen derechos los animales?

Imagen| Gato durmiendo, Lola pequeño cachorro (imagen privada del autor)  

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