Historia 


Los congresos, ¿novedad decimonónica?

Portuguese_Cortes_1822La Europa de los congresos, ¿quién no ha oído hablar de esta época? Tradicionalmente, nos referimos con este término al período histórico que transcurre entre 1815 y 1830. Esta época también es conocida como la Europa de la Restauración. Pero ¿surge en esta época la tradición de los congresos? Como demostramos en el anterior artículo sobre la diplomacia, no todo surge cuando nosotros creemos. Veamos si existen antecedentes directos que nos expliquen la tradición decimonónica de los congresos.

Cuando escuché por primera vez la famosa frase de Paul Hazard, “somos los descendientes directos del siglo XVIII” al principio no la entendí. Con el paso de los años debo admitir que este gran autor no se equivocó en su postulado, y esto lo podemos observar en la Europa de los Congresos.

Para poder entender mínimamente la tesis que se defenderá en este artículo, debemos retraernos a comienzos del siglo XVIII. Pongámonos en antecedentes e imaginémonos la situación que se vivía: fin de la Guerra de Sucesión española, la hegemonía francesa desaparece, intento del Imperio de volver a resurgir de sus cenizas cual ave Fénix e Inglaterra, una isla en la periferia geográfica de Europa que se convierte en el árbitro de los designios del resto de las naciones.

En este contexto, las relaciones diplomáticas son un trasiego de idas y venidas de un estado a otro. Se busca una alianza con la cual hacer frente a la poderosa Inglaterra, que ve como aumenta su prestigio y poder con las buenas relaciones que mantiene con Francia. Esta posición no es contestada ni por el Imperio ni por la Monarquía Católica, ya que estos dos estados estaban centrados en una rivalidad recíproca que tiene su origen en las aspiraciones de Felipe V y el emperador Carlos VI al trono de Madrid y al matrimonio del primero con Isabel de Farnesio, que tenía claras aspiraciones a la creación de un estado centro-italiano construido por Parma y Toscana, así como el establecimiento de sus hijos como monarcas de otros estados italianos.

Por todo esto, se pretendió en la década de los veinte del siglo XVIII intentar resolver los problemas internacionales por medio de congresos. En esta centuria se realizaron dos congresos, Cambrai y Soissons, con parecido resultado: fracaso absoluto de este nuevo tipo de diplomacia multilateral.

La primera cuestión que se cedió al congreso de Cambrai (1721-1724) fue la cuestión de Italia. La deliberación de las propuestas y negociaciones se desarrolló con una lentitud ya que se tenían que interrumpir cada cierto tiempo las conversaciones para permitir que los embajadores consultaran a sus respectivas cortes. Cada consulta requería un plazo de tiempo muy largo, acorde con las condiciones del correo de la época. El resultado de este congreso fue un fracaso y lo único que logró fue perturbar la armonía entre los grandes estados europeos ya que se descubrieron sus dobles juegos diplomáticos.

Ocurrió entonces un hecho imprevisto, pero que analizado a la luz de la Historia no resulta novedoso: la reconciliación repentina del Imperio y la Monarquía Hispánica. Ambos monarcas, en 1725, se reconocen mutuamente sus títulos y posesiones y forman una alianza con la promesa austriaca de ayudar a Felipe V para recobrar Gibraltar y Menorca. A cambio, Felipe V otorgó una serie de privilegios a la Compañía de Ostende equiparables a las que ya tenía Inglaterra. Esto provocó el enfado inglés, llegando a tal punto de que estallara una nueva guerra, en un siglo ya de por sí muy belicoso.

Finalmente la guerra no estalla porque Austria retrocedió ante los ingleses. Triunfo para la diplomacia bilateral tradicional. Se intentó hacer retroceder a Felipe V en un nuevo congreso celebrado entre 1728 y 1729 en Soissons. El resultado es un completo fracaso. Entonces ¿cómo se controló las aspiraciones borbónicas de España? A través de la tradicional diplomacia y la presión encubierta con juegos de espionaje y presión.

Con este artículo, lo que se viene a defender por tanto es que en la Historia nada aparece de repente, sino que tiene un proceso y unos antecedentes. En este caso los antecedentes son claros y directos con apenas 100 años de diferencia, en cambio otras veces hay que analizar bien los procesos para poder encontrar las conexiones que nos ayuden a entender y explicar momentos concretos.

En colaboración con QAH| Mundo Histórico

Vía| Rivero Rodríguez, Manuel. (2000). Diplomacia y relaciones internacionales en la Edad Moderna. Madrid: Alianza Editorial.

Blanning, Timothy C.W. (2002). Historia de Europa de Oxford. El siglo XVIII. Barcelona: Crítica.

En QAH| La guerra de sucesión de Austria. Antecedentes de la “guerra diplomática”Las Consecuencias de la paz: El tratado de VersallesLa diplomacia contemporánea, ¿es novedosa? ¿de dónde viene?

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