Economía y Empresa 


Los ciclos económicos y su análisis teórico reciente

El año 1929 pasó a la historia como el año del crack y del inicio de la Gran Depresión. En octubre de dicho año la Bolsa de Nueva York literalmente se desplomó, condenando a una nación primero, y al resto del mundo después, a un largo invierno económico de desempleo y deflación. Las razones para el inicio de esta crisis fue el pinchazo de una burbuja financiera y crediticia cuyos mismos orígenes arrancaban en los desmanes económicos surgidos después de la Primera Guerra Mundial y cuyo primer centenario hemos celebrado el pasado año.

Parece que el consenso sobre el origen de la Gran Depresión es casi unánime. Sin embargo, lo que resulta más difícil es alcanzar un acuerdo sobre los mecanismos que provocaron, no ya su transmisión a la economía real y desde EE.UU. hacia otros países, sino además su dilación en el tiempo. El shock fue tal que incluso, como igualmente ha ocurrido con la Gran Recesión de 2007-2008, hizo tambalear los cimientos de la ciencia económica, que hasta entonces estaba dominada por el paradigma neoclásico.

La incapacidad de dicho paradigma de dar respuestas a muchas preguntas, en particular cómo fue posible la depresión,originó un debate intenso sobre el origen y la transmisión de los ciclos económicos. El postulado neoclásico afirmaba que los mercados siempre estaban en equilibrio, por lo que es imposible considerar un ciclo económico más allá que un movimiento del output y del empleo ajustándose óptimamente a las nuevas condiciones económicas. En este sentido, y dado que los precios y salarios se ajustan automáticamente para vaciar los mercados, el desempleo solo era posible si era voluntario. Además, el hecho de que los mercados fueran eficientes y capaces de autorregularse, permitía suponer que cualquier intromisión en los mismos por parte de un Estado era cuando menos causa de ineficiencia.

Sin embargo, ¿cómo era posible que en 1933, y después de cuatro años de depresión los mercados no se hubieran ajustado?, ¿más de un 20 ó 30% de desempleo era voluntario? Keynes, y su Teoría General vinieron a decir que los mercados podían permanecer durante un tiempo en situación de desequilibrio. En su modo de entender la economía, Keynes consideraba que un mercado que se vacía, es decir, cuyos precios son el producto del equilibrio entre oferta y demanda, era un caso particular de lo que podemos observar en la realidad. En consecuencia, el estado natural de los mercados era de permanente desequilibrio a la búsqueda del deseado equilibrio. ¿Cuál era pues la diferencia entre Keynes y el neoclasicismo económico? Pues que para el primero los precios y salarios se ajustan lentamente. En consecuencia, cualquier cambio en las condiciones económicas subyacentes, por ejemplo un shock tecnológico o un cambio en la demanda agregada, generaba un desequilibrio que tardaría en ajustarse. Mientras, y en función de cómo fuera dicho shock, podríamos estar ante una recesión o expansión, inflación o deflación, etc. Surgía la primera visión moderna de los ciclos económicos. En consecuencia, como una economía podía por ejemplo permanecer en recesión durante un tiempo más o menos amplio, se justificaba la intervención del estado para restaurarlo cuanto antes. Se argumentaba que, dada la lentitud de ajustes de los mercados, en el largo plazo los costes de un ciclo contrario serían elevados, justificando su corrección inmediata.

Desde aquella primera teoría ha llovido mucho. Los neoclásicos reaccionaron durante las siguientes décadas a la dominación del paradigma keynesiano. La crisis de los setenta, de características muy diferentes a la de 1929, la incapacidad de las políticas keynesianas tradicionales de solucionar dicha crisis y la crítica al paradigma dominante en la ciencia económica de Robert Lucas (que señalaba la necesidad de incorporar a los modelos las expectativas de los agentes) modificaron al completo el análisis de los ciclos económicos, generaron una nueva perspectiva de la ciencia económica sobre los problemas reales y cómo enfrentarse analítica y teóricamente a ellos.

Los primeros en reaccionar a finales de los 70 y primeros de los 80 fueron los neoclásicos, desarrollando el modelo de ciclos económicos reales (Real Business Cycle, RBC). Estos modelos se basan en modelos matemáticos dinámicos y microfundamentados de equilibrio general donde los agentes deciden sus acciones a partir de las expectativas que poseen sobre los precios, tipos de interés y salarios, respondiendo óptimamente a cambios en las condiciones económicas actuales y esperadas. Aunque su éxito fue inmediato, sus problemas fueron más que evidentes desde el mismo inicio. Al suponer, de nuevo, flexibilidad en precios y salarios perfecta e inmediata, cualquier cambio en la demanda era instantáneamente ajustada por los cambios en dichos precios, lo que en otras palabras implicaba la incapacidad de la demanda para generar ciclos económicos. De este modo, la única fuente de ciclos en los modelos de RBC eran los shocks de oferta, los que en la literatura se vinieron a llamar shocks tecnológicos. Además, y dado que los precios se ajustan inmediatamente, el dinero no tiene efecto alguno en las variables reales, solo en las nominales (inflación y salarios nominales), por lo que cualquier intento de condicionar la economía mediante políticas monetarias eran en vano.

Así, las previsiones de dicho modelo para algunas variables, especialmente en las del mercado de trabajo, reflejaron claramente su debilidad. Además, la evidencia empírica rechazaba la inmediatez con la que los precios y salarios se ajustaban a los shocks de oferta o demanda, así como la neutralidad de las políticas monetarias. De este modo, poco tiempo después, aparecieron un nuevo intento de explicar los ciclos económicos, en lo que se podría llamar el contraataque keynesiano, los nuevos-keynesianos, o en inglés New Keynesian Models (NKM) (no confundir con post-keynesianos). La diferencia de estos modelos respecto a los RBC, es que presupone de nuevo que los precios y salarios no vacían inmediatamente los mercados, por lo que un shock de oferta, o de demanda (que en este caso sí tendría efectos) generaría un ciclo económico factible de ser corregidos por cambios discrecionales de la demanda a partir de la política fiscal, o de la oferta de dinero a través de la política monetaria. Su estructura es muy similar a la de los RBC, es decir, son modelos microfundamentados, de equilibrio general y dinámicos donde las expectativas son fundamentales para la toma de decisiones óptimas de los agentes.

Además de esas diferencias, otras no menos importantes se introducen, como por ejemplo el diseño de mercados de competencia imperfecta, reglas monetarias que endogeneizan la actuación de los bancos centrales. Además, estos modelos se desligaron inmediatamente de una tara que venía mostrando los modelos keyneasianos tradicionales: la inversión, y su igualdad con el ahorro, ya no es necesaria para explicar ni la existencia de ciclos de demanda, ni para justificar mercados en desequilibrios. Sólo los tipos de interés y su desviación del tipo de interés de equilibrio y un comportamiento de los consumidores óptimo con expectativas racionales es suficiente para justificar toda la literatura sobre ciclos de demanda y de políticas monetarias.

Los modelos NKM son actualmente los que han conseguido una mejor descripción sobre el proceso que inicia y determina un ciclo económico. Su uso es especialmente relevante en el estudio de la propagación de la inflación, el efecto de la políticas monetarias, y actualmente es la base de los modelos con los que los bancos centrales diseñan su política.

 

Via| Teaching Intermediate Macroeconomics using the 3-Equation Model (Carlin y Soskice, 2006)

Imagen| Von Mises

Más Información| Explicación de la política económica keynesiana para combatir el desempleo y la inflación

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