Cultura y Sociedad, Historia 


Los Cenci, la historia de un parricidio renacentista

El Renacimiento italiano es evocado como una especie de Edén, una época en la que florecieron grandes pensadores; hombres completos y amantes de todas las ramas del saber que podían solucionar el problema de las cargas y las tensiones de una bóveda, pintar a una Venus al modo de los antiguos, observar las estrellas o componer bellos poemas de amor a sus amadas. Pero en todas las épocas hay callejones oscuros, episodios siniestros, incluso en ésta, una de las más brillantes de cuantas el ser humano ha vivido.

En la ciudad de Roma, que bullía con una actividad cultural incesante, se produjo uno de los crímenes que más literatura han generado en toda la historia italiana: el asesinato del noble Francesco Cenci.

Este noble se caracterizaba por su colérico temperamento, sus actitudes de dudosa moral y sus arrebatos violentos, que le llevaron incluso a intentar a abusar sexualmente en una ocasión de su hija Beatrice. Todos en Roma sabían de este impetuoso proceder, pero nadie se imaginaba como se iban a desarrollar los hechos.

La familia no aguantaba más esta situación, así que Beatrice y su hermano Giacomo, junto con su madrastra Lucrezia Petroni, decidieron poner fin a años de malos tratos. Para ello contaron con la ayuda de dos sirvientes, los cuales dieron muerte a martillazos al padre de familia la noche del 8 de septiembre de 1598. Para que todo pareciese un accidente arrojaron el cuerpo por un balcón, haciendo pasar el asesinato por una fatal caída.

El cuerpo fue enterrado cerca del palacio familiar de la capital romana, pero algunas voces abrieron la caja de las sospechas, por lo que las autoridades decidieron exhumar el cuerpo para analizar las heridas. Se sucedieron las declaraciones, como la de una lavandera que lavó unas sábanas ensangrentadas de la presunta menstruación de Beatrice, lo cual la mujer no creyó. Los asesinos fueron torturados e incluso uno de los cómplices fue asesinado por amigos de la familia para que no dijera nada. Finalmente confesaron, cerniéndose la tragedia sobre toda la familia Cenci: Beatrice y Lucrezia fueron condenadas a la decapitación, mientras que Giacomo fue condenado a ser descuartizado vivo. Bernardo, el hijo mejor del matrimonio, por no haber declarado en contra de sus hermanastros y su madre fue condenado a remar perpetuamente en las galeras pontificias, pero no fue esto lo más duro de todo, sino que también fue condenado a estar presente cuando las ejecuciones se llevaran a cabo.

El 11 de septiembre de 1599 se llevaron a cabo las ejecuciones ante el Castel Sant’ Angelo, no habiendo demostrado ningún signo de clemencia el Papa Clemente VIII, quien ratificó las condenas. Bernardo tuvo que presenciar todo, el pueblo asistió atónito a las ejecuciones y, como macabro remate, las extremidades de Giacomo fueron colgadas a la vista de todos. La familia del Papa recibió todos los bienes que les fueron confiscados a los Cenci, con lo que la administración de justicia salió incluso rentable.

La historia de los Cenci fue una gran fuente de inspiración para artistas de la época romántica, que vieron en esta rocambolesca historia de parricidio, un pretexto genial para dar rienda suelta a su creatividad. Ejemplo de ello son las obras de Dumas, Stendhal o Shelley, entre otros.

Desde entonces Beatrice Cenci se convirtió en una especie de símbolo contra los desmanes de la nobleza, siendo tenida por el pueblo como una heroína que todos los años, en la víspera del día de su ejecución, dicen que va cargando por las calles de Roma con su cabeza.

Vía| Los Cenci, relatos de Alejandro Dumas y Stendhal, así como una obra de teatro de Percy Bysshe Shelley. (Madrid, 2000).

Más información| Beatrice Cenci: storia del secolo XVI. (Milán, 1881).

En QAH|Marat: la muerte, el traje que mejor sienta.

Imagen| Beatrize Cenci

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