Historia 


Los Bárquidas en la Península Ibérica (III): Aníbal Barca

Busto de Aníbal Barca

Busto de Aníbal Barca

Tras el asesinato de Asdrúbal Barca, Aníbal, hijo de Amílcar, fue elegido general por las tropas con la aprobación de Cartago, e inmediatamente inició una serie de campañas destinadas a extender el dominio cartaginés en la península. De esta manera los años de la diplomacia cartaginesa, bien desarrollados por Asdrúbal, desaparecieron con el retorno de las campañas de conquista; así Aníbal inició una serie de campañas que harían profundizar la presencia cartaginesa en la península Ibérica. Dirigió dos campañas sucesivas contra los olcades (pueblo entre el Tajo y el Guadiana) y luego contra los vacceos, en una campaña dirigida hacia la Meseta Norte Occidental; a la vuelta de su incursión en la Meseta derrotó junto al Tajo a una coalición integrada por olcades, carpetanos y fugitivos del sitio de Helmantiké (¿Salamanca?), victoria con la que se consolidaba la dominación cartaginesa sobre los pueblos de la Meseta hasta la Sierra del Guadarrama. C. G. Wagner ha aludido para explicar estas campañas al interés de Aníbal en controlar la vieja ruta tartésica que comunicaba el suroeste con el noroeste de la península, rico en oro y estaño, aunque también se ha señalado la necesidad de garantizarse el acceso al potencial agrícola del Valle del Duero, a fin de asegurar el suministro de sus tropas ante una previsible guerra contra Roma, así como la obtención de recursos económicos (botín y tributos) y humanos (esclavos para las minas y soldados para aumentar sus ejércitos). Sin embargo, tales recursos podrían conseguirse con facilidad en los territorios pacificados desde época de Asdrúbal, por lo que también se ha hecho referencia a que las campañas en la Meseta podrían explicarse como un intento de garantizar la tranquilidad en la periferia de los dominios cartagineses, sometidos a las frecuentes incursiones de los pueblos de la Meseta, en un momento en que se está preparando una guerra contra Roma.

A su vuelta de las incursiones en la Meseta, en el año 219 a. C., Aníbal emprendió el sitio de Sagunto mientras Roma, aliada de esta ciudad ibérica, se encontraba batallando en Iliria. Pero vayamos por partes.

Moneda cartaginesa

Moneda cartaginesa

Sagunto era una ciudad situada a 150 km al sur del río Ebro, que había llegado a establecer relaciones con Roma a raíz de un enfrentamiento entre sus habitantes, divididos en una facción antipúnica y otra procartaginesa, por lo que solicitarían el arbitrio de Roma, dado que no había estado implicada hasta entonces en la península; estos acontecimientos tendrían lugar algo antes de la proclamación de Aníbal por las tropas y, en 220, parece que tuvo cuidado de no molestar a los saguntinos. Esta idea defiende el origen ibérico de sus habitantes, que poco después habrían empezado a hostigar a un pueblo vecino amigo de los cartagineses; la identidad de este pueblo no está clara, pudiendo ser bien turboletas (pueblo de raigambre celtíbera, procedente tal vez de la región de Teruel, desde donde se habían extendido hacia la costa mediterránea) bien turdetanos. Por otro lado, Sagunto es considerado como un emporio griego. Siguiendo esta teoría, el enfrentamiento entre los saguntinos no habría sido más que un conflicto entre la población ibérica y los habitantes del emporio griego, aunque esta hipótesis tiene poco respaldo arqueológico debido a la escasa presencia de material griego en la ciudad.

Por las fuentes clásicas (Polibio) nos llega la noticia de que una embajada romana visitó a Aníbal en Cartago-Nova para exigirle no atacar Sagunto: “Aníbal (…) les acusaba ante sus embajadores, como si fuera él el encargado de velar por los saguntinos, de que, aprovechando una revuelta que había estallado en la ciudad hacía muy poco, habían efectuado un arbitraje para dirimir aquella turbulencia y habían mandado ejecutar injustamente a algunos prohombres. Dijo que no vería con indiferencia a los que habían sido traicionados”. Después de que Aníbal echase en cara a Roma su comportamiento anterior con los saguntinos fieles a Cartago, la embajada se dirigió a esta ciudad, donde no obtuvo mejores resultados. Ese mismo año (219 a. C.) Aníbal emprendió el sitio de Sagunto, que tras ocho meses de asedio, cayó en manos púnicas ante una total pasividad romana.

218 a. C. una nueva embajada romana planteaba ante el gobierno de Cartago sus reclamaciones. Quería saber si Aníbal había actuado por iniciativa propia o respondiendo a los mandatos de la metrópolis. Los cartagineses eludieron las responsabilidades de su general, argumentando que Sagunto no figuraba entre los aliados de Roma en el tratado de 241 a. C. firmado tras la I Guerra Púnica, único que reconocían, ya que el de 226 a. C. había sido realizado con Asdrúbal y no con el pueblo de Cartago, de la misma manera que Roma había invalidado el tratado concluido tras la guerra de Sicilia por Lutacio declarando que se había hecho al margen de su parecer, aprovechándose de este hecho para endurecer sus condiciones.

El resultado fue el estallido de un nuevo conflicto, la II Guerra Púnica o Guerra de Aníbal, que habría de ocasionar la expulsión de los cartagineses de la península y que analizaremos en otra ocasión.

Vía| BLÁZQUEZ MARTÍNEZ, J. M. y GARCÍA-GELABERT, M. P. “Los Bárquidas en la Península Ibérica”, Atti del II Congresso internazionale di Studi Fenici e Punici (Vol. II), (1991); GONZÁLEZ WAGNER, C. Fenicios y cartagineses en la Península Ibérica: Ensayo de interpretación fundamentado en un análisis de los factores internos, Madrid (1983); GONZÁLEZ WAGNER, C. “Los Bárquidas y la conquista de la península Ibérica”, Gerión 17 (1999).

Imagen|Busto de Aníbal Barca, Moneda cartaginesa

En QAH| Los Bárquidas en la Península Ibérica (I): Amílcar Barca; Los Bárquidas en la Península Ibérica (II): Asdrúbal Barca, El Bello

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