Historia 


Los Bárquidas en la Península Ibérica (II): Asdrúbal Barca, el Bello

Busto de Asdrúbal en Cartagena

Busto de Asdrúbal en Cartagena

El sucesor de Amílcar en la península Ibérica fue su yerno, Asdrúbal, que tras la muerte del anterior fue proclamado por las tropas comandante en jefe (como era costumbre en los ejércitos helenísticos de la época), algo que, según nos dicen Polibio y Apiano, posteriormente sería ratificado por el gobierno de Cartago.

A pesar de que su gobierno en la península se caracterizó por preferir la diplomacia a los actos belicosos, las fuentes clásicas (Tito Livio) nos comentan que el primer acto que llevó a cabo fue una campaña dirigida contra aquellos orisos, presuntos responsables de la muerte de Amílcar. Si identificamos a los orisos con los oretanos, entendemos que fuera Asdrúbal quien consiguiera la pacificación completa de Oretania, relacionando este hecho con la necesidad de controlar de manera efectiva tanto las minas de la región como los caminos que llevaban desde allí hasta la costa. Estas vías de comunicación unirían el distrito minero de Cástulo con la costa siguiendo caminos naturales; una vía llevaría desde Cástulo hasta la futura Cartago-Nova, mientras que las ciudades de Cástulo, Tugia y Basti estarían también unidas por un camino. Según J. M. Blázquez y M. P. García-Gelabert, lo poblados por los que pasaban estos caminos tendrían la función de velar por la seguridad de los pasos por los que viajaba la plata obtenida en Sierra Morena hasta los puertos como Abdera o Sexi.

Tras la pacificación de esta zona, emprendió una política de acercamiento a las poblaciones indígenas, algo que parece que consiguió al desposarse con una princesa indígena, lo que le granjeó la amistad de las aristocracias locales. Esta política matrimonial entre miembros de dos comunidades diferentes se utilizaba en la antigüedad como una forma de integración y vinculación política cuyo fin sería la captación de partidarios indígenas, algo que unido a los lazos de hospitalidad que parece que estableció con los diferentes reyes locales (de nuevo palabras de Tito Livio), provocó que se ganara su apoyo. Cuando hubo conseguido esto, Asdrúbal convocó una asamblea en Cartago-Nova, ciudad que él mismo fundó, donde reunió a todos los caudillos indígenas y fue elegido por ellos general con plenos poderes (o eso nos dicen Polibio y Diodoro de Sicilia). Es de esta forma cómo C. G. Wagner establece el nacimiento de un Estado Federal Ibero-Púnico gracias a las prácticas de integración y de vinculación política de los matrimonios mixtos y de los lazos de hospitalidad, así como los lazos de fidelidad personal que implicaba la devotio ibérica, una tradición autóctona por medio de la cual un grupo de personas se vinculaba a un líder, al que seguirían de manera incondicional, por medio de un juramento religioso. De esta forma las diversas unidades político-sociales en que estaban divididos los territorios peninsulares pasaron a integrarse en una unidad política superior, el Estado Federal Ibero-Púnico dependiente del Senado, sin perder su carácter original.

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Dominio cartaginés en la Península Ibérica

Como ya hemos mencionado, Asdrúbal fundó una ciudad que pasó a convertirse en centro político, económico y estratégico, a la que denominó Qart Hadast, dándole el mismo nombre que a la metrópoli, y que sería conocida por los romanos como Cartago-Nova. Resulta significativo que le diera el mismo nombre que la capital, algo que hay quien ha interpretado como un intento de crear una nueva Cartago con independencia de la otra, puesto que es lo mismo que siglos atrás hiciera la tiria Elisa cuando fundó la ciudad africana, llamándola ciudad nueva, esto es, Qart Hadast. Sin embargo, pese a encontrarnos con fuentes clásicas que nos dicen que los Bárquidas llegaron a la península Ibérica contra la voluntad de la metrópoli (Diodoro de Sicilia así lo mantiene), la idea general es que fue la ciudad de Cartago la que envió su ejército a Iberia.

La ciudad de Cartago-Nova se erigió en un lugar estratégico desde donde se podía controlar la producción argentífera de Sierra Morena así como aprovechar los beneficios salinos de sus costas y el esparto del interior, necesario para la industria naval (para una descripción detallada de la ciudad de Cartago-Nova, leer a Polibio X, 10, 6).

En 226 a. C. Asdrúbal recibió en su capital una embajada romana que se interesaba por los progresos de los cartagineses en la península con vistas a que, ante el peligro inminente de una invasión de los galos, los romanos deseaban garantizarse la neutralidad de los púnicos, aunque hay quien piensa que el motivo real sería la preocupación de Massalia, aliada de Roma, ante los avances de los cartagineses. Con todo, el resultado de las negociaciones fue un tratado en el que cartagineses y romanos se comprometían a no atravesar en armas el Ebro, convirtiéndose dicho río en el límite de los territorios sometidos a Cartago en la península.

Cinco años después de la firma de este tratado, en 221 a. C., Asdrúbal fue asesinado en sus aposentos en oscuras circunstancias: por un lado nos llega la noticia de que murió tras la traición de un criado, mientras que por otro se nos comunica que su asesino era un hombre de raza gala. Fuera como fuese, tras su asesinato Aníbal Barca fue elegido general por las tropas, con la aprobación de Cartago, e inmediatamente inició una serie de campañas destinadas a extender el dominio cartaginés en la península.

Vía| BLÁZQUEZ MARTÍNEZ, J. M. y GARCÍA-GELABERT, M. P. “Los Bárquidas en la Península Ibérica”, Atti del II Congresso internazionale di Studi Fenici e Punici (Vol. II), (1991); GONZÁLEZ WAGNER, C. Fenicios y cartagineses en la Península Ibérica: Ensayo de interpretación fundamentado en un análisis de los factores internos, Madrid (1983); GONZÁLEZ WAGNER, C. “Los Bárquidas y la conquista de la península Ibérica”, Gerión 17 (1999); SÁNCHEZ MORENO, E. “La mujer en las formas de relación entre núcleos y territorios en la Iberia protohistórica”, Espacio, tiempo y forma. Serie II Historia Antigua 10 (1997).

Imagen| Busto de Asdrúbal, Mapa del dominio cartaginés en la Península Ibérica

En QAH| Los Bárquidas en la Península Ibérica (I): Amílcar Barca

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