Historia 


Los banquetes griegos y el origen de las sobremesas

¿Quién no se ha deleitado de una tertulia con los amigos o la familia después de un almuerzo o una cena? Es muy posible que todos hayamos gozado junto a conocidos y extraños de una agradable sobremesa en donde, además de disfrutar de un momento ameno socializando con el resto de comensales, se ingieren algunas bebidas estimulantes o alcohólicas. En España (al igual que en otros países) esta práctica ha tenido gran arraigo entre sus gentes convirtiéndose en una suerte de tradición, aunque es posible que nunca nos hayamos cuestionado cual podía ser su origen. En la Antigüedad era común que se celebraran banquetes en donde se celebraba un acontecimiento especial, y sobre ello se tiene constancia tanto por parte de los griegos como de algunos pueblos semitas. En este artículo incidiremos en la manera en la que los griegos se reunían festivamente, a tenor de lo mucho que culturalmente le debemos.

En los llamados sympósion (término que se ha traducido como “banquete”, y que posiblemente signifique “reunión de bebedores”) los griegos dedicaban su tiempo a la bebida y a la charla amena después de haber comido, siendo este momento de especial importancia para los invitados al mismo. Y es que los platos y todas las viandas sobrantes eran sustituidos en las mesas portátiles por copas llenas de vino que, mezclado con generosas dosis de agua, amenizaba el ambiente festivo de los brindis hasta que los allí presentes caían presa del sueño o de la embriaguez. El vino servido en esas copas era absolutamente indispensable debido a que articulaba el ritual que tenía lugar para honrar a los dioses, aunque no era lo único que tenía importancia. Al amparo de los dioses los invitados (a los que se les ceñía coronas de hiedra y pámpanos) disfrutaban de bebida (y alguna fruta o alimentos poco calóricos si así lo deseaban), música, juegos, charlas, perfumes y bailes que les eran ofrecidos por las hetairas.

Asistentes a un banquete griego.

Puede parecer increíble creer que para los griegos las charlas originadas en este ambiente otorgasen algún tipo de satisfacción, pero así era. En un simposio los allí presentes podían conversar vehementemente sobre cualquier tema, aunque eran la política y el amor aquellos puntos que parecían copar más atención. Allí comentaban sus preocupaciones, intercambiaban impresiones o se reían de las ocurrencias de su interlocutor. El arte de conversar era sumamente apreciado por una sociedad que se nutría de ciudadanos curiosos y obstinados polemistas, aunque en esas intervenciones, tanto en Atenas como en Esparta, las mujeres no tuvieran presencia (en los banquetes solo eran aceptadas las hetairas) ni lógicamente voz. Además de restringir la asistencia de las mujeres, a las que se les otorgaba un rol totalmente doméstico acorde a su naturaleza, estos banquetes solían reunir a individuos que, dentro de un cierto estatus, tenían diversa edad y formación. Ésto último se veía como algo sumamente enriquecedor, dado que podían tratarse mayor número de temas desde diferentes perspectivas, favoreciéndose el debate.

Todos los invitados aportaban su granito de arena. Los miembros del mismo grupo o familia colaboraban a la hora de sufragar gastos en los festejos, además traer los alimentos y la bebida que iba a consumirse una vez sentados o ligeramente inclinados encima de cojines, siendo los lugares de honor los dispuestos por el anfitrión a su alrededor. El respeto al dueño de la casa era esencial, por lo que era más que necesario guardar las formas. Eso no impedía, sin embargo, que llegasen hasta nosotros diversas informaciones que retratan el ambiente totalmente festivo, ya que parece que el protagonismo de las esposas radicaba en, una vez terminado el simposio, acompañar a sus ebrios maridos hasta casa. Huelga decir que no todos los participantes del simposio participaban en la comida previa ya que algunos, por diversos motivos, solo hacían acto de presencia una vez se acababa de consumir los alimentos.

Aunque esta práctica fue recogida fielmente de forma recurrente por parte de algunos conocidos filósofos griegos en varias de sus obras más conocidas, el concepto de simposio griego que ha llegado hasta nosotros está ciertamente tergiversado. Es muy posible que todo ello sea producto de la lógica confusión derivada de identificar erróneamente el banquete romano con uno griego, siendo el segundo bastante más austero en algunos sentidos. Y es que a fin de cuentas, un simposio griego tenía por finalidad alimentar cada uno de los placeres no buscando la espectacularidad ni cayendo en una burda teatralidad. Los griegos dotaban a esta práctica de una placentera atmósfera en donde se bebía, se hablaba y se fornicaba a voluntad, pero lejos de la opulencia surrealista de los célebres banquetes romanos que, a día de hoy, podríamos equiparar con las fiestas más suntuosas y polémicas.

 

Vía| Calame, C. Eros en la antigua Grecia. Vol. 223. Madrid, Ediciones Akal, 2002; Jenkins, I. La vida cotidiana en Grecia y Roma. Vol. 3. Madrid, Ediciones Akal, 1998.

Más información| Murcia Ortuño, J. De banquetes y batallas: La antigua Grecia a través de su historia y de sus anécdotas. Madrid, Alianza Editorial, 2007

Imágenes| Portada, cerámica

En colaboración con QAH| Tempus Fugit

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