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Lógica, razón y sentido común

Si tuviera que ponerme a escribir sobre los orígenes de la lógica como disciplina filosófica, práctica mística o pensamiento racional; o si tuviera que escribir sobre los principios que fundamentan la lógica; o sobre las connotaciones algebraicas de esta ciencia, probablemente más de uno no pasaría de este renglón. Lógicamente, no lo voy a hacer.

Quiero referirme aquí a esa lógica más común, esa que yo denomino ‘lógica aplastante’, que debería estar presente en todos nuestros pensamientos para llevarnos a conclusiones razonables. Esa lógica coloquial que la mayoría conocemos y que, aunque difiere de la puramente ‘científica’, es la que nos hace descubrir la realidad en la que estamos inmersos, la que está al servicio de la vida y del ser humano.

Esa lógica que se funde con la razón y con el sentido común. Esa lógica que parece que hemos perdido y que nos hace precipitarnos vertiginosamente al vacío. La que un día, sin saber cómo ni cuándo, se instaló entre nuestros sentidos e hizo que todos y cada uno de ellos, de manera coordinada, actuaran consecuentemente.

Se me desgarra el alma al pensar que esa lógica, esa ‘gramática parda’ que debía conformar nuestro día a día, se ha convertido en ilógica, inmoral y, en algunos casos, hasta ilegal. Me duele pensar que ni lógico, ni razonable, ni con sentido común, este mundo se nos escapa poco a poco de las manos. Lo único que nos hacía diferentes del resto de los seres vivos era esa ‘lógica aplastante’, imprescindible para poder vivir de acuerdo a nuestra propia naturaleza. Esa ciencia que más que dinámica parece estática, que se ha quedado anclada en un futuro muy lejano y que nos impide dilucidar lo correcto de lo incorrecto y lo verdadero de lo falso.

Lógica, Aristóteles (1570)Ya decía Aristóteles que los tres componentes en todo proceso lógico son una premisa, un argumento racional y una conclusión. Si utilizáramos premisas verdaderas y razonamientos válidos, podríamos llegar a conclusiones certeras. ¿Qué está pasando, pues? ¿Por qué no somos capaces de organizar nuestros pensamientos para conseguir una determinada racionalidad? ¿Por qué prescindimos de esas leyes que conforman todo cuanto tenemos alrededor?

Me niego a pensar que esa ciencia que nos ayuda a poner orden a nuestros ideas, a realizar interpretaciones o deducciones correctas, a descubrir sofismas y prejuicios, me niego –insisto- a pensar que se esté extinguiendo. No podemos permitir que se nuble nuestro pensamiento, que se oscurezcan nuestros razonamientos y que la lógica del sentido común salte por los aires.

Necesitamos recuperar esos valores morales primigenios, que parecen estar enfrentándose en una dura batalla; valores que sean capaces de destruir esa marcada inmoralidad que se está adueñando de nuestras relaciones humanas y de nuestra sociedad; valores, en definitiva, que siempre han estado al servicio permanente del ser humano, que han formado parte de nuestras vidas, y que hoy no vemos, pero anhelamos.

Más Información| Dialnet: Los tres principios de la lógica aristotélica ¿son del mundo o del hablar?

Imagen| Lógica

Vídeo| Valores morales. Marcianos

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