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Lo sublime en blanco y negro

Con nocturnidad y alevosía de Samantha Herrera

“Toda fotografía relevante cumple una doble función: asignar interpretaciones personales a la plasmación de una supuesta realidad física, y la posibilidad de descubrir el mundo del autor y la motivación íntima que origina la creación de esa imagen”

Chema Conesa sobre Chema Madoz en Esenciales de fotografía española

Vivimos tan rápido, tan deprisa, que no somos capaces de observar, no de mirar, que es distinto, nada de lo que hay a nuestro alrededor. Así, edificios, monumentos, paredes, personas… Habitan juntos a nosotros pero no con nosotros; como fantasmas formando una realidad tan cruda que solo de pensar en ella duele.

Menos mal que todavía existen artistas que recogen esas historias ignoradas y nos dan lo único que necesita nuestra alma para no terminar convertidos en teclas y luz. Pintores, escultores, ilustradores o fotógrafos que no dudan en ponerse manos a la obra y dar todo lo que tienen para plasmarlo donde sea con la mejor de las calidades. Pero claro, esa prisa y otros elementos hacen que en el mayor de los casos no se les valore y se pase por alto el trabajo que llevan a cabo. Son guerreros artísticos que luchan en una batalla continua y, en muchas ocasiones, perdida.

Samantha Herrera es una de estas heroínas que tiene a la fotografía como compañera de viaje. Algo que se ha podido comprobar en las muestras que ha protagonizado en Toledo (Círculo de Arte), Getafe (Artes Bohemian y Sala Lorenzo Vaquero) o Alcalá de Henares (Sala la Capilla en el Antiguo Hospital de Santa María la Rica) y que se puede seguir disfrutando en Torrijos hasta el dos de septiembre en el espacio cedido por el Hotel La Salve. Todos ellos lugares que han estado habitados por esas ciudades de las que hablaba al principio y que son las protagonistas de las obras que Herrera muestra al visitante.

Urbes que toman la palabra y se convierten en los personajes principales de instantáneas en blanco y negro, lejos del en ocasiones superfluo color,  que hablan de buen hacer, de técnicas perfectas y de esos sentimientos que solo alguien que sea fotógrafo puede mostrar y no cualquiera que tenga un móvil con una cámara y un palo selfie. Una vez leí que no todo el mundo puede ser escritor porque es fácil garabatear sentimientos en unos cuantos caracteres pero unir varias ideas y contar una historia no lo es. Es la misma cuestión que sucede con el arte de retratar. Es algo que Herrera, que vive con la cámara desde que era niña gracias a la influencia paterna, conoce bien y lo muestra en cada proyecto en el que trabaja.

Poblaciones plasmadas en digital pero llenas de recuerdos, historias, consejos propios del pasado que hablan de una simbiosis tan perfecta que no es de extrañar que cada visita a cada una de ellas conmueva y haga reflexionar a un visitante que, por primera vez, descubre un rincón por el que había deambulado toda su vida pero del que no había sentido, aprendido o vivido nada. Sirvan de muestra estas palabras de la historiadora del Arte, comunicadora y redactora jefa Amanda H C:

“Con nocturnidad y alevosía es la exposición de una autora que se acerca al paisaje urbano desde la distancia, que enfoca allá donde la belleza resalta de manera natural y que da la oportunidad al público de asomarse, a la vez de casi enclaustrarse, a perspectivas escondidas”

De las más de diez fotografías que forman parte de esta Con nocturnidad y alevosía hay que destacar Cautiva, que muestra una visión desconocida de la reina de Toledo, su catedral, con esa óptica que une pasado y presente, como antes comentaba, y con influencias de grandes maestros como Chema Madoz.

Algo que se puede comprobar en otras series de sus trabajos. Así, puedo hablar de un proyecto sobre el empoderamiento femenino titulado Mujeres, en el que se trabaja con remakes de obras clásicas de la historia del Arte, sus retratos de artistas como Nela Linares o su colaboración con Proyecto Duas, en la que aborda la difícil acción de captar algo en movimiento, como es el teatro, en una obra que lo fija para la posteridad. Y es que Herrera escribe con el objetivo, formando parte de una historia que otros han escrito con las palabras que forman los libros que tanto le han acompañado en este viaje.

Podía terminar este artículo hablando de los premios que ha recibido a lo largo de su carrera, pero ella no querría eso. Lo cierto es que esos reconocimientos no son nada si se comparan con su saber hacer, su cercanía y humildad con las que corona cada una de sus obras, que siguen esperando que el espectador se pierda en ellas aunque sea sólo por un instante.

*Más información:

-Web de Samantha Herrera:

https://www.samanthaherrera.com/

*El fragmento de Amanda H C está presente en los folletos de la muestra y en la propia exposición.

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