Coaching Profesional 


Lo que me gusta

Después de muchos años dedicados en exclusiva a la familia, hace unos meses, se me ocurrió la brillante idea de volver al mercado laboral.  Pero esta vez no estaba dispuesta a soportar un horario de oficina. ¡Y mucho menos a un jefe! Si me voy a partir los cuernos por un proyecto, será el mío.

Otra cosa era cómo. No tenía ni la más remota idea.  Llevaba demasiado tiempo fuera del “circuito”. Legislación, impuestos, licencias, me parecían palabras de otro idioma. ¿Y cómo se consiguen clientes en estos tiempos?  Mi necesidad de formación era evidente.  Y a ello me puse.

sb10065243e-001

También descubrí, con mucho pesar, que no sabemos enseñar. Cuando somos niños, nuestras ideas son TODAS, SIEMPRE, emprendedoras.

Lo primero que aprendí es que no estaba sola.  En una clase de veinticinco personas había un ingeniero industrial, uno informático, un arquitecto, un gerente, y unos cuantos señores encorbatados más, todos con más de treinta años de experiencia laboral. Todos se confesaban hartos de aquello que les permitía vivir con holgura, pero los hacía infelices.  Así que lo dejaron para dedicarse a lo que de verdad les gusta.  La fotografía, el cuidado del medio ambiente…  “No tengas miedo”‘ me decían, “encontrarás el camino”.

También descubrí, con mucho pesar, que no sabemos enseñar.  Cuando somos niños, nuestras ideas son TODAS, SIEMPRE, emprendedoras.  Mi hijo de cinco años es la prueba. Pero cuando salimos de la universidad, nos comportamos como reproductores de películas.  En algún punto del camino arrebatamos a nuestros alumnos la capacidad para ser ellos mismos y los convertimos en procesadores de datos fabricados en serie. Yo misma presenté mi título en una empresa donde me dijeron lo que tenía que hacer y yo lo hacía.  Cada día, cada mes. Y me sentía útil, integrada.

Estos últimos meses he tenido que hacer ejercicios de dos partes como éste:

a) Escribe lo que de niña decías que querías ser de mayor. ¿Qué te gustaba más hacer?, ¿cuáles eran tus habilidades más destacadas?

b) Ahora escribe la misión, visión, valores que quieres para tu empresa.

Manos Escher

Por fortuna, también he aprendido que reinventarse puede ser, y de hecho es, una experiencia enriquecedora, gratificante, apasionante, hasta no poder explicarse con palabras.

Las respuestas son tan parecidas que no salgo de mi asombro.  Yo ya sabía que me gustaban los trabajos manuales, nadie me lo enseñó, pero nunca me dediqué a eso.  Lo olvidé por completo.  Mis compañeros también.  Me pregunto si, durante los años de escuela, se nos pudo insistir más en lo que nos gustaba, y menos en la lista de ríos que nunca visitaremos.

Otro ejercicio es el “discurso del ascensor”.  Lo que se puede llegar a sudar en veinte segundos no está escrito en los libros.  Pero yo sé que los niños se acercan unos a otros en los parques y se piden cosas todo el tiempo. No se echan atrás porque no conocen al niño de al lado, o por miedo a una respuesta negativa.  Al revés, ¡parecen imantados! No tardan nada en juntarse y empiezan a jugar sin reglas ni jefes.  ¿Cuándo olvidamos lo bien que nos lo pasamos juntos?

¿Cuándo nos entró el miedo a comunicarnos con nuestros semejantes?

Por fortuna, también he aprendido que reinventarse puede ser, y de hecho es, una experiencia enriquecedora, gratificante, apasionante, hasta no poder explicarse con palabras. Y yo la disfruto cada minuto del día. Cuando no estoy estudiando, estoy redactando mi proyecto, o se lo estoy contando a los demás.  ¡Es como volver a nacer!

Vía| María Jesús Delgado.

RELACIONADOS