Historia 


Lo injusto de un adjetivo: Los Primitivos Flamencos

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Rogier van der Weyden – El calvario (h.1457-64)

 

Historia y arte siempre irán unidos. El arte es el encargado de narrar para generaciones venideras lo que sucede en nuestros días mediante emociones plasmadas, ya sea en un lienzo, un trozo de mármol o en un trozo de papel. Y no hay artistas que plasmen mejor ese sentimiento que los conocidos como Primitivos Flamencos (1), maestros a la hora de expresarnos las más desgarradoras expresiones humanas con detalles en sus obras casi imperceptibles para el ojo humano, pero consiguiendo con ello un alma sumamente especial en cada creación de estos injustamente catalogados “Primitivos”.

Este mes de marzo, el Museo del Prado, con motivo de la laboriosa y extensa restauración de la obra El Calvario (h.1457-64), ha organizado una exposición en honor al artista creador de esta magistral tabla, Rogier van der Weyden (h.1399 -1464) del que el museo posee grandes obras, como su archiconocido (El) Descendimiento (h.1436) o La virgen con el niño (h.1435-38). Aun siendo uno de los maestros de esta generación, al protagonista de la exposición también se le considera como “Primitivo”.

¿Y por qué este adjetivo?

En el siglo XII, al surgir el gótico como estilo artístico, los habitantes de ese siglo lo calificaron como un estilo para bárbaros (que en ese momento eran los godos) derivando esto en el origen del término. Pues bien, a la hora de etiquetar a la pintura flamenca pasó algo parecido; tras la aparición en Europa del sublime renacimiento italiano y tomándolo como referencia en la mayoría de los países, todos los estilos anteriores, como siempre ha sucedido, quedaron fuera de los gustos de las gentes de esa época considerando este estilo como la misma palabra indica, Primitivo, es decir, un arte torpe e ingenuo, perfectamente superado por el estilo imperante en aquella época.

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Rogier van der Weyden – El descendimiento (h.1436) (Detalle)

Y nada más lejos de la realidad, este estilo se caracteriza justamente por lo contrario, por su más que excelente técnica pictórica y la transición del arte gótico anterior, más rudimentario y simple, hacia un gótico mucho más elaborado y perfecto, creando estos “Primitivos” su propio renacimiento particular; siendo sus obras muy codiciadas por las gentes de Europa de aquel tiempo, sobre todo por mercantes y burgueses que frecuentaban urbes como Amberes (ciudad con gran auge durante la época) y demás ciudades del territorio flamígero, buscando sobretodo, dignificarse con un gran retrato como es el caso del Matrimonio Arnolfini  (h.1434) en el que Jan van Eyck dio al mundo la obra Magna del arte flamenco por excelencia; o también, algún retrato/miniatura de alguna virgen o santo para decorar y darle prestigio a sus elegantes casas burguesas, como puede ser la Santa Bárbara (2) (h. 1438) del reconocido como Maestro de Flémalle, Robert Campin.

En España, desde los últimos Trastámara hasta el malogrado y último Austria, Carlos II, los pintores flamencos fueron los favoritos de los monarcas. Los encargos a estos artistas eran muy frecuentes llegando a hacerlos pintores de corte e incluso y en el caso de Felipe II, convertido esto en obsesión por coleccionar y acumular estas obras, llegando a morir delante de uno de ellos, el mundialmente conocido (El) Jardín de las Delicias (h. 1500-05) de Hieronymus Bosh más conocido como El Bosco. De ahí que en España podamos disfrutar de tantas obras maestras de este particular estilo. Sobre todo en el Museo del Prado, heredero de las colecciones reales.

Para los interesados en saber más sobre el tema y apreciar con ojos propios estas maravillosas obras junto a muchas más realizadas por coetáneos del maestro, esta exposición estará en el Museo del Prado del 24 de marzo hasta el 28 de junio del 2015.

(1): Término con el que se conoce al grupo de obras y pintores que tuvieron sus talleres en ciudades de la región de Flandes (Actualmente perteneciente a Bélgica) principalmente durante el siglo XV. Considerados padres o pioneros de esta escuela que seguirá su auge durante los siglos posteriores.

(2): Obra expuesta actualmente en el Museo del Prado.

 

En colaboración con QAH| El Gnóstico Escéptico
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