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Lluvia de estrellas

Lluvia de estrellas

Apretaba el frío, cogimos jerseys y mantas y un termo de café caliente, y salimos hacia la playa. El faro iluminaba intermitentemente el cielo a través de los árboles. El ambiente estaba húmedo, pero no nos desanimaba. Bajamos a la playa por el caminito de tierra, tanteando el suelo con las zapatillas, con los arbustos que bordeaban el carril rozándonos las piernas. La noche estaba despejada, no había luna, pero mil estrellas punteaban la oscuridad del cielo.

Extendimos las mantas sobre la arena. De fondo, el ruido de las olas y el olor a sal y a mar. Nos quitamos las zapatillas y los calcetines, hundimos los pies en la fría arena. A lo lejos, algunos pesqueros laboraban, como pequeñas estrellas en medio del mar. Nos tumbamos sobre las mantas y nos acurrucamos para resguardarnos del fresco y la humedad. El ruido del mar acabó fundiéndose con el silencio y llegó a desaparecer.

Nos armamos de paciencia y tomamos el primer café humeante. Quedaba poco para la media noche. De pronto, cayó una estrella. Y otra, y otra más. Empezaba la lluvia de estrellas.

 

Imagen| Estrella fugaz

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