Coaching y Desarrollo Personal 


Lista de tareas pendientes

Estás por cerrar una nueva etapa en tu vida, de escribir un punto y seguido a este párrafo, de saltar de capítulo pasando de página, de abrir las pastas de un libro nuevo que estás por leer, te sientes seguro, invencible, desafiante, una de esas ocasiones en las que sientes que nadie puede hacerte frente, nadie te mira por encima del hombro, nadie te pisotea y, de pronto, en cuestión de segundos, sientes miedo.

Te encierras en tu mente y recorres cada uno de los pasos que te han llevado hasta donde te encuentras, ahondas en tu pasado, cruzando una y otra vez el camino que te viste obligado a patear, el colegio, los estudios superiores, la universidad, todos esos logros superados porque es lo “lógico”. Pero, ¿cómo podemos estar tan equivocados?

¿Qué tiene de lógico? Pasarse la vida estudiando para ser alguien cuando ni siquiera sabes realmente quién quieres ser, a qué te quieres dedicar, cómo vas a llegar hasta ese punto. Dudas, continuamente, sobre cómo evolucionar, sobre qué tienes que hacer para madurar, crecer, sobrevivir pero no terminas por decidirte. La gente de tu alrededor cree que eres una persona cobarde. No se equivoca. Lo eres, todos lo somos, incluso aquellos que tienen una vida perfecta, de ensueño, son cobardes.

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Lista de tareas pendientes

Somos cobardes porque un día nos conformamos con hacer lo que querían que hiciésemos, nos rendimos, decidimos dejar nuestros sueños a un lado, en esa esquina del cerebro en la que se forma, poco a poco, una densa capa de polvo, el lugar donde se acumulan nuestros fracasos, nuestra lista de tareas pendientes.

Somos cobardes porque creemos que actuando tal y como dictan los cánones del comportamiento social estamos siendo racionales, estamos formando parte de un “todo”. Pero seguimos equivocados, porque lo racional sería actuar haciendo caso a nuestros deseos, nuestras necesidades, para crearnos a nosotros mismos, desde cero, equivocándonos una y hasta mil veces, en un intento de descubrir por qué estamos en este mundo, cuál es el sentido de nuestra existencia. Estamos equivocados porque pensamos que ese “todo” nos libra de todos los miedos, en ocasiones, quizá, hasta del miedo a la muerte. Y no es cierto. Los miedos siguen ahí, precisamente para recordarnos que estamos malgastando decenas de oportunidades al día, centenas a la semana, miles al mes, pero no somos conscientes. Parece que necesitamos sentir el peligro, inminente, próximo, real, para empezar a replantearnos qué estamos haciendo mal y, sin embargo, esta cuestión tan sólo dura el tiempo que tardan en irse los anuncios de la televisión.

Pobre de aquel que no tenga miedos, porque no podrá vivirlos y, cuando llegue el momento, cuando se haya dado cuenta de haber malgastado su vida, cuando tiemble por no haber cumplido sus sueños, quizá sea demasiado tarde.

Imagen| El mundo de los negocios

@Jota_PrietoAbia

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