Patrimonio 


Linda Nochlin responde a la gran pregunta: ¿Por qué no ha habido grandes mujeres artistas?

En una época en la que –afortunadamente- la búsqueda de la igualdad de oportunidades se ha convertido en una prioridad social, surgen muchas preguntas cuya respuesta no es tan fácil como pueda parecer. Una de ellas está relacionada con la equidad existente en el mundo del arte, un ambiente en el que, a lo largo de la historia y como en muchos otros campos, la presencia del hombre siempre ha sido hegemónica. A pesar de que la mujer se va abriendo paso a codazos entre los grandes artistas de hoy, y de que las aulas de dibujo están llenas de féminas, hay una verdad incontestable que resulta algo incómoda: no hay mujeres artistas que estén a la altura de los principales maestros de las artes. 

Linda Nochlin

No hay equivalentes femeninos a Miguel Ángel, a Velázquez, a Picasso, a Goya. La explicación la hemos de encontrar, según la historiadora del arte Linda Nochlin, que planteó un ensayo sobre el tema en 1971, en la actitud de las instituciones y el sistema educativo hacia la mujer a lo largo de los siglos. La cuestión es incómoda porque, en muchas ocasiones, se intenta contestar reivindicando el papel de algunas artistas que en su momento pasaron desapercibidas y cuya obra no puede compararse en ningún caso al trabajo de los grandes maestros. Según Nochlin, es mucho más sencillo y efectivo para la causa feminista el aceptar que la estructura social no permitió a las mujeres desarrollar su talento que intentar equiparar las carreras de creadoras menores con Rafael o Botticelli.

A pesar de que el planteamiento de Nochlin se centra en explicar la ausencia de mujeres en el mundo del arte, la historiadora también mantiene el mismo argumento con otros colectivos que no han estado muy presentes hasta ahora en este mismo campo, como los artistas negros o los aristócratas -a pesar de que han sido siempre un estamento privilegiado, no han producido un número significativo de obras destacadas-. Nochlin apela a la transformación social de las instituciones para establecer un cambio de base que permita el acceso de cualquier persona al circuito artístico y recoge una cita de John Stuart Mill para explicar por qué estas evoluciones son tan lentas: ”Todo lo que es habitual parece natural”. 

También habla Nochlin en su ensayo de la idea del genio –a todos nos vienen a la cabeza Miguel Ángel o Leonardo-, artistas cuya aura está rodeada de un tono enigmático de leyenda y mito. Este matiz es difícilmente atribuible a la mujer a lo largo de los siglos, pues ha jugado un papel mucho más mundano en la sociedad. Así, y tomando en consideración una anécdota que dice que el niño Picasso nació muerto y fue resucitado por su tío al exhalarle el humo de un puro en los pulmones, Nochlin plantea la siguiente pregunta ”¿Qué habría ocurrido si Picasso hubiera sido niña? ¿Habría prestado el señor Ruiz tanta atención o habría estimulado la misma ambición por alcanzar el éxito en una pequeña Paulita?”. 

En definitiva, Nochlin llega a la conclusión de que ”el arte no es una actividad autónoma y libre de un individuo superdotado (…) (sino que) se encuadra en una situación social (…) y está condicionada y determinada por instituciones sociales concretas y definibles”. A pesar de que el planteamiento de la historiadora es muy acertado, tampoco hay que olvidar la importancia del talento natural del individuo: el poder acceder a una educación artística plena no convierte automáticamente a nadie en un nuevo Picasso. Aun así, es indudable que, gracias a la apertura social de las instituciones, la presencia de la mujer en el mundo del arte es creciente e imparable.

Vía|NOCHLIN, Lina. ¿Por qué no ha habido grandes mujeres artistas?. Artnews, 1971
Imagen| La Creación de Adán , Linda Nochlin

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