Política 


Líderes y partidos políticos

En el anterior artículo “Líderes políticos y medios de comunicación” me centré en los cambios que los avances tecnológicos en la comunicación habían causado en las estructuras de los partidos y en la agudización de la personalización política.

Siguiendo esta línea, la pregunta a plantear en este nuevo artículo es ¿cuánto valor tiene la marca de partido frente a la del líder?

Las nuevas estructuras sociales y el impacto de los mass media debilitan la base en la que sustentaban los antiguos partidos de masas hasta mediados del siglo XX. El partido de masa se adentra dentro de la burocracia del Estado, se hace partido de Estado y, lo más importante, se profesionaliza.

El partido profesional-electoral o partido-escoba (PANEBIANCO, 1989:492; KIRCHHEIMER, 1980) es el resultado de la transformación sufrida. El partido se aleja de las bases, se oligarquiza y su dirección se personaliza.

En el nuevo paradigma político, el partido pierde fortaleza frente a una élite profesionalizada y con presencia de liderazgo más o menos fuertes. Transformación que han sufrido en su mayor o menor medida los partidos tradicionales; sin embargo, en el siglo XXI somos observadores de la aparición de partidos – que si bien reúnen en gran parte las características de los partidos-escoba- su nacimiento está dotado de nuevos rasgos y una implantación que dista mucho de la institucionalización de los partidos tradicionales.

Las nuevas formaciones políticas nacen en un contexto mediático revolucionario. Las estrategias de comunicación y marketing están en auge y los nuevos partidos nacen con el “manual de comunicación” bien aprendido. No han sufrido una adaptación como los partidos tradicionales, sino que se originan ya adaptados al contexto.

La revolución de los mass media y, como ya se ha explicado, el fenómeno de la personalización forma parte de estas formaciones desde su fundación.

El liderazgo es un elemento clave que explica el éxito – o el fracaso- de estas organizaciones, su institucionalización – la emancipación del líder- o su desaparición.

Hablar de líderes es hablar de Panebianco y su partido carismático o personalista.  Según Panebianco, los partidos carismáticos son producto de un carisma que plantea cambios en la forma de hacer y entender la política, el partido se centraliza en su imagen y las decisiones claves se concentran en la cúpula de la organización.

La gran desventaja del exceso de personalismo en un partido es el riesgo de que el carisma no se supere y la formación vaya ligada siempre a su fundador/líder dependiendo absolutamente de su éxito o fracaso y de su capacidad de mantener el control sobre los recursos y pactos que amparan su liderazgo. Por ejemplo, en el caso de España, Adolfo Suárez es un factor decisivo de la no institucionalización de la UCD y el CDS, al igual que Rosa Díez lo ha sido para UPyD.

Desktop4

Rosa Díez (UPyD), Albert Rivera (C’s), Adolfo Suárez (CDS) y Felipe González (PSOE)

MÁS INFORMACIÓN| 

PANEBIANCO, Angelo (1990) Modelos de partido, Alianza, Madrid.

IMAGEN| creación propia

EN QAH| Líderes políticos y medios de comunicación

RELACIONADOS