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Libertad de Excreción

Si hay algo de lo que podamos sentirnos orgullosos de la democracia y de esta nueva y querida Constitución nuestra, es precisamente de este derecho, sí claro, del derecho a la libertad de excreción. Muchos estaréis pensando que de qué estoy hablando, que ese derecho no existe, que en todo caso será libertad de expresión, ¿no? Pues bien, tranquilos, no os equivocáis, o sí, porque en realidad es lo mismo, o no. Me explico.

Es cierto que la Constitución lo dice, que tenemos derecho a la libertad de expresión, pero ciertamente no sabemos en qué consiste y lo que es peor, no parece que queramos salir de esa ignorancia consciente, aprovechada y traidora.

Lo único que queremos saber de este derecho es que nos da derecho a decir todo lo que se nos ocurra, lo que sea, da lo mismo. Digo tantas veces derecho porque a la gente se le llena la boca cuando habla de sus derechos y de que está actuando en ejercicio de sus derechos. Eso sí, se atraganta cuando otro le habla de los suyos.

Me parece lamentable como desvirtuamos las cosas que tenemos y que valen tanto, como son nuestros derechos más fundamentales. Pero somos así, se nos da la mano y no es que cojamos el brazo, es que nos lo llevamos a cuestas. Lo mismo pasa con la libertad de expresión. Se nos da la oportunidad de ser realmente libres y lo agradecemos así, usando esa libertad para destruir al otro, eso sí, insisto, amparados por supuesto en la libertad de expresión, ¿o libertad de excreción? no está tan claro ¿verdad?

Esto es una crítica sobre todo a esos periodistas, escritores, opinadores de profesión, que hablan y hablan, mejor dicho, suenan y suenan, diciendo las mayores barbaridades que se les ocurren con un temerario desprecio por la verdad y que se sienten tremendamente ofendidos luego, cuando alguien trata de pararles los pies sugiriéndoles la idea de que sería bueno que se retractaran de lo que han escupido. Exactamente suelen contestar con frases como “¡no pienso!, ¡estaría bueno que no pudiese decir lo que me da la gana!, ¡esto es un país libre y, gracias a Dios hoy se puede decir lo que se quiera!” personalmente esta última es la que más me gusta.

En mi opinión, un derecho es sólo la cara de una moneda, y como tal, tiene una cruz, un reverso, que son las obligaciones que llevan implícitas. La obligación fundamental es la de permitir que los demás puedan disfrutar de ellos, así los disfrutaremos todos. Porque lo que no se puede consentir es que a algunos jueguen con monedas que tienen cara por los dos lados, aunque, por otro lado es normal, esta gente suele tener “mucha cara”.

Para terminar y un poco resumir, podríamos decir que hay gente a la que sólo le gusta que le den, pero a la hora de dar ellos miran para otro lado, pues eso digo yo; “¡que les den!”

En QAH| El derecho a la libertad de expresión

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