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“Lex Artis” del Abogado: cuidado con los plazos

Cuidado con los plazos.

Cuidado con los plazos.

Por todos es sabido que los contratos son fuentes de obligaciones para las partes contratantes pero, ¿qué tipo de contrato es el que vincula al abogado con su cliente? En la inmensa mayoría de los casos nos encontramos ante un contrato de prestación de servicios del artículo 1.544 del Código Civil:

En el arrendamiento de obras o servicios, una de las partes se obliga a ejecutar una obra o a prestar a la otra un servicio por precio cierto”.

La prestación de servicios conlleva un deber de cumplirlos pero también un deber de fidelidad que deriva de la norma del art. 1.258 CC, que impone un deber de ejecución óptima del servicio contratado, para lo cual se presupone una adecuada preparación profesional y el cumplimiento correcto, de acuerdo a su lex artis (STS de 28 de enero de 1998, 357/1998).

La lex artis, o reglas del oficio, se refiere a la diligencia que se le requiere al profesional como tal, diligencia superior a la de un buen padre de familia. En concreto, el deber de defensa judicial debe ceñirse a las reglas técnicas de la Abogacía comúnmente admitidas y adaptadas a las particulares circunstancias del caso. Dichos cánones profesionales se encuentran recogidos en el Estatuto General de la Abogacía, que en su artículo 42 expresa como obligación del abogado “…el cumplimiento de la misión de defensa que le sea encomendada con el máximo celo y diligencia y guardando el secreto profesional”.

Sin perjuicio de la independencia y libertad de los letrados en labores de asesoramiento y para diseñar estrategias de defensa, hay supuestos en los que la lex artis exige una determinada actuación, que de no llevarse a cabo, son objetivamente negligentes. Nos referimos, sobre todo, a actuaciones procesales no ejercitadas o ejercitadas fuera de plazo, lo que le hace perder procedimientos u oportunidades de defensa al cliente. Por ello, incluimos como competencia que debe tener el abogado, el conocimiento de la legislación y jurisprudencia aplicable al caso, así como su aplicación razonable.

A consecuencia de esa mala praxis (que se pase un plazo, por ejemplo), el abogado deberá indemnizar por los daños y perjuicios causados a su cliente, aunque los respectivos Colegios de Abogados tienen suscritos contratos de seguro de responsabilidad civil derivados de errores o faltas profesionales cometidos por los letrados colegiados. Ello legitima al cliente afectado a ejercitar acción directa contra la entidad aseguradora como responsable solidaria al pago de las cantidades reclamadas (Artículos 73 y 76 de la Ley 50/1980, de Contrato de Seguro).

Como conclusión, no olvidemos la importantísima función social que desempeña el abogado pues asesora en Derecho y defiende los derechos e intereses de todos los ciudadanos, haciendo real y efectivo el Derecho Fundamental a la defensa y tutela judicial efectiva del artículo 24 de la Constitución Española.

Así que cuidado con los plazos, que está en juego un Derecho Fundamental.

 

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