Cultura y Sociedad, Historia 


Lewis Carroll, “maravillado” por Alicia

En la literatura son numerosísimas las apariciones de animales en cuentos para niños.

Sin embargo, si menciono un conejo ataviado con un chaleco y un reloj de bolsillo, un gato Chesire que aparece y desaparece a su antojo dejando visible únicamente su sonrisa o un flamenco que hace las veces de palo de críquet, seguro que todos tenemos en la cabeza el increíble cuento del que hablo.

Alicia en el país de las maravillas es una obra conocida por todos, o al menos la versión cinematográfica adaptada a la gran pantalla por Walt Disney.

La pequeña Alicia, en una aventura onírica y persiguiendo a los mas extravagantes animales que nos podamos imaginar, se ve metida en un sinfín de problemas cuyas soluciones son de lo mas disparatadas.

Desde un conejo esclavo del tiempo marcado por su dorado reloj de bolsillo, pasando por un magnifico gato Chesire que nos envuelve con sus absurdas preguntas y su exultante sonrisa, hasta una lagartija que hace las veces de deshollinador.

Innumerables son los personajes fantásticos de esta creación literaria: un pájaro Dodo, una duquesa loca que mece bruscamente a su bebe (que después resulta ser un cerdo) en lo que su cocinera abusa de la pimienta sin ton ni son en todas sus comidas y lanza cacerolas y ollas por toda la cocina, un sombrerero loco que comparte tardes de te con una liebre de marzo mientras piden canciones a un lirón, una oruga azul que fuma de una pipa…etc.

 Todos seriamos capaces de describir una escena de Alicia en el país de las Maravillas, pero ¿que pasaría si nos preguntaran por su autor?

Las aventuras de Alicia en el país de las Maravillas (Alice’s Adventures in Wonderland), fue creada por el escritor británico Charles Lutwidge Dodgson, (más conocido por su pseudonimo Lewis Carrol) en 1865, que en esta obra satiriza situaciones de la Inglaterra de la época, así como incluye problemas que han de ser solventados mediante la lógica, una de sus obsesiones.

La idea surgió de la manera más espontánea: el 4 de julio de 1862, Dogson fue a dar un paseo en barca por el Támesis junto con el reverendo Robinson Duckworth y las hermanas Lidell (Lorina, Charlotte, Alice y Edith). El calor era tan insoportable, que tuvieron que refugiarse en la sombra de la orilla del río. Para pasar el tiempo, Dogson contó a las niñas las historias más disparatadas que se le ocurrieron dejándolas maravilladas, sobre todo a Alice.

Esta pidió que redactara sus cuentos por escritos, y según cuenta él mismo mediante una carta enviada a Duckworth, pasó la noche en vela concentrado en esta labor.

Finalmente fue publicado en 1865, con ilustraciones de John Tenniel, (que también ilustraría sus futuras publicaciones), aunque el manuscrito original contenía ilustraciones realizadas por el propio Dogson con pluma.

Sin embargo, detrás de esta inocente historia se esconde algo mas, algo oculto, que ha sido documentado por los diarios del propio Dogson (aunque no todos ellos se conocen íntegramente), pero otras teorías son meras hipótesis.

Sí es cierto que la fama como escritor y matemático había mantenido ocultas las tendencias pedófilas de Carroll, algo de lo que no escapó Alice Liddell, que contaba con cuatro años cuando la conoció.

Era sabido por todos el gusto de Dogson por las niñas hasta los diez o doce años, a partir de esta edad dejaban de interesarles y en ningún caso mostró debilidad alguna por ningún niño.

Otra de las pasiones de Carroll era la fotografía, algo que practicó en la madurez, eligiendo como modelos a niñas que posaban para él disfrazadas, en ropa de baño o en actitudes lánguidas interpretadas por algunos como sensuales.

Una muestra de esto es la foto que se conserva de la propia Alicia Liddell vestida con andrajos encarnando a la Alicia de su cuento.

Más adelante, según se ha sabido por páginas de los diarios no extrav iados, la señora Liddell prohíble taxativamente los encuentros de sus hijas con Carroll y destruye todas las cartas recibidas por Alicia.

Hay hipótesis sobre si Carroll pidió incluso la mano de Alicia en matrimonio a los Liddell, aunque es una visión del romanticismo que se nos escapa: la intención de Carroll no era decirles a los padres de Alicia que quería contraer matrimonio con su hija de once años, sino que si en un futuro el siguiera sintiendo lo mismo hacia la niña le gustaría que fuera posible la alianza.

Lo que sí es cierto es que las relaciones entre ambos se fueron diseminando, hasta llegar a tener un contacto casi nulo. Carroll recoge en uno de sus diarios:

“Alicia parece notablemente cambiada, aunque es harto dudoso que sea para mejor. Probablemente, está entrando en la fase de pubertad.”

Dos melancólicos encuentros más tuvieron lugar para la torturada mente de Carroll:

Uno de ellos fue en 1888 con Mr. Hargreaves, el ya marido de Alicia Liddell, que además había resultado ser alumno suyo: “no fue fácil conjugar en la mente el nuevo rostro con el viejo recuerdo: la faz de aquel extraño con la una vez tan íntimamente conocida y amada «Alicia» “.

El segundo tuvo lugar siendo Carroll ya un anciano sexagenario, cuando invito a Alicia a visitarlo después de haber sufrido un derrame sinovial. La invitación dice así:

“Probablemente preferirá traer un acompañante; pero dejo en sus manos la decisión, observando únicamente que si su marido ha venido con usted, con el mayor mucho gusto le recibiré (he tachado el mayor porque es ambiguo; la mayoría de las palabras lo son, me temo). Lo conocí en nuestro salón de recreo no hace mucho. Me resultó difícil admitir que fuese el marido de alguien que, aún hoy, me represento como una niña de apenas siete años”.

Dogsonl murió el 14 de enero de 1898 en Guildford, Surrey unos días antes de cumplir los 66 años a causa de una bronquitis.

Sin embargo, el espíritu espontáneo de Carroll sigue presente en todas las sociedades del mundo, en todos los cuentos infantiles que pretenden emular la fantasía y el grado de frescura absoluto que el le otorgo a su Alicia, pero sobre todo, en todos los niños que alguna vez han deseado que cobraran vida sus naipes y que se han preguntado: “¿Qué aventuras me aguardarán en esa madriguera de conejo?”.

Vía| Alicia, Carroll

En QAH| Cuentos de…¿Hadas?

Imagen| Alicia, pubertad, Carroll

RELACIONADOS