Uncategorized 


Leviatán en Internet y la necesidad de un pacto social global II

espionaje_internet

Se ha levantado el velo de benevolencia que teníamos sobre Internet. Podemos recordar el camino desde que nació la Red de redes (allá por los años noventa), cuando teníamos que ser ingenieros informáticos para aclararnos con esos modems que «chillaban», hasta hoy, que Internet forma parte ineludible de nuestra vida y por lo que parece lo vamos a terminar llevando incorporado hasta en las gafas. En aquellos «remotos» orígenes se nos decía: Internet va a ser un espacio construido por todos, abierto y libre; incluso algunos se atrevían a afirmar que sería la panacea de la sociedad anárquica, un mundo sin reglas ni gobiernos. Al final, «ubi societas, ibi ius» (allí donde está la sociedad, debe estar el Derecho).

Por un lado nos hemos dado cuenta que las actividades que se desarrollan en Internet deben estar sujetas a unas normas. Si vendo online, lógicamente, eso tiene una regulación. No creo que aquí el Derecho deba cambiar mucho más allá de adaptarse a las especialidades que por razón del medio sea necesario establecer. Por ejemplo, igual que en su día se fijaron normas especiales para la venta por catálogo, hoy día se han establecido para las compras por Internet; pero sin que ello afecte ni a la esencia de la figura (compraventa) ni reclame principios autónomos para disciplinarla, salvo alguna regla específica. O la figura de la «firma», que, aunque ahora sea «digital», sigue manteniendo su esencia y finalidad. Un sector en el que sí que serán necesarias importantes actuaciones es el Derecho internacional privado, ya que ante una actividad de carácter global tendrá que armonizar criterios para determinar la ley aplicable y las jurisdicciones competentes en los muchos conflictos que se pueden presentar. En cualquier caso opino que no hay que apostar por la creación de una «rama nueva» del Ordenamiento, un «Derecho de Internet».

Ahora bien, el mayor retro se suscita porque Internet hoy día es un espacio ineludible de libertad y de desarrollo de las personas, pero también puede serlo para el control y para la injerencia en nuestras vidas. Y aquí entra entonces en juego la necesidad de traducir los derechos fundamentales para proyectarlos sobre este espacio y hacerlos valer en el mismo. Porque también en Internet deben regir plenamente nuestros derechos y libertades fundamentales. En particular son dos quienes serán rey y reina de la Red: la liberta de expresión como libertad individual pero también como garantía del pluralismo, de una parte; y el derecho a la intimidad, con sus hijos (protección de datos o incluso el más reciente derecho al olvido), de la otra.

Vía| Artículo originariamente publicado en Ateneo Saavedra Fajardo.

Imagen| Elotrolado

RELACIONADOS