Historia 


Leer en el siglo XVI: Los Libros de Caballerías

Solo 97 años separan  dos obras cumbres de la Literatura española con características, formas y estilos diversos y sin embargo, no puede comprenderse la segunda sin los efectos causados por la primera. En orden cronológico me refiero en primer lugar al Amadís de Gaula, un libro de caballerías con amplia tradición medieval, enmendado por Garci Rodríguez de Montalvo y cuya edición impresa más antigua conservada hoy es la hecha en Zaragoza en 1508. En segundo lugar encontramos El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha. Escrita por Miguel de Cervantes y publicada en el Madrid de 1605, constituye la obra máxime e insigne de la Literatura española y por influencia, una de las obras más importantes de la Literatura universal, pues sus páginas se hacen sentir en el desarrollo de la Literatura de los siglos posteriores no sólo en España, sino en otros puntos de la geografía mundial como Inglaterra, Francia o Rusia. Sin embargo, la escritura y publicación del Quijote no hubiese sido posible si el Amadís no hubiese hecho también lo propio, ayudando a consolidar la ficción caballeresca española en el siglo XVI. Dado lo anterior y para comprender cómo se gestó el Quijote, me referiré a continuación al desarrollo de los Libros de Caballerías españoles del siglo XVI y su importancia dentro del Siglo de Oro.

Fragmento del Amadís de Gaula.

Fragmento del Amadís de Gaula.

No cabe duda que uno de los mayores éxitos literarios y editoriales del siglo XVI español lo constituyen los Libros de Caballerías. Así en la época de la España Imperial, la de Carlos I y Felipe II, la de las pinturas de Luis de Morales y la construcción del Monasterio de San Lorenzo de El Escorial,  la de la defensa de la Europa cristiana contra los turcos y también, la de la exploración del mundo americano; los Libros de Caballerías ofrecen a los lectores hazañas iguales de grandiosas, sobre caballeros esforzados que en lejanos y extraños lugares vencen animales fantásticos y se casan con hermosas doncellas o princesas.

Pero ¿cómo surgió el género caballeresco? Pues bien, la Literatura caballeresca es la expresión consciente de estar dejando atrás los ideales sociales de la Edad Media. La esencia del género tiene su origen en la descomposición de múltiples manifestaciones literarias medievales que construían en torno a la imagen del caballero andante, un mundo muchas veces poco creíble pero que ilustraba los rasgos propios de la sociedad del momento. Así, resulta que uno de los libros de caballerías más famosos y uno de los primeros, el Amadís de Gaula, es una recomposición de un relato medieval preexistente hecha por Garci Rodríguez de Montalvo. Pero la inspiración para los autores de estas obras no sólo llegaba a través de relatos medievales, sino también de Libros de Caballerías preexistentes, por lo que muchas veces los autores escribían continuaciones de historias contenidas en obras caballerescas anteriores, dando así origen a los denominados Ciclos caballerescos. Un ejemplo de lo anterior es el Primaleón, probablemente de Francisco Vázquez, libro que pese a constituir una historia única en sí, puede entenderse también como una continuación del Palmerín de Oliva, pues Primaleón es presentado como descendiente de Palmerín. De esta forma los personajes de las obras se entrecruzan en algunas ocasiones, creando para los caballeros protagonistas escarbadas y lejanas genealogías fantásticas.

Grabado que muestra una imprenta del Renacimiento.

Grabado que muestra una imprenta del Renacimiento.

Sin embargo, no todos los Libros de Caballerías conforman una unidad en cuanto a estilo y forma se refiere. Existen dos ámbitos en los que podemos clasificarlos. El primero de ellos concierne a la materialidad de las obras y es que, a pesar de la difusión de la imprenta, hoy se sabe que muchos de los Libros de Caballerías no pasaron por allí sino que simplemente se conservaron y se difundieron como manuscritos. Teniendo en cuenta lo anterior, es importante resaltar que no todas las obras de este género se difundieron de la misma manera y tampoco tuvieron el mismo éxito: Los libro manuscritos se difundieron poco pero no significaban una gran pérdida económica para el autor, mientras que por otro lado, los libros que fueron impresos estaban sujetos a las vicisitudes del éxito editorial que podía tener o no la obra, lo que indica que las dificultades para imprimir un texto en el Siglo de Oro eran muchas más que simplemente conseguir la licencia real o no ser censurado por la Inquisición.

En segundo lugar, los Libros de Caballerías pueden clasificarse acorde con la estructura de su contenido. Investigadores como José Manuel Lucía proponen tres modelos: Idealista, realista y de entretenimiento. Libros como el Amadís de Gaula, el Palmerín o el Primaleón hacen parte del primer tipo. Son obras que se articulan en torno a dos problemáticas: la identidad caballeresca y la búsqueda amorosa. Dichos ejes articulan la narración que es acompañada de elementos fantásticos y folclóricos. En segundo lugar, la tendencia o modelo realista surge como una reacción o respuesta a los motivos maravillosos de otros Libros de Caballerías, e intentan dar una visión más acorde con la ortodoxia cristiana de las hazañas de los caballeros. En este segundo grupo pueden incluirse obras como el Florisando, el Floriseo y el libro de caballerías de origen valenciano, Tirant lo Blanc. Por último, hacen parte del modelo de entretenimiento aquellas obras cuyos recursos estilísticos y narrativos son principalmente lo maravilloso y la exageración; la finalidad de éstos es el entretenimiento más que la verosimilitud. No obstante, no olvidan también una finalidad moralizante, como lo demuestra el principal representante de este tipo, el Espejo de Príncipes y Caballeros.

Don Quijote por Picasso (1955).

“Don Quijote” por Picasso (1955).

La decadencia del género caballeresco comenzó a finales del siglo XVI. Muchas de estas obras habían sido constantemente censuradas por algunos humanistas, quienes las consideraban inmorales y poco provechosas para la educación de sus lectores. Sin embargo, el tiro de gracia no vendría de la mano de los humanistas o algunos sectores intelectuales, sino de lo que muchos lectores contemporáneos consideraron como el último libro de caballerías, El Ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha. Cervantes realizó a través de su obra una dura crítica contra algunos elementos de los Libros de Caballerías presentándonos a un hombre que, aficionado a éstos: “se enfrascó tanto en su letura, que se le pasaban las noches leyendo de claro en claro, y los días de turbio en turbio; y así, del poco dormir y del mucho leer se le secó el cerebro de manera que vino a perder el juicio.” (El Quijote I, I). Tanto así, que don Quijote también olvidó el ejercicio de la caza y la administración de sus tierras por atender los Libros de Caballerías. Así, sin imaginarse, Cervantes no sólo dio origen a un nuevo género literario a partir de los rescoldos de otro, sino que a través de una mágica pluma y una tinta indeleble, dio a España y al castellano su más grande gloria.

Vía |Gómez Redondo, Fernando. La literatura caballeresca castellana medieval. Alicante: Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, 2010. Lucía Megías, José Manuel. Libros de caballerías castellanos: Textos y contextos. Alicante: Biblioteca virtual Miguel de Cervantes, 2010.

Imagen | AmadísImprentaQuijote 

En QAH | Cervantes, más allá del quijote

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