Patrimonio 


Los cinco de Le Corbusier: Doshi, Woods, Perriand, Utzon y Zumthor

Pocos son los arquitectos que no se han dejado influir por la práctica y el pensamiento de Le Corbusier. Desde que en 1908 entró en el estudio de los hermanos Perret, hasta 1965, cuando muere nadando hacia el sol en el mar de Cap-Martin como era su deseo, el arquitecto no dejó ni un sólo día de crear e imaginar el futuro de su oficio. En total, nos legó cerca de 200 obras arquitectónicas –entre proyectos y obras terminadas–, cientos de dibujos, pinturas, tapices, grabados, mobiliario y escritos, que le convierten, sin lugar a dudas, en una de las mentes creativas más significativas del siglo XX. Dicho esto, todo intento por realizar una selección de la joven generación que se dejó guiar, directa o de forma contraria a sus ideas, resulta difícil y al mismo tiempo necesaria. Los síntomas de la modernidad continúan latiendo a través de la obra de aquel demiurgo de su época, tocado a su vez, por el pensamiento de Saint-Simon, Ritter y Nietzsche, y en la teoría arquitectónica, por Choisy, Behrens, Loos y Garnier.

Le Corbusier contribuyó a elaborar una síntesis crítica de las necesidades de una nueva arquitectura y abrió el debate en torno a los parámetros sociales, un concepto muy vigente en la actualidad. Quizá una de las claves de su larga continuidad sea precisamente esa capacidad atemporal de su pensamiento para adaptarse a los cambios históricos. Desde el principio, aceptó la ruptura con la ciudad tradicional que daría como resultado la dispersión urbana, de la que surgiría, un modelo más funcional tras su etapa purista. Siguiendo su estela, varios arquitectos a lo largo del mundo han enriquecido el debate con el pasar de los años. Veamos a algunos de ellos.

Balkhrisna Doshi (Pune, India, 1927)

El estudio del arquitecto Balkrishna Doshi, Sangath, en Ahmedabad (India)

Cuando Balkhrisna Doshi supo que había sido galardonado con el último Priztker (2018) -el premio más importante al que puede aspirar un arquitecto-, no tardó en dedicárselo a su gurú, Le Corbusier. “Sus enseñanzas me llevaron a cuestionar la identidad y me obligaron a descubrir una nueva expresión contemporánea, adaptada regionalmente, para un hábitat holístico sostenible”, reconocía recientemente el arquitecto, urbanista y maestro indio.

Sin saber hablar en francés, Doshi se trasladó a París en 1951 y entró en el taller del arquitecto como aprendiz hasta 1955. Durante aquel periodo, estudió y trabajó junto a Le Corbusier motivado por la responsabilidad de reconstruir su país natal que había obtenido la independencia en 1947, año en el que inicia sus estudios en la Sir J.J. Escuela de Arquitectura de Bombay (oeste). En París, investigó sobre los principios lecorbusianos de arquitectura social, basados en la reconciliación entre vida y obra, la búsqueda de una nueva poética constructiva, y por supuesto, las nuevas tipologías en arquitectura y urbanismo. Unos conceptos ligados a la tradición india y oriental, pero también a las nuevas necesidades de su país, y al uso de la tecnología destinada a mejorar la calidad de vida de sus habitantes.

En 1954 regresa a la India para supervisar los proyectos de Le Corbusier en Chandigarth y Ahmedabad, donde trabajó con Louis Kahn para la construcción del Indian Institute of Management (Bangalore, 1977-1992). A la vez poético y funcional, este edificio se encuentra inspirado en las tradicionales ciudades y templos indios, organizado como edificios entrelazados con patios y galerías. La escala de la mampostería y los vastos corredores unidos a un espacio de vegetación permiten a los visitantes estar simultáneamente en el interior y al aire libre. A medida que las personas pasan a través de los edificios y espacios, el arquitecto los invita a experimentar su entorno y sugiere la posibilidad de transformarlo.

A partir de las lecciones aprendidas de estos grandes arquitectos occidentales, Doshi desarrolló una obra personal, marcada por los santuarios, templos y calles de la India. Así, en 1959 funda su propio estudio, Vastushilpa Consultants, junto a cinco socios y cerca de sesenta empleados, con el objetivo de realizar proyectos como edificios para instituciones, complejos de uso mixto, viviendas, espacios públicos y residencias privadas. En total, más de cien proyectos construidos, o proyectados, durante cerca de setenta años, entre los que el arquitecto destaca Sangath (Ahmedabad, 1980), su estudio de arquitectura, traducido al español como “moverse juntos”. En palabras del arquitecto: “Sangath fusiona imágenes de diferentes estilos de vida indios. Es una escuela continua donde uno aprende, desaprende y vuelve a aprender. Se ha convertido en un santuario de cultura, arte y sostenibilidad“. En su construcción, practicó el uso de los muros de carga como masas térmicas perfectas para atenuar el cálido clima de la India, preocupado siempre por el diseño ambiental, desde que en 1978, planteara una serie de normas de diseño y planificación indígenas para entornos construidos.

A través de un sistema de casas, patios y caminos internos, diseñó Aranya Low Cost Housing (Indore, 1989), que actualmente alberga a más de 80.000 personas. Desde modestas unidades de habitación a espaciosas casas, su proyecto acomoda a residentes de bajos y medianos ingresos en capas superpuestas y áreas de transición que fomentan condiciones de vida adaptadas a las necesidades de la sociedad india.

Doshi fue fundador, director y presidente de la Escuela de Arquitectura y Planificación (Ahmedabad, 1966-2012), que pasó a llamarse Universidad CEPT, en 2002. Actualmente es Decano Emérito y continúa residiendo en Ahmedabad. Colaboró con Moshe Safdie, el arquitecto iraní Nader Ardalan y el profesor de Harvard Josep Lluis Sert en la Declaración de Derechos Sobre el Hábitat, presentada por el Gobierno de Irán en la conferencia de la ONU: Hábitat sobre Asentamientos Humanos en Vancouver (1976). Es miembro del Royal Institute of British Architects y del Indian Institute of Architects, y miembro honorario del American Institute of Architects, siendo miembro del jurado del Premio Pritzker de 2005 a 2007, y de los comités de selección del Centro Nacional de Artes Indira Gandhi y del Premio Aga Khan de Arquitectura.

 


 

Shadrach Woods (1923, Yonkers – 1973, Nueva York)

Housing Units Nid d’Abeille, Carrière centrale, 1953. Casablanca (Marruecos)

Con estudios de ingeniería, literatura y filosofía, Shadrach Woods se unió al estudio parisino de Le Corbusier en 1948. Fue asignado al proyecto de la Unidad de Habitación en Marsella, donde colaboró con su futuro socio, el arquitecto griego George Candilis. Aquella experiencia marcaría un rumbo social en su trabajo ligado a barrios desfavorecidos de grandes ciudades y antiguas colonias francesas del norte de África. En su arquitectura criticó el carácter antiurbano de barrios periféricos, incluso antes de que se construyeran, ya que la alta densidad de población que se hacinaba en construcciones de gran altura no ofrecía ninguna garantía. Para Woods y Candilis, la arquitectura debía basarse en la racionalidad subyacente de la cultura de masas.

Junto al ingeniero Vladimir Bodiansky y Candilis, Woods construyó viviendas como jefe de la oficina de Casablanca de ATBAT-Afrique en el distrito de Carrières Centrales (1951-1953). Su investigación sobre el uso cotidiano del entorno fue el núcleo de su obra, y las soluciones arquitectónicas desarrolladas durante el curso de este trabajo, le llevaron a ganar la Operation Million Housing Competition, una propuesta de viviendas de bajo coste en Francia (1954). En el planteamiento de estas construcciones estuvo influido por la investigación antropológica llevada a cabo por el Servicio de la Urbanización sobre los hábitos de vida cotidianos y el entorno de la población rural. Los arquitectos tomaron esta investigación como punto de partida para esquemas de vivienda como la Cité Verticale, que presentaron en el noveno congreso del CIAM en Aix-en-Provence (1953), destacando las condiciones de vida y los hábitos de los residentes, y cómo influyen éstos en el diseño.

En su uso cotidiano, afirman los arquitectos, se expresa la complejidad de la vida urbana. El hogar es el lugar donde la tradición y la modernidad se unen. El diseño de Cité Verticale se basó en la vivienda tradicional con un patio como punto de partida que marca la transición del dominio privado al dominio público en la tradición islámica. Al mismo tiempo, el diseño une elementos tradicionales con modernidad, como edificios de varios niveles, tecnología y el resto de comodidades derivadas de ella.

En 1958, Woods y Candilis se unieron al arquitecto yugoslavo Alexis Josic para crear la firma Candilis-Josic-Woods, cuyos principales proyectos construidos fueron el diseño fractal del barrio de Le Mirail en Toulouse en Francia (1960-1964) y el edificio para la Universidad Libre de Berlín (1963-1973), junto con un bloque de apartamentos en el distrito Markisches Viertel de Berlín (1967-1972). Muchos de estos proyectos utilizaron el concepto de “web”, un sistema de organización desarrollado por Woods en varios de sus escritos.

Otros aspectos destacados durante este período en Francia, incluyen una propuesta para una estación de esquí en los Valles de Belleville (1962), una colaboración con Charlotte Perriand y Jean Prouvé; un convento benedictino construido en St. Julien L’Ars, cerca de Poitiers (1964-1965); un plan esquemático para el desarrollo de los suburbios parisinos, conocido como Paris Nord (1965) y una renovación para el barrio de Bonne Nouvelle de París (1967).

Los arquitectos reconocieron que la vida se había retirado del dominio público hacia la vivienda, cada vez más cómoda. Es lo que el sociólogo Henri Lefebvre llamó la “privatización de la vida”. Según ellos, la vivienda podría mediar entre la modernidad y la tradición, el futuro y la pérdida, la identidad y el anonimato. El paisaje existente y los antiguos centros de pueblos y ciudades también podrían fortalecer la identidad de los nuevos planes. Ambas visiones se unen en dos conceptos: humanismo y regionalismo. Por un lado, el humanismo representa el enfoque en el hombre y sus hábitos de vida, y por otro, el regionalismo se manifiesta en su expresión geográfica.

Dentro de este marco, Candilis-Josic-Woods reivindicaron la calle como el espacio urbano definitivo, como una red de relaciones entre las diversas funciones colectivas del barrio y el dominio privado de los residentes. Esta idea dio lugar a los conceptos ahora familiares de ‘raíz’, base del plan urbano y la ‘web’.

Al mismo tiempo, Woods participó en los procedimientos del Equipo X, un grupo de arquitectos que surgieron de las reuniones del CIAM en los años de la posguerra. Publicó numerosos ensayos sobre temas urbanos, y participó en la Trienal de Milán por invitación del arquitecto italiano y miembro del equipo Giancarlo de Carlo. Después de la ruptura de su sociedad en 1969, Woods se estableció en Nueva York donde dio clases y conferencias en escuelas de arquitectura. Continuó trabajando como arquitecto y planificador hasta su prematura muerte en 1973.

 


 

Charlotte Perriand (París, 1903-1999)

Fotografía de Charlotte Perriand en la Chaise Longue Basculante.

Recién licenciada en la École de l’Union Centrale des Arts Décoratifs, Charlotte Perriand decidió llamar al estudio de Le Corbusier para ofrecerle su colaboración como arquitecta y diseñadora. “Desgraciadamente, en este taller no bordamos cojines”, fue la respuesta del conocido arquitecto. Acto seguido, le cerró la puerta. Tras aquel desencuentro, Le Corbusier visitó Bar sous le Toit en el Salón de Otoño, un proyecto de Perriand que materializaba algunas de sus ideas. Fue entonces cuando cambiaron las tornas, y esta vez, fue el maestro quien tuvo que rectificar y convencerla para que se sumara al equipo que formaba con Pierre Jeanneret como responsable de mobiliario e interiores. Con Perriand en el estudio, los muebles realzaron sus espacios, abriendo una alternativa alejada del kitsch y déco francés de los años 20 y 30, y apostando por un diseño de interiores y muebles que tenían en cuenta cuestiones ergonómicas, funcionales y formales.

En 1928 diseñó tres de sus sillones más conocidos, cada uno de ellos tenía una base de acero tubular cromado: un sillón para conversación, el B301; un sillón para la relajación, LC2 Gran Confort y un tercer sillón para dormir, la Chaise Longue B306. Entre estos asientos, destacó la silla giratoria (1927), de gran actualidad a pesar de rondar ya los cien años.

Unos años más tarde, junto a René Herbst y Pierre Chareau, se convirtió en uno de los miembros fundadores de la UAM (Unión de Artistas Modernos), presidida por Robert Mallet-Stevens. En 1935, fueron solicitados para reflexionar sobre “una casa de fin de semana” que debería poder acoger a unos padres con tres hijos y a dos invitados, todo ello con una estructura ligera y desmontable. Los proyectos más valorados serían expuestos en la 2ª Exposición sobre la habitación de ese mismo año. Perriand propuso una casa modulada, tanto interior como exteriormente. Recurrió para ello al concepto de zonificación que había desarrollado junto con Le Corbusier para el CIAM de Bruselas, y que consistía en la utilización de tabiques correderos para modelar la vivienda según las necesidades de sus ocupantes. La casa de fin de semana de Perriand, recibió la segunda mención del concurso. Era una especie de “tienda de campaña” hecha en madera y metal, elevada sobre una plataforma. Estaba compuesta por varias celdas yuxtapuestas, el número era variable, siempre dependiendo de las necesidades y del presupuesto.

En adelante desarrollaría proyectos de la misma índole, aplicando el concepto de “prefabricación” como en el Refugio Bivouac (1936-1937), instalado en la ladera del Monte Joly, en Megève, Alta Saboya. Éste podía acoger a seis personas en 8 m², estaba compuesto por elementos prefabricados que se articulaban en torno a un armazón de tubos de aluminio ligeros pero robustos, y se podían ensamblar en tan sólo cuatro días. El equipamiento interior estaba pensado para que fuera fácilmente transportable, funcional y ajustado económicamente.

Arrastrada por un fuerte compromiso político de izquierdas, Perriand se alejó del glamour que rodeaba los diseños de Le Corbusier y abrió su propio estudio, creando muebles con materiales más baratos, como la madera, que permitían su reproducción en serie.

Desde el principio se interesó también por la fotografía. Sus macro montajes con imágenes llegaron a alcanzar gran popularidad en 1936, cuando el ministro de Agricultura, Georges Monnet, le pidió que decorara la sala de espera del Ministerio con una obra que reflejase sus reformas agrícolas. Tras unos primeros contactos con la URSS, perdió la esperanza en el modelo soviético, y se acercó a posturas alejadas del comunismo. Para el popular Salón de Artesanía, también de 1936, el Gobierno le volvió a hacer un encargo: un fotomontaje de grandes dimensiones sobre las paupérrimas condiciones de vida de los ciudadanos que, el nuevo Ejecutivo, estaba dispuesto a cambiar.

Paralelamente, fue maestro de obra del Pabellón de los Tiempos Modernos, ideado por Le Corbusier como un “museo para la educación popular” donde se mostrarían las posibilidades del nuevo urbanismo. Múltiples artistas pertenecientes a los CIAM ilustraron las quince temáticas de las que se componía el espacio. Fue para ellos una ocasión especial para reafirmarse como “directores de conciencias”. Sin embargo, Perriand se vio obligada a ceder la dirección de obra a André Masson debido a dificultades relacionadas con la ambición del proyecto, así como a problemas económicos e ideológicos. Esto significó su ruptura definitiva con el estudio de Le Corbusier.

Cuando estalló la II Guerra Mundial, se exilió en Japón, donde entró en contacto con el movimiento Mingei, y fue asesora de arte para el Ministerio de Comercio e Industria, invitada por Junzo Sakakura con quien trabajó en el estudio del arquitecto suizo. Aquella experiencia en el país nipón influyó en sus diseños que adoptaron un estilo orgánico, utilizando materiales tradicionales y contemporáneos como el bambú y el aluminio. En Japón dio una serie de conferencias sobre artes decorativas y visitó talleres y escuelas. Igualmente, organizó una exposición titulada Selección-Tradición-Creación en 1941. Su ideas sobre el diseño japonés fue mayor tras la Segunda Guerra Mundial, sobre todo, en la obra de Sōri Yanagi, Daisaku Choh o Kazuo Shinohara.

Al aliarse Japón con la Alemania nazi, Perriand decidió volver a la capital francesa, pero a causa del bloqueo naval se vi obligada a permanecer en Vietnam durante cuatro años. En su experiencia asiática desarrolló trabajos con bambú, de los cuales nació una reinterpretación de la LC-4, más conocida como la Tokio Chaise Longue.

 


 

Jorn Utzon (Copenhague, 1918 – Elsinor, Dinamarca, 2008)

Jorn Utzon (izquierda) presentando el modelo para la Ópera en el Sydney Town Hall.

Tras ganar el concurso para la Ópera de Sídney (1958), el joven arquitecto Jorn Utzon le envió a Le Corbusier algunos de los bocetos del futuro y emblemático edificio. “Hace tiempo que quería escribirle para darle las gracias por todo lo que significa”, escribió en su mejor francés. “Sería para mí una alegría inmensa contar con su participación en la decoración, los tapices y las pinturas de este edificio, y le ruego que me permita saber si podría hacer algo de una forma u otra”.

En ese momento, Le Corbusier estaba en la cumbre de su carrera, y Utzon con apenas 38 años, era un intruso a las puertas del parnaso de la gran arquitectura. No tenía motivos para esperar su apoyo, pero eso no le impidió preguntar. El maestro suizo le contestó, quizá porque reconoció en él a otro visionario y, en octubre de 1960, el arquitecto de la Ópera era propietario de un tapiz firmado por él, bajo el nombre de Les Dés Sont Jetés. En la actualidad se muestra al público en el vestíbulo oeste -uno de los dos únicos interiores de la Ópera diseñados por Utzon-. La obra sigue un diseño con formas blancas y negras, dominadas por un rojo intenso; podría ser el puerto de Sídney, hay un velero en él, pero las formas abstractas no dibujan el mismo paisaje.

En la pared de su comedor en Hellebæk, Dinamarca, lo colgó con la intención de trasladar el tapiz a Sídney una vez que se completara la construcción. Pero en 1966, después de una serie de dificultades, tanto en la construcción como en el presupuesto, Utzon dimitió indignado con el nuevo gobierno conservador que había estado bloqueando sus planes y cuestionando su juicio.

El arquitecto australiano Peter Hall se hizo cargo del proyecto en abril de 1966 en medio de airadas reacciones públicas a ojos de la comunidad de arquitectos. Mientras tanto, Utzon se mudó a Dinamarca, prometiendo no volver más a Australia, pero tras 35 años, el gobierno le invitó a realizar nuevos diseños desde lejos, y en marzo de 2003, fue investido Doctor Honoris Causa por la Universidad de Sídney en reconocimiento a su carrera. El anciano arquitecto se encontraba enfermo y no pudo viajar a Australia, de manera que lo representó su hijo, también arquitecto. Ese mismo año le fue entregado el premio Pritzker, y más tarde, La Ópera le dedicó la Habitación Utzon (2004).

Reconocido por las instituciones, Jorn Utzon, ya anciano, declaró en términos lecorbusianos que “la arquitectura debe cambiar para responder a la vida”. Una filosofía que le acompañó desde los 60 años cuando le tocó comenzar de nuevo firmando unos proyectos que escaseaban. Finalmente, se retiró a Mallorca. Allí levantó una casa con el nombre de su mujer. Más tarde, recibiría el encargo de levantar el Parlamento de Kuwait, que concluyó en 1985, y que la guerra del Golfo destrozó. También cosechó críticas en Dinamarca, cuando firmó con sus hijos arquitectos la reconversión de unos antiguos almacenes en el puerto de Copenhague. Una vez más, Utzon hizo las maletas y se refugió en Mallorca donde vivió hasta que en 2007, regresó a Dinamarca, donde murió de un ataque al corazón.

 


 

Peter Zumthor (Basilea, 1943)

Maqueta para la ampliación del LACMA. Foto: Peter Zumthor & Partner

En su curriculum figuran sólo 52 obras terminadas, 17 en construcción y 70 que no llegaron nunca a materializarse. Podría considerarse que a sus 74 años, Peter Zumthor, tiene una obra escasa, aunque eso no le resta valor a su trabajo. Dentro del star system -con un Pritzker bajo el brazo-, y lejos de considerarse discípulo de Le Corbusier, huye de sus idealismo y formas, pero no de su planteamiento holístico: “Pienso que no es sólo la forma, hay otras herramientas, como la textura, los brillos, la luz, que son la realidad de la arquitectura”, explica en una de sus escasas entrevistas. “Las cosas reales son las que de verdad importan, las que nos incumben a todos, tanto a ti como a mi madre: el espacio y los materiales, la luz y la calidad del sonido, el tacto y las sensaciones. Lo demás, las teorías, las historias virtuales que gustan tanto a los jóvenes, sirven para distraer, pero no son arquitectura”.

Otra característica que le une a Le Corbusier es el hecho de que parte de su arquitectura se eleva desde el suelo por medios de pilotis: columnas, pilares o zancos que levantan un edificio sobre el suelo o el agua, y que se encuentran tradicionalmente en viviendas, como cabañas de pescadores en Asia y Escandinavia. La idea principal que llevó al levantamiento de la construcción de pilotis, es permitir una secuencia de áreas verdes y una libre circulación de peatones como sucede en la idea inicial, y fallida, de la Unidad de Habitación. Siguiendo este ejemplo, Zumthor eligió presentar su proyecto para el Museo de Arte del Condado de Los Ángeles (LACMA) desde 2015, según un diseño “construido por el usuario” a través de sus experiencias en varios puntos de acceso y zonas arboladas.

Sus obras se distinguen por una sobria funcionalidad y un profundo respeto por el entorno y la elección de los materiales. “Suelo concebir mis construcciones del interior hacia el exterior y viceversa. Y luego otra vez del interior hacia el exterior hasta que todo encaja”, añade Zumthor. Sus edificios reflejan ese empeño por buscar una armonía casi sensual con el espacio donde se asientan. Así, las Termas de Vals (1993-1996), piscinas construidas entre cemento y piedra extraída de las colinas circundantes, han sido descritas como “una historia de amor entre la piedra y el agua”.

Estos factores, sumados al esmero con el que Zumthor elige sus proyectos, confieren una dimensión mística a su obra. “Al diseñar, me imagino el espacio, y cómo se vivirá ese espacio en un futuro. No sólo mañana, sino también dentro de unos años. La vida cambia, la sociedad cambia, y la casa ha de permanecer. Trato de no dejarme preguntas sin resolver, aunque eso no deja de resultar una tarea imposible. Siempre queda algo”. Considerado como “el más místico de los arquitectos”, Zumthor ha construido capillas en medio de la naturaleza, entre las que destaca la capilla de Bruder Klaus (2007). Se trata de un hito en el paisaje alemán que diseñó tomando como referencia una cabaña de madera, a la que revistió con capas de cemento, para después quemar la estructura de madera y dejar al interior unos muros ennegrecidos que se abren en la parte superior al cielo.

Zumthor, que se formó como ebanista y luego estudió arquitectura en Basilea y Nueva York, ha trabajado, sobre todo, en proyectos pequeños y complejos. Entre los más conocidos a nivel internacional figuran el Museo de Arte de Bregenz (1994-1997), el Museo Kolumba (1997-2007) y el pabellón en los jardines de la Serpentine Gallery (2011). Su equipo, por el contrario, ronda las 25 personas, aunque su número se multiplicará para la ampliación del Museo de Arte del Condado de Los Ángeles, el mayor proyecto internacional que ha asumido hasta la fecha.

La idea original generó una polémica en Los Ángeles, ya que su planteamiento inicial hubiera hecho sombra a los Pozos de La Brea, un depósito de fósiles de la Edad de Hielo en el Parque Hancock. A finales de junio se anunció que Zumthor había decidido modificar la forma del edificio y alejarlo de los históricos pozos con un diseño similar a un puente que cruzará el Bulevar Wilshire.

En el libro titulado Thinking Architecture, publicado por primera vez por Birkhauser en 1998, Zumthor establece con sus propias palabras su filosofía: “Creo que la arquitectura de hoy necesita reflexionar sobre las tareas y posibilidades que son intrínsecamente propias. La arquitectura no es un vehículo o un símbolo de cosas que no pertenecen a su esencia. En una sociedad que celebra lo no esencial, la arquitectura puede oponer resistencia, contrarrestar el desperdicio de formas y significados, y hablar su propio idioma. Creo que el lenguaje de la arquitectura no es una cuestión de un estilo específico. Cada edificio está construido para un uso específico en un lugar específico y para una sociedad específica. Mis edificios intentan responder a las preguntas que surgen de estos hechos simples tan precisa y críticamente como puedan”.

Entre 1996 y 2008, Zumthor fue profesor en la Academia de Arquitectura y profesor invitado en varias universidades extranjeras, entre ellas la Harvard Graduate School of Design. Ha colaborado con artistas como Louise Bourgeois para el proyecto del Steilneset Memorial (2011) en honor a los perseguidos en el siglo XVII en los juicios por brujería, que se emplaza en Finnmark a lo largo de la escarpada costa del Mar de Barents en Vardø, Noruega. Por su labor, ha recibido varios de los premios de arquitectura más prestigiosos: Mies van der Rohe Award (1998), Praemium Imperiale (2008), el Pritzker (2009) y la medalla de oro del Real Instituto de Arquitectos Británicos (2012).

Vía| Frampton, Kenneth: “Le Corbusier”. Madrid: Akal Arquitectura, 2002; The Pritzker Architecture Prize; La Razón; Archined; El Mundo; The Guardian; SWI

Más información| Los Pritzker más imprevistos

Imagen| Sangath; Carrière centrale; Chaise longue basculanteJorn Utzon; LACMA

En QAH| Le Corbusier, creador humanista

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