Historia 


Las vías de comunicación en la Hispania Romana (IV): tipos de vías y modo de construcción

Las calzadas en la Hispana Romana

Las calzadas en la Hispana Romana

Existen dos criterios fundamentales para verificar la romanidad de un camino, la sucesión de tramos rectos y la disposición de la superficie de la calzada sobre un túmulo. Puede hablarse de una transformación relacionada con la funcionalidad de la vía dependiendo de la época concreta en la que nos encontremos. En los primeros momentos de la presencia romana en la Península Ibérica, los distintos caminos cumplirán una función principal de tipo militar y de control del territorio, y conforme avance la consolidación del Imperio se irán desarrollando las vías hasta adquirir también un carácter comercial, económico y cultural. También es necesario mencionar la fuerte jerarquización de las vías, las principales eran la espina dorsal de las comunicaciones y conectaban las provinciae romanas, mientras que las secundarias enlazaban con la red general los núcleos urbanos, económicos y religiosos más notables. Por último, los caminos locales comunicaban centros de menor trascendencia.

Según Chevallier, se pueden establecer cuatro tipos de vías recogidas de Siculus Flaccus: en primer lugar, las calzadas públicas o viae publicae, son aquellas vías realizadas por el estado. En segundo lugar, las viae militares, realizadas por el ejército con función militar, pero que suelen evolucionar hasta convertirse en vías de carácter público. En tercer lugar, las vías vecinales o actus, llevadas a cabo por los pagi. Y por último, las viae privatae, realizadas por particulares. Por otra parte, pueden diferenciarse distintos tipos de vías en función de diversos aspectos: según su ejecución podemos hablar de vías militares, comerciales o mineras. Pero también se puede establecer otro esquema en relación a quien subvenciona su ejecución, así distinguimos: viae privata, costeadas por personas particulares, y viae publicae, dentro de las cuales diferenciamos las viae praetoria y viae consulares, ambos tipos son construidas por el Aerarium y un magistrado es encargado de su realización; actus o vías vecinales, llevadas a cabo con recaudaciones recogidas por magistri pagi; y viae militares, de interés estratégico y construidas por ingenieros legionarios. Los curatores viarium controlaban la ejecución de las vías públicas.

Partes de una calzada romana

Partes de una calzada romana

Para su construcción se buscaban, sobre todo, pendientes suaves y largos trayectos rectos, y en los valles discurrían paralelas a los ríos. Es decir, se intentaba aprovechar al máximo las condiciones naturales del entorno. La anchura de las calzadas era variable, aunque el mínimo establecido estaba en tres metros o la equivalencia a dos carros, y podían contar con una infraestructura anexa, como cunetas o fosas de drenaje. Las diferentes técnicas de construcción variaban en función de la importancia de la vía, por ejemplo, en las calzadas de primer orden el procedimiento que se seguía era el siguiente: se abría una zanja más ancha que la calzada y esta zanja se rellenaba con una capa de piedras gruesas y planas unidas con mortero y arcilla, constituyendo el lecho de la calzada (statumen). Posteriormente, se añadía un nivel de piedras más pequeñas y cascajo (rudus o rudeario). A continuación, se distribuía una capa de gravilla o mortero que formaba una superficie maleable para adecuar la cubierta superficial (nucleus), y finalmente, se disponía una cubierta de losas que constituía la superficie de las calzadas y que estaba combada en el centro para la evacuación de aguas (summun dorsum o summa crusta) y se distribuía por encima una capa de cal con grava o arena. Por el contrario, otras vías más modestas constaban de una o más capas de tierra apisonada o roca natural al descubierto. Según el número de capas de su construcción las vías se podían distinguir en strata via, era una vía principal y contaba con las 4 capas descritas anteriormente; via glarea strata, con 3 capas; y via terrena, simple acondicionamiento del terreno.

Corte de una calzada romana donde se diferencian sus partes y miliario.

Corte de una calzada romana donde se diferencian sus partes y miliario.

Las herramientas que solían utilizar eran, sobre todo, una regla graduada (regula), escuadras, plomadas (orbiculus) o trípodes de carga (rechamun). Dos elementos fundamentales eran la groma, para trazar líneas rectas y perpendiculares, y los corobates, para aproximar los niveles. También se usaban cuñas, mazas, punteros o punzones, sierras de corte, poleas múltiples, polipasto y carros.

Pero las vías romanas no solo estaban constituidas por una calzada, sino que contaban con múltiples accesorios. Los romanos, según Tito Livio, procuraron siempre la comodidad y el embellecimiento de las vías. Existían lugares de hospedaje, asilo y refugio para los miembros del cursus publicus y viajeros situados cada 30-40 millas, las mansiones. También albergues para el descanso y el reposo a distancias de una media jornada, las stationes. Cada 5-6 millas existían puestos para el relevo de caballos utilizados por los mensajeros públicos, las mutationes. En el ámbito de la ciudad, las vías contaban con apoyos cada 12 pasos para montar o desmontar, suppedanea, aceras (margines) y posadas (cauponae). Otros elementos que se podían encontrar a lo largo de los caminos eran fuentes y arcos de triunfo, así como, estatuas y monumentos funerarios o religiosos (lararium, trivium o quadrivium). En puntos concretos se situaban estaciones para el cobro del peaje, truagium.

Vía|Simposio La Red Viaria en la Hispania Romana, Zaragoza, 1990

Más información|CHEVALLIER, R., Les Voies Romaines, París, 1977

Imagen|Calzadas en Hispania, modo de construcción

En QAH|Arterias fluviales como vías de comunicación en la Hispania Romana, Las vías de comunicación en la Hispania Romana (I): fuentes

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