Especial Fidel Castro y Cuba, Política 


Las relaciones EEUU y Cuba: giro al neoconservadurismo de Trump y adiós al revolucionario.

Las relaciones entre Cuba y los EE.UU pueden verse frenadas a cambio de mayor oferta por las autoridades castristas.

Con el fallecimiento de Fidel Castro, se acaba una era que comenzara hace más de medio siglo con la toma de Sierra Maestra por el movimiento “26 de julio” del que el propio Castro era líder. Actualmente, el equilibrio entre comunismo y capitalismo se conserva en las  bibliotecas y en los volúmenes de historia, en contraste con las políticas, gestos y repercusiones de la era digital, que se miden a escala global.

Con el acercamiento iniciado por la administración Obama en 2014, se dieron los pasos necesarios para salvar las distancias ideológicas y culturales generadas en la población estadounidense hacia la figura de los hermanos Castro y de la República de Cuba, un maltrecho país que tras el fin de la era soviética se encontraba muy por debajo en la media del PIB del continente americano.

En un principio, el incremento de las relaciones diplomáticas llevó a Washington y La Habana a establecer oficinas diplomáticas donde antes solo existía una oficina comercial,  ubicando en su lugar a un jefe de misión y la consiguiente mayor afluencia de comunicaciones entre gobiernos. Este paso en la diplomacia norteamericana supone la normalización en las relaciones de la zona, muy marcadas por las tensiones existentes desde finales de los años 50 y la revolución castrista.

La reanudación en el mes de noviembre de los vuelos comerciales Miami-La Habana, así como la visita del presidente Obama a principios de año (por no hablar del concierto que dieron los Rolling Stones en la ciudad deportiva de La Habana), son signos inequívocos de que las palabras de los predecesores en el cargo del presidente estadounidense merecían verse plasmadas en gestos. Estos gestos tienen luces de verse truncados por el cambio de signo político en Washington tras la victoria de D. Trump.

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El propio magnate ha propiciado durante su campaña, un acercamiento progresivo a todos aquellos cubanos radicados en Florida a causa del exilio, no como odio al pueblo cubano, sino al régimen que allí se instaura desde los años cincuenta. Así mismo, Trump vió una ventana de oportunidad reuniéndose con la “brigada 2506”, grupo anticastrista que participó la invasión de Bahía de Cochinos en el año 1961 y cuya sede y museos, se encuentran radicados en el barrio de Little Habana, al que acudió en visita el candidato republicano. El propio Trump prometió su apoyo si obtenía la victoria. así el candidato marca un claro gesto diferenciador con su predecesor en el cargo, más centrado en las vías diplomáticas para legar a sus sucesor un progreso palpable en sus relaciones con la isla.

En este sentido, las consignas lanzadas por Trump durante la campaña electoral no distaban de las de otros candidatos republicanos en dicho asunto: congelar las relaciones con Cuba, propiciando un distanciamiento con dicha administración y respaldando a los grupos y asociaciones de refugiados en Florida.

Tras la muerte de Castro y con las políticas de D. Trump aún en el aire; las relaciones que La Casa Blanca podría tener durante los próximos cuatro años con La Habana dependen a día de hoy, fundamentalmente de las declaraciones del candidato electo. En este sentido,los mensajes en Twitter del magnate neoyorquino son claros: avances democráticos o vuelta al bloqueo.

El equipo de Trump se encuentra elaborando un nuevo acuerdo que reemplace el suscrito por Obama en lo que respecta al embargo comercial, participación democrática, supervisión de los derechos humanos en la isla y excarcelación de presos políticos. En palabras del portavoz del equipo entrante, Jason Miller, el gobierno de EE.UU. busca más libertad, tanto política como religiosa, en la vecina Cuba. Estos comentarios manifestados por Miller, vienen muy a colación con los que el propio D. Trump manifestó aprovechando el foco informativo generado tras el fallecimiento de Fidel Castro, y comprometiéndose a poner de su parte para que en Cuba mejore la situación económica y política de los isleños.

En la esfera internacional, las políticas proteccionistas que pretende desarrollar Trump para los EE.UU. tienden a un estancamiento de las relaciones con Cuba y una política más tendente al autoconsumo y a mayores políticas arancelarias, ya que el futuro presidente ha manifestado que primero quiere ver progresos antes de hacer concesiones a administraciones extranjeras.

La cuestión que debe entrar a valorar la administración estadounidense es si la necesidad de bienes de equipo y productos manufacturados cubana es rentable para los Estados Unidos, siguiendo la senda iniciada por los países europeos de reconstrucción de las conversaciones diplomáticas y comerciales.

En lo que respecta a los avances ya cometidos, Trump se puede encontrar frente a un muro que enraiza en las bases de su propio partido: la existencia de acuerdos comerciales entre empresas de ambos lados que se encuentran ya firmados, y la inversión generada en un puente aéreo con la isla, ya en funcionamiento y muy difícil frenar. En este sentido, la nueva administración de la Casa Blanca solo puede renegociar los términos del acuerdo ya aprobado, bajo la premisa de que un supuesto inmovilismo de la administración cubana atenta contra los intereses estadounidenses.

* Vía|(nacion.com, )
* Más información|(NYTIMES)
* Imagen|(lucidez, Durango PRESS, NYTIMES)
* En QAH|(Demócratas VS Republicanos)

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