Política 


Las PNLs o tú pide por esa boquita

A menudo se percibe la confusión en que incurre la prensa o -quizás sea más acertado decir- el ciudadano respecto de las por sus siglas llamadas PNLs, las Proposiciones No de Ley. Como cualquier astuto lector habrá advertido, “No” es la palabra clave de estas iniciativas parlamentarias.

Son muchas las iniciativas que puede emprender un partido político dentro de un grupo parlamentario: proposiciones de ley, preguntas escritas al Gobierno, preguntas orales en Pleno o en Comisión, mociones, interpelaciones, solicitudes de comparecencias, etc. Entre ellas, las PNLs se caracterizan por ser iniciativas de eficacia eminentemente política… y ninguna material.

Estas proposiciones, reguladas en los artículos 193 y siguientes del Reglamento del Congreso de los Diputados, pueden versar sobre cualquier asunto que resulte de interés para los grupos parlamentarios y presentarse, junto con una exposición de motivos y una parte dispositiva, tanto para su debate en el Pleno del Congreso de los Diputados como para su debate en la Comisión que, en cada caso, corresponda. Primero, se registran en el Congreso; después, se acuerda su inclusión en el orden del día correspondiente (insisto, ya sea del Pleno o de una Comisión); y, por último, se debate su contenido y se vota.

Y, una vez aprobada, ¿qué? Como avanzaba al principio, las PNLs reciben su nombre por ser proposiciones no de ley, lo que significa que no tienen fuerza de ley y, por tanto, tampoco carácter vinculante. El resultado de una PNL, de hecho, suele ser que “el Congreso de los Diputados insta al Gobierno” a hacer algo; a llevar a cabo alguna actuación o a regular una materia concreta. Los titulares de los periódicos se lanzarán a decir: “El Congreso acuerda subir el salario mínimo”, pero sepan que, si en algún lugar del texto del artículo se mencionan estas siglas (PNL), sus vidas van a seguir igual por un tiempo… Hace apenas unos días, por ejemplo, un titular del periódico de El País afirmaba en un titular: “El Congreso reconoce un 33% de discapacidad a los niños con cáncer”, cuando en realidad -como bien admitía después el artículo, justo es decirlo- sólo se trataba de una PNL y, por tanto, sus efectos jurídicos sobre la discapacidad, al menos de momento, son inexistentes.

En la medida en que la aprobación de las PNLs, incluso con el voto favorable del partido del Gobierno, no obligan a éste, sino que sólo le instan a hacer algo, a menudo quedan en agua de borrajas. Por su parte, los grupos en la oposición, conscientes de ello, hacen un uso excesivo de este mecanismo. Y esto es así por dos razones: porque sirven como instrumento político de presión al Gobierno y porque la facilidad para prepararlas (no suelen sobrepasar las tres páginas) es mucho mayor que en otras propuestas. De hecho, en lo que va de legislatura, ya se han presentado cerca de 2.000 PNLs, esto es, aproximadamente un tercio de las que se registraron durante los cuatro años del primer mandato de Rajoy. Éste, mientras sean PNLs, se mantendrá tranquilo. “Tú pide por esa boquita”, se le oye decir.

Bien es cierto que no debe menospreciarse la repercusión que a veces adquieren. Por un lado, precisamente porque muchos desconocen que no vinculan al Gobierno en modo jurídico alguno, lo cual significa que consiguen en cualquier caso entrar en el debate público y que, de cara al votante, sí tienen un cierto efecto. Por otro, porque políticamente sí vinculan: votar a favor de una PNL sobre un tema concreto implica, en cierta manera, obligarse a votar a favor de ese mismo asunto en un futuro, aunque se tramite a través de otra iniciativa como, por ejemplo, de una proposición de ley, en tanto en cuanto se marca un posicionamiento.

Además, es una buena forma de dar salida a asuntos menores que, de otro modo, no podrían entrar en el debate parlamentario. Esto es así por dos razones: primero, porque simplemente no se considerarían tan significativos como para tramitarlos a través de otra iniciativa, digamos, de verdad (como una proposición de ley) y porque, aunque algunas de esas iniciativas menores se estimaran suficientemente relevantes, muchas de ellas no entrarían tampoco en el debate por falta de cupo o, dicho de otro manera, por falta de prioridad. Y es que, en efecto, todos los grupos parlamentarios, en función de su tamaño, tienen un número máximo de iniciativas que pueden llevar a debate en cada periodo de sesiones (por ejemplo, cinco proposiciones de ley por cada uno, que tiene cuatro meses de duración), por lo que deviene fundamental, en un sentido estratégico y político, decidir cuáles van a querer debatirse en cada momento, atendiendo tanto a su trascendencia como a su oportunidad política. De esa manera, las PNLs contribuyen así al buen fin de cumplir con aquellos aspectos secundarios del programa electoral de cada partido.

Pero no lo olviden: las PNLs no son vinculantes y, más allá de la presión política, no puede exigirse nada al respecto, así que no se dejen convencer de lo contrario. Y, si insisten en persuadirlos, díganles que son proposiciones no de ley y que, como ya dijo un sabio una vez, “No es No”.

 

Vía | El Congreso de los Diputados

Más información | El País

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