Historia 


Las mujeres más influentes del Imperio Romano (V): Julia Domna

Busto de Julia Domna.

Busto de Julia Domna.

Las historias de muchas mujeres quedaron eclipsadas en Roma, un imperio completamente masculino. La de Julia Domna fue una de las pocas que consiguió sobresalir y demostrar que las mujeres eran capaces de manejar una gran cantidad de poder de una manera sensata.

Nació alrededor del año 170 d.C. en la ciudad siria Emesa, actualmente Homs. Su familia gozaba de riquezas y de una buena posición, siendo su padre el sacerdote supremo de la religión local, adoradora de Baal, dios del sol. Su veneración fue una de las muchas innovaciones que ella trajo consigo a Roma.

Septimio Severo era un prometedor militar en ascensión. Después de que su primera mujer muriese inició la búsqueda de una segunda.

El histórico Elio Esparciano nos deja en sus escritos “[…] Perdiendo a su mujer y con deseos de volver a casarse, consultó el horóscopo de las jóvenes que se le insinuaban. A sus oídos llegaron la noticia de que a una joven de Siria se le había predicho la unión con un futuro rey, así que él le pidió matrimonio.”

La unión de ambos se celebró y Julia no tardó en traerle dos herederos al mundo. Ella y los niños acompañaron a Severo en todas las campañas militares que este hacía, hecho que le garantizó estima por parte de las tropas.

En el año 192 d.C. se encontraba junto a su marido y a sus legiones en el norte del imperio cuando la noticia del asesinato del emperador Cómodo

Áureo retratando a Julia Domna y a sus dos hijos, Caracalla y Geta.

Áureo retratando a Julia Domna y a sus dos hijos, Caracalla y Geta.

llegó a sus oídos. Severo, encabezando sus legiones, se dirigió a toda prisa hacia Roma. La púrpura imperial estaba en juego y, tras cinco años de luchas, su marido se estableció en el trono.

Haber vencido a sus rivales había sido tan sólo el principio, ahora necesitaba ganarse la aceptación del pueblo. El siguiente movimiento sería confirmar su regencia, imponer la perspectiva de una nueva dinastía estable y segura. Julia Domna fue una pieza clave en esta campaña de convicción. El régimen de Severo era uno en el que se recordaba continuamente la época gloriosa de Roma, donde los valores prevalecían. Julia fue convertida en la personificación de todos ellos y jugaba un papel principal en la obra que intentaba convencer a toda Roma de la legitimidad de la nueva e innovadora familia.

Julia Domna tenía una influencia impresionante y era el pilar en el que se apoyaba tanto su marido como todo el imperio. Como todo político tuvo parte tanto de amistades como de enemigos. Uno de ellos, peligrosamente cercano a ella, era uno de los hombres que más control tenía sobre el emperador. Plautiano intentó ensuciar su imágen llegándola incluso a acusar de aduletrio. Pero Domna no cedió ante sus ataques y prefirió centrarse en actividades cultivadoras. Fue una emperatriz que protegió y promovió las artes. Estudió la oratoría, se rodeó de filósofos, juristas y literatos y convirtió el palacio en un centro cultural.

Retrato de la familia imperial. El rostro de Geta fue borrado después de su asesinato a petición del nuevo emperador, su hermano.

Retrato de la familia imperial. El rostro de Geta fue borrado después de su asesinato a petición del nuevo emperador, su hermano.

Plautiano no consiguó envenenar a mente del emperador con sus mentiras, que se mantuvo fiel hacia Domna hasta el año de su muerte. Siempre tuvo presente la ayuda que su esposa, a la que adoró y llenó de títulos y honores. Su culto terrenal llegó a ser asociado con el de las diosas Deméter, Hera y Tanit.

Sus dos hijos, Caracalla y Geta, fueron nombrados herederos del trono. Eso inició una enfrentación y, aunque Julia intentó mantener la rivalidad entre ambos bajo control, nada pudo parar a Caracalla, que por aquel entonces contaba con 23 años, iniciar la caza de su propio hermano. Consiguió atraparle utilizando una vil artimaña y mató a Geta, que se desangró hasta la muerte en los brazos de su madre.

Caracalla se convirtió en el único gobernador de Roma y, por resentimiento, ordenó suprimir el recuerdo y la imágen de Geta. Incluso le quitó a Domna el derecho de llorarle y durante mucho tiempo la tuvo vigilada. A pesar del dolor que sentía decidió implicarse aún más en la administrar del imperio, llegando incluso a ocuparse de la correspondencia imperial, controlando de manera directa qué y quién tenía acceso al emperador.

Caracalla pereció a manos de los pretorianos en el año 217 d.C. A pesar de no haber tenido razones para llorarle, pues debió de haber odiado al tirano mientras éste estaba con vida, se vio profundamente afectada por su muerte. Poco después se quitó la vida.

Júlia Domna fue admirada en todos los rincones del imperio y fue la emperatriz que más penetró en la política romana. Su leyenda no murió con ella y a día de hoy es uno de los mayores símbolos del poder femenino en la antigüedad.
Vía| Barbara Levick, Julia Domna: la emperatriz siria
Imagen|BustoÁureoRetrato
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