Economía y Empresa 


Las grandes constructoras españolas (III): Luces y sombras

A lo largo de esta serie de artículos se ha insistido en que la experiencia acumulada en los mercados exteriores por las constructoras españolas durante su primer ciclo de internacionalización fue un factor esencial para la continuidad del proceso a partir de los años noventa. En efecto, las empresas españolas basaron cada vez más en la reputación su estrategia en el mercado interior, convirtiéndola después en el referente de su estrategia fuera de nuestras fronteras. A principios de los años noventa, esa reputación era de alcance internacional y se concentraba en grandes obras de infraestructura (obras hidráulicas, carreteras, autopistas, puertos). Sobre este soporte, junto con el aumento del tamaño y la diversificación, levantaron en gran medida la ventaja competitiva con la que han operado desde entonces. Pero para llegar a esa posición favorable el camino fue largo y estuvo lleno de obstáculos, en el presente artículo se dan alguna de las claves y problemas que encontraron en su camino internacional las constructoras.

¿Cómo se consigue la internacionalización? ¿Y qué problemas conlleva?

Como ya se ha visto en los puntos anteriores, para cualquier empresa relacionada con el sector español de la construcción, no sólo las grandes constructoras, para continuar trabajando en el sector de la obra civil, hoy en día internacionalizarse resulta casi imprescindible para conseguir sobrevivir a la falta de negocio en nuestro país.

A la hora llevar a cabo este cada vez más necesario trámite, existen distintas alternativas. Dependiendo del tamaño y recursos de la empresa, así como de su voluntad de abrir mercado en el país en el que se vaya a ejecutar la obra, las distintas constructoras e ingenierías de nuestro país han optado por alguno de los siguientes métodos para conseguir salir al exterior:

  1. Realización de una obra puntual como subcontrata, a las órdenes del contratista principal y para realizar una determinada parte de la obra. Este sistema permite que empresas de menor tamaño, pero especializadas en un determinado trabajo, puedan tener entrada en ese mercado, o al menos que realicen una toma de contacto otras empresas del sector (proveedores, maquinaria, etc.)
  2. El acuerdo joint venture, aliándose temporalmente (no confundir con la UTE) con otras empresas locales para la realización de un proyecto concreto, basado normalmente en la suma de capacidades tecnológica o financiera de los distintos aliados.
  3. Creando una sucursal o filial en el país de destino, cuando se pretende tener allí una implantación permanente y tener representación en el mismo, ya sea por posicionamiento estratégico o por el potencial del país en cuestión.
  4. Comprando una empresa local, que facilita la concurrencia a concursos públicos, ya que se hace con el currículum, la experiencia y el capital humano de la empresa local, pero que tiene la desventaja de la dificultad de integrar la empresa en la estructura y el funcionamiento de la matriz. Por ejemplo, lo hizo OHL en 2008 para desembarcar en Perú, al comprar la empresa TPSAC en el país andino, que contaba con cincuenta años de historia, y vistos los resultados fue una estrategia acertada.
  5. Presentarse directamente a una licitación en otro país para optar a la adjudicación de un contrato; normalmente se trata de obras emblemáticas de gran envergadura que se sacan a concurso internacional. En este caso hay que ser capaz de ofrecer algo que las empresas locales no posean, como gran experiencia en el tipo de obra licitada, ser una empresa de reconocido prestigio internacional, en cualquier caso suele ser difícil y esta opción queda reservada en su práctica totalidad para las grandes empresas.
  6. Mediante un consorcio internacional, normalmente para optar a concesiones, formado por una alianza de distintas empresas a más largo plazo que una joint venture, y donde unen sus intereses constructoras, ingenierías, entidades financieras, e incluso empresas públicas con experiencia en el proyecto en cuestión: como Aena y OHL en la puja de aeropuertos privatizados en Brasil, o el consorcio adjudicatario del proyecto de alta velocidad de Medina a la Meca, liderado por Adif, Renfe y Talgo y que cuenta con OHL y otra decena de empresas constructoras y de ingeniería.

No todo es tan sencillo como puede parecer, y las empresas se enfrentan a múltiples dificultades. La experiencia de las primeras internacionalizaciones llevadas a cabo por las grandes constructoras nos ha dejado para el estudio un sinfín de problemas gracias a los cuales podemos analizar e intentar evitar que se repitan.

Problemas de metodología

El modelo de licitaciones a la baja ha sido una constante en las ofertas dentro de la construcción española durante más de cincuenta años.

Esta metodología que los grandes grupos de infraestructuras realizan habitualmente con ofertas con notables ‘bajas’ de precio para adjudicarse contratos, no es una práctica extendida en el modelo anglosajón, donde se emplea el precio cerrado. Este hecho llevó a más de una constructora a los tribunales y a pérdidas millonarias por indemnizaciones. Se puede destacar el caso de Compsa (consorcio de Sacyr y ACS) que en 1997 ganó el concurso para construir una autopista que uniría Bogotá con Medellín y la costa atlántica. El consorcio de Sacyr y ACS ganó la licitación ofertando un presupuesto 70 millones de dólares más barato que el de sus competidores (425 millones en total) y se comprometió a asumir todos los riesgos de la obra y a cumplir escrupulosamente el trazado. Ninguno de sus rivales se atrevió a hacerle sombra. Una vez adjudicado se propuso cambiar el trazado y hacer modificados en cuanto a los presupuestado. Finalmente, el proyecto fue congelado por falta de financiación. Corría mediados de 1999.

Luces y sombras

Luces y sombras

Seguridad Jurídica del país

Para la elección de uno de los métodos indicados, a parte de la estrategia que se quiera seguir, uno de los aspectos más importantes a tener en cuenta será el de la seguridad jurídica del país donde se tenga pensado invertir. Ya que, si la experiencia va a ser dura, como en todo proceso complejo y desconocido en el que nos embarquemos, si no contamos con unas mínimas garantías legales de que podremos desarrollar nuestro negocio con cierta tranquilidad, las consecuencias de la aventura pueden resultar desastrosas para nuestros intereses.

Antes de realizar una inversión en un país, además de realizar el pertinente estudio de inversiones es necesario comprobar la seguridad jurídica que nos ofrece. Es aconsejable conocer si ese país suscribe los convenios internacionales sobre ejecución de laudos arbitrales extranjeros (Uncitral, CIADI), y si dicho país los ejecuta fácilmente o no. Si además existe algún tratado bilateral o APPRI (Acuerdo para la promoción y protección recíproca de inversiones) vigente entre España y dicho país, tendremos más instrumentos a la hora de reaccionar eficazmente ante cualquier acción que podamos considerar como lesiva -una expropiación o nacionalización sin la adecuada compensación o, en general, cualquier trato injusto, arbitrario o discriminatorio- por parte de otro país.

Sin entrar a analizarlos en profundidad, otros de los problemas que han acusado las constructoras en su internacionalización has sido la falta de medios técnicos adecuados, esto se ha sido un problema mayor en países subdesarrollados donde las compañías o contratas locales con quienes las grandes constructoras debían contratar, no disponían de unos medios técnicos (maquinaria, medios auxilares, etc.) lo suficientemente avanzados.

De forma similar al punto anterior, las empresas se han encontrado con mano de obra no tan cualificada en dichos países por lo que durante muchos años la fórmula de la expatriación de la mano de obra desde España a esos países ha sido un modo de paliar la falta de esa mano de obra/técnicos existentes. En los últimos tiempos la fórmula de la expatriación ha visto reducir su uso debido al alto coste que suponía para las empresas, recurriendo a otras fórmulas.

Otras malas experiencias españolas

La historia reciente está plagada de malas experiencias de empresas españolas que han sufrido malas experiencias en proyectos fuera de nuestras fronteras, durante sus procesos de internacionalización. Bien sea por haber elegido destinos demasiado inestables políticamente, o con poca tradición democrática, o por haberse decidido por países en vías de desarrollo con reglas del juego poco claras a ojos de la justicia internacional.

Como ejemplo, podemos recordar el episodio que durante la década de los noventa llevó a las constructoras españolas a establecerse en Marruecos y posteriormente retirarse, por varios problemas con su justicia. Las constructoras españolas desembarcaron masivamente en Marruecos tras la firma en 1991 de un tratado de amistad y cooperación entre estados, pero los problemas con el Estado marroquí comenzaron pronto (tardanza con expropiaciones, cambios unilaterales de especificaciones en contratos, etc.). En 1996 la Dirección de Puertos marroquí adjudicó a FCC la construcción de un muelle por importe de 20 millones de euros, y dos años después, cuando el 80% del contrato estaba ejecutado, el Ministerio de Obras Públicas marroquí paralizó la obra al poner en duda la estabilidad de las dársenas, y le confiscó todo el material. La empresa española demandó a la Dirección de Puertos por incumplimiento de contrato ante las autoridades locales, y en 2001 la empresa fue multada con 11 millones de euros. Este episodio provocó que las constructoras españolas huyeran del territorio marroquí.

Dentro de los posibles problemas creados por una seguridad jurídica insuficiente se pueden destacar algunos casos:

  • Muchas veces, el poder económico que la empresa adquiere en el país de destino es percibido como una amenaza por el Gobierno de dicho país, y éste intenta recuperar parte de la soberanía que considera que le han quitado. Así vemos que hay gobiernos intervencionistas, que se sienten colonizados y que intentan, con mayor o menor éxito, nacionalizar las empresas extranjeras, como Venezuela, o como ha ocurrido en Argentina con Repsol.
  • En otras ocasiones la presencia de la empresa dentro de los intereses del Estado se percibe como una amenaza a la competencia; como con Ferrovial y su gran participación en aeropuertos del Reino Unido, que debido a la resolución del Tribunal de Apelación de la Competencia del Reino Unido, obliga a Ferrovial a deshacerse definitivamente de varios aeropuertos por entender que iba en detrimento de la competencia, con la pérdida de negocio y el impacto negativo en sus cuentas consolidadas que ello conlleva.
  • Y en otros casos, la incertidumbre sobre el cobro es tan grande, que ha llevado a las constructoras a renunciar a adjudicaciones millonarias. Ferrovial se llevó un varapalo en Polonia, donde está completamente asentada desde hace años, al decidir romper el acuerdo adquirido con la Administración del país tras ser adjudicatario de la construcción y explotación durante 30 años de una autopista de peaje (proyecto valorado en unos 1800 millones de euros) al no llegar a un acuerdo “en las condiciones comerciales para hacer el proyecto económica y financieramente viable para todas las partes”, por la incertidumbre sobre el cobro de las tarifas previstas. El anuncio del desacuerdo que impedía provocó que Ferrovial cayese un 2% en bolsa ese día, además de exponerse a las penalizaciones que contemple el procedimiento de adjudicación.

Por todo ello es imprescindible contar con un buen asesoramiento jurídico a la hora de intentar hacer negocio fuera de nuestras fronteras, donde los procedimientos y la legislación nos son totalmente ajenos, y donde, si no contamos con la garantía de alguno de los instrumentos internacionales comentados que protejan nuestros intereses, estaremos a merced de la diplomacia, que aún puede ser más peligrosa e imprevisible que los tribunales.

La inversión en infraestructuras, antídoto contra la crisis

Siguiendo con la importancia mencionada de la inversión en infraestructuras para el desarrollo de un país, en este apartado se explica cómo dicha inversión puede ser la fórmula para salir de la situación actual para la empresa constructora española.

Las inversiones públicas, y en concreto las infraestructuras, se han convertido en importante instrumento de política económica, conllevando efectos económicos que contribuyen al crecimiento sostenido de la economía. Como ya se ha comentado en textos anteriores, el sector de la construcción es procíclico, es decir, cuando la economía crece, la construcción crece por encima, cuando entra en crisis, el sector se contrae todavía más acusando más drásticamente las etapas recesivas de la economía.

Los efectos producidos a corto plazo por la construcción de infraestructuras están asociadas a la demanda agregada y son consecuencia de decisiones del sector público en materia de política de materia fiscal, tanto en temas de inversión pública como de financiación, vía endeudamiento, tasas impositivas, etc.

Esto conlleva un gasto público, en este caso de la inversión pública, lo que produce un efecto de expansión de la demanda agregada, dando lugar a un incremento de producción, el empleo y la renta, así como de los ingresos fiscales procedentes de los impuestos que gravan a las rentas generadas.

Para terminar con un ejemplo muy claro, conociendo que las infraestructuras de transporte y de agua desempeñan un papel importante en cualquier sociedad,  solamente en países de la OCDE se requerirían 1 billón de dolares a partir de 2025. En América Latina, El Caribe, Asia y el Pacífico sólo el 80% de la población tiene acceso al agua potable, una cifra que baja al 40% en el continente africano.

Conclusiones

El objeto de esta serie de artículos ha sido la de mostrar el proceso histórico de creación y acumulación de capacidades durante la segunda mitad del Siglo XX por parte de las principales empresas españolas del sector de la construcción. Al mismo tiempo se pretendía explicar su salida a los mercados exteriores a partir de finales de los años sesenta en su primer ciclo de internacionalización (hasta mediados de los años ochenta), y mostrar cómo la experiencia acumulada durante el mismo fue un factor de gran importancia para el ciclo de internacionalización posterior en el cual se hayan inmerso actualmente.

Vía| La internacionalización de las empresas españolas de la construcción en el siglo XX.

Imagen| Luces y sombras

En  QAH| Las grandes constructoras españolas (I): Fundación y crecimiento y Las grandes constructoras españolas (II): Internacionalización, concentración y diversificación

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