Historia 


Las Germanías en Mallorca: la última gran revolución del pueblo en tiempos de Carlos V

Monarca de todos los reinos hispánicos (junto a su progenitora) y emperador del Sacro Romano Imperio Germánico, Carlos V fue el rey más importante de su época. Con extensos territorios que gobernar y numerosos enemigos que acechaban a la espera de un momento de debilidad, la tarea para la que fue educado jamás le fue fácil. Con una herencia tan excelsa y con el espíritu de superar las gestas militares y políticas de sus abuelos Maximiliano I y Fernando II, durante buena parte de su juventud intentó alcanzar un cierto prestigio que le llegaría en su madurez, cuando había sido capaz de rodearse de colaboradores competentes y de disipar muchos recelos. Y es que el joven rey, de forma precaria, tuvo que ser capaz de apaciguar el creciente malestar y las revueltas internas que se produjeron especialmente durante los primeros años de su estancia en territorio ibérico. El descontento popular y la inestabilidad producto de unas más que discutibles decisiones tomadas por sus antecesores le llevarían a enfrentarse al mismo tiempo a dos grandes rebeliones en la Corona de Castilla y en la Corona de Aragón, siendo fundamentalmente los conflictos en las áreas que englobaban este último los más largos y cruentos.

Joan Crespí, cabeza del movimiento agermanado durante su primera etapa.

Joan Crespí, cabeza del movimiento agermanado durante su primera etapa.

Situándonos en la Corona de Aragón y más concretamente en el archipiélago balear, el joven Carlos se encontró con un panorama desalentador. La situación en parte de lo que antaño había sido el Reino de Mallorca se encontraba en franca decadencia, con una coyuntura económica claramente desfavorable en Menorca y Mallorca. Los brotes de peste y las deficientes cosechas habían mermado a la población, que además debía soportar tanto las continuas subidas de los precios de alimentos de primera necesidad como las incursiones sarracenas. El incremento de los tributos para subsanar el grave déficit y lo dispuesto en la Pragmática de Granada de 1499 empeoraron el malestar, haciendo más evidente las diferencias entre privilegiados y no privilegiados, y entre los habitantes de Ciutat y los de las villas. La herencia dejada por Fernando II el Católico en estos dominios mediterráneos fue para su nieto nefasta.

Al mismo tiempo que los castellanos exigían sus demandas y en Valencia la situación era de total caos, en Mallorca se vislumbró la posibilidad de hacer realidad un reajuste a todos los niveles, en especial en el plano económico. Con el movimiento agermanado extendiéndose como la pólvora por el resto de territorios de la Corona de Aragón, el estallido de la rebelión en Mallorca no se hizo esperar. La división y rencillas entre las propias autoridades y los estamentos privilegiados favorecerían que el movimiento tomara cuerpo especialmente en las villas, muy castigadas por el sistema de contribución a las que eran sometidas. Con Joan Crespí a la cabeza como líder del movimiento, los objetivos de los rebeldes estaban claros: se pretendía acabar con la deuda pública y el poder mantenido por una oligarquía corrupta. Mientras cientos de campesinos u hombres de diferentes gremios se iban sumando al movimiento agermanado, el virrey aragonés Miguel Gurrea y Cerdan intentó negociar con Crespí con el propósito de disuadirlo de sus propósitos. Fracasada la negociación, el radicalismo daría paso a una violencia exacerbada que recordaría a la gran revuelta producida décadas antes y que sesgaría numerosas vidas.

Crespí y sus doce hombres de confianza destituirían al virrey, quien se ocultaría en el Castell de Bellver para posteriormente zarpar a Ibiza. Sin una figura que pudiera hacerles frente, los agermanados tomarían el poder. Crespí y los suyos llevarían a cabo una política en donde impusieron por toda la isla la llamada Santa Quitació, por la cual se fueron eliminando impuestos. Solo unos pequeños reductos resistirían fieles al poder real, esencialmente los castillos de Bellver y de Santueri, y particularmente la amurallada Alcúdia. Con el movimiento declarado fuera de la ley por el propio monarca, que por entonces se encontraba en Worms, muchos de los que habían apoyado a la causa agermanada fueron distanciándose de un movimiento cada vez más radicalizado. Y es que dentro del grupo de agermanados pronto surgirían las primeras discrepancias, saldándose con el derrocamiento de Joan Crespí a manos del nuevo lider, Joanot Colom. Éste, uno de los hombres de confianza del otrora cabecilla, mandó hacer prisionero a Crespí, que acabaría sus días como reo.

Joanot Colom, líder de los agermanados durante su segunda etapa.

Joanot Colom, líder de los agermanados durante su segunda etapa.

Sin apenas cohesión y con un malestar generalizado por los ataques y saqueos que Colom y sus adeptos realizaban, el movimiento derivaría en una guerra civil que serviría para el fortalecimiento de Colom como figura más destacada. Mientras ésto pasaba en Mallorca, su hermano Francesc intentaba extender el movimiento a las otras islas vecinas. Desde allí, en coordinación con otras ciudades del litoral peninsular en donde se hallaban refugiados numerosos funcionarios, aristócratas y demás importantes personalidades mallorquinas, se realizaría una contraofensiva que contaría con el amparo de Carlos V, que por entonces había puesto fin al caos en Castilla y Valencia. Disponiéndose a eliminar el movimiento agermanado en Mallorca, el último foco de resistencia, en octubre de 1522 el virrey Gurrea volvería a la isla junto a un gran ejército imperial que recuperaría terreno con rapidez. Los agermanados, desunidos y habiendo olvidado sus objetivos más primigenios, poco podrían hacer ante un ejército implacable que se aplicó con dureza en su avance. Con toda la isla bajo poder del virrey, en marzo de 1523 Ciutat caía en manos de las tropas imperiales tras una larga lucha.

Gurrea, de nuevo como figura de autoridad, aplicaría con extrema severidad castigos a los rebeldes que habían sobrevivido a las duras batallas libradas. Con la aprobación real, Gurrea decretaría desde galeras hasta exorbitantes multas imposibles de pagar, si bien lo peor fue reservado a Joanot Colom y a su familia. Dada la gravedad de los actos de los rebeldes que él mismo había liderado, Colom sería ajusticiado en junio de ese mismo año, siendo su cabeza cortada y colgada a perpetuidad en la puerta Pintada de Ciutat como recuerdo de sus acciones y su castigo ejemplar. Su familia, maldecida y repudiada, vería destruida su casa y sus tierras, y sus bienes requisados. No mejor suerte tendrían otros de sus más febriles colaboradores, aunque muchos otros que habían mostrado simpatías por el movimiento fueron objeto de ajusticiamiento o represalia durante los años posteriores. Y es que la clase privilegiada, que había salido victoriosa con la eliminación de la revuelta, actuaría a su vuelta motivada más por venganza que por justicia. destruido el movimiento agermanado, y en un ambiente represivo para con un pueblo que había favorecido mayoritariamente la causa rebelde, los efectos socioeconómicos después de la revuelta serían tan catastróficos que Mallorca quedaría muy relegada dentro del mapa controlado por los Habsburgo.

 

En colaboración con QAH| Tempus Fugit

Vía| Casasnovas, Miquel À. (2007). Història de les Illes Balears, Editorial Moll, Palma de Mallorca; Floristán, A. (2010). Historia Moderna Universal, Editorial Ariel, Barcelona.

Imágenes| Castell de Santueri, Crespí, Colom

En QAH| Los Comuneros y Carlos V

 

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