Cultura y Sociedad 


Las escaleras de Odessa, el estruendo de los tiros en el cine mudo

Cuando la propaganda política, los deseos de controlar los designios de un pueblo o las ansias de adoctrinamiento son las que promueven la creación artística, habitualmente los productos originados se caracterizan por una calidad escasa. Sin embargo, en la URSS hubo algunos notabilísimos ejemplos durante los primeros años tras la revolución que contradicen esto.

Uno de esos ejemplos es una película hecha en 1925 para conmemorar los episodios acaecidos en Odessa en 1905 y que fueron germen de la posterior Revolución Rusa. La película fue dirigida por Sergei Eisenstein y se llamó El acorazado Potemkin; la Historia ha hecho de ella una de las obras maestras del Cine.

Su argumento es sencillo y dirigido en todo momento a glorificar los ideales de la revolución: unos marineros sometidos a infrahumanas condiciones de vida en el citado buque se rebelan contra los tiránicos mandos, desencadenándose una cruenta represión en la ciudad de Odessa, donde los amotinados habían sido recibidos con vítores. La técnica innovadora de la película, sus primeros planos, sus fundidos y algunas de sus escenas marcaron un antes y un después en todos aquellos que han tenido el placer de verla.

Sin duda, la escena cumbre es la de los soldados imperiales abriendo fuego sobre la muchedumbre en las escaleras de Odessa; en esta parte de la película el caos, los rostros llenos de terror, el odio, la ira, la crueldad de unos soldados sin rostros que recuerdan a Los fusilamientos de Goya y la angustia se unen para crear arte en estado puro. Sobresalen por su modernidad y perfección dos escenas: la cara de una persona en primer plano ensangrentada y otra, en medio de la matanza, una madre es tiroteada y al caer empuja el carrito de su bebé escaleras abajo… El Séptimo Arte ha tomado estas escenas y las ha homenajeado en diversas ocasiones desde 1925.

Es el caso de Hitchcock en Enviado especial (1940), donde vemos en primer plano la cara de un alto cargo que recibe un tiro de un presunto fotógrafo. Coppola, en El Padrino (1972) homenajea ese escabroso primer plano con un desafortunado capo que recibe un tiro en el ojo mientras recibía un masaje y también en otro tiroteo en unas escaleras. Sin duda la citación más literal es la de Brian de Palma en Los intocables de Eliot Ness (1987), donde vemos, esta vez a cámara lenta y con todo lujo de detalles, un tiroteo en unas escaleras mientras un carrito de bebé va cayendo con gran estruendo. Incluso el cine cómico ha parodiado esta famosa escena, como es el caso de Woody Allen en Bananas (1971), Terry Gilliam en la futurística Brazil (1985) o Peter Segal en Agárralo como puedas 33 1/3 (1994), donde Leslie Nielsen tiene que hacen frente incluso al Papa. ¡Ni los Simpsons se han podido resistir a tan magnéticas escaleras!

Es curioso ver que una creación meramente propagandística, sin grandes pretensiones y sin grandes medios ha conseguido pasar barreras espaciales, temporales e ideológicas, pero es que el Arte, cuando realmente lo es, es imparable, como el carrito que aún sigue bajando por las escaleras de Odessa y el atronador sonido de los tiros que ni el cine mudo puede silenciar.

Vía|El acorazado Potemkin, Filmaffinity

Más información| película El acorazado Potemkin (1925), Sergei Eisenstein.

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Imagen|Carrito de bebé, Primer plano

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