Opinión 


Las élites políticas y lo que Pablo Iglesias no explica (II)

Las élites políticas y lo que Pablo Iglesias no explica (II)

Las élites políticas y lo que Pablo Iglesias no explica (II)

En la anterior entrada detallaba la importancia de contar con unas élites de función que actuasen de referente en las distintas disciplinas de la vida en una sociedad. Un faro tácitamente aceptado en beneficio del conjunto de personas con un proyecto común basado en la prosperidad.

Por contra, la contaminación de las élites de función proviene de generalizar las connotaciones negativas que tienen la segunda clase de élite, las élites de representación. Paradójicamente surgen con el propio sistema democrático que nos dimos en la Constitución de 1978. Son aquellas personas que ostentan el honor de poder representar  a la soberanía popular en el Parlamento, los políticos. Este es nuestro talón de Aquiles. Unas élites de representación que no están dando un testimonio diligente y certero respecto de las necesidades que exige su cargo. La regeneración debe venir por el cambio de esas élites, pero dicho cambio no debe llevarnos al desmoronamiento de toda idea de elitismo porque, como se ha señalado anteriormente, las élites impulsan a la sociedad si los filtros son los adecuados.

Parece ser que en la esfera de lo público esos filtros no purgan con demasiada eficacia las impurezas, trufando a una presunta élite con mediocridad que impulsa arribismos, cooptaciones y todo tipo de corruptelas. Con la consiguiente desidia colectiva del conjunto  de la ciudadanía, precisamente por no tener ese faro que debería alumbrar al que llamamos élites.

Hay que no dejarse engañar y saber diferenciar entre las élites de función y las de representación. Y, sobre todo, no trasladar los vicios de la segunda a la primera. La perversión del lenguaje se combate con sentido común y sin dejarse llevar por discursos salvíficos de una persona que juega a la lucha de eslóganes sin explicar los pormenores de su pensamiento. La salud democrática española es más que mejorable, pero no se encontrará en un estado tan crítico como el que muchos vociferan por los medios cuando una formación que se hace defensora de las ideas contrarias al sistema establecido puede presentarse a unas elecciones libres y, por consiguiente, ser elegidos por los ciudadanos como representantes. Esperemos que prediquen con el ejemplo ahora que Pablo Iglesias y otros tantos forman parte de esas denostadas élites de representación. Mucha fe no tengo, porque ya se sabe que una cosa es predicar y otra dar trigo.

 

Imagen| Élites políticas

En QAH| La pesca de los Rockefeller & company, Las élites políticas y lo que Pablo Iglesias no explica (I)

RELACIONADOS