Opinión 


Las élites políticas y lo que Pablo Iglesias no explica (I)

Las élites políticas y lo que no explica Pablo Iglesias

Durante las últimas semanas cualquier español de infantería habrá notado una sobredosis de todo lo relacionado con Podemos y su espectacular incursión en la vida política activa con sus más de millón doscientos mil votos. Parecen haber cambiado las reglas del juego político como si de un jugador de black jack rompiendo la mesa se tratase.

No se puede obviar la elocuencia que posee Pablo Iglesias a la hora de arengar al españolito modal. Más difícil lo tienen algunos de sus adláteres mediáticos como Beatriz Montañez, ex copresentadora de El Intermedio, que la pasada noche de lunes rozó el esperpento tras defender a ultranza en prime time de Telecinco el “proceso democrático” que lleva viviendo Venezuela los últimos 15 años. Sin entrar en detalles de cómo se batió el cobre –con ridículo resultado- la conocida periodista frente a Bertín Osborne en el programa Hable con ellas, la cuestión de fondo es la exitosa contaminación de la idea de élite, clave en Ciencia política. Hasta tal punto es así que personas formadas como dicha periodista rescata como modelo del gobierno venezolano su proceso democrático por “escuchar al pueblo” y no ejercer el poder a través de una élite impermeable. Élite no se contrapone a democracia. Para ello hay que saber el correcto significado del primero.

Para comenzar, cabe señalar que el término élite procede del verbo francés elire, elegir, y siempre hace referencia a los mejores. Se muestran frente a lo externo como personas sobresalientes con una influencia muy superior a la del resto.

En lo anterior queda claro que el concepto élite deriva del sobresaliente, como diría Spengler, la Historia no es más que un panteón de hombres ilustres, sin los cuales esta no hubiera podido ni escribirse y casi el mundo habría podido existir. Comparten esta concepción otros insignes autores como Ortega y Gasset o Pareto.

Sin embargo, diametralmente opuesta a este paradigma se encuentra la teoría marxista que concibe la historia como el desarrollo de la lucha de clases, en función de la cual las mayorías acaban dominando y derrocando a las minorías que hasta entonces han dirigido la sociedad.

Hay que dejar claro esa última idea. No es casual que al líder de Podemos se le llene la boca con frases del tipo “élites establecidas”, “minorías privilegiadas”, “lucha obrera”, etc. Tiene muy claro su modelo social basado en el inmovilismo vertical del ciudadano, esto es, la negación de una élite basada en méritos propios. Es lo que se llaman élites de función. Son el grupo de personas que ocupan posiciones superiores respecto de sus conciudadanos derivadas de sus propios méritos. Es la élite que hace prosperar a los sistemas democráticos por logros en los terrenos económico, social, intelectual o artístico. Logros emanados de una capacidad de superación basada en el esfuerzo individual. En un Estado social y democrático de Derecho como el nuestro, donde se garantiza una educación pública y universal a sus ciudadanos, este tipo de élites las ocupan personas de toda condición, cuyo denominador común es la exigencia personal que se han marcado. En próximas entradas intentaremos explicar el origen de la perversión de este tipo de élites tan necesarias.

 

Imagen| Élite

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