Historia 


Las crónicas de Indias. Tipos de crónica (II)

Tras responder a la pregunta de ¿Qué es una crónica de Indias?, y comentar el debate historiográfico creado alrededor de la validez de las mismas como fuentes históricas, en el presente capítulo hablaremos sobre los diferentes tipos existentes. Creo necesario comentar al lector de este breve trabajo que dada la dirección de mis investigaciones, las cuales están relacionadas con los cronistas del territorio de Nuevo Reino de Granada, he decidido hablar sobre algunos cronistas de estos lugares, a pesar de que su fama y repercusión pueda ser inferior a la de otros de los cronistas aquí mencionados.

Muchas y variadas clasificaciones de los tipos de crónicas de Indias se han hecho, pero dado que me parece la más completa, he decidido utilizar la ideada por Valcárcel. Según Valcárcel, podemos diferenciar cuatro grupos diferentes dentro de las crónicas de Indias, cada uno con sus propias características, las cuales veremos a continuación:

En primer lugar, nos encontramos con la denominada como “Información de servicios”, que se trata de un documento oficial, sancionado por una audiencia o cabildo, en el que un individuo prueba con testigos tal o cual hecho o actuación personal. Esto fue muy utilizado por los conquistadores que aspiraban a recibir una encomienda. Como podemos observar, en la “Información de servicios” las intenciones del cronista, es decir, la dimensión ideológica de la que hablábamos antes, tiene gran importancia. También es importante decir que en no pocos casos este tipo de texto deriva hacia una relación historiográfica de carácter más o menos subjetivo sobre los acontecimientos de la conquista en los que había participado el cronista-conquistador. Como claros ejemplos de “información de servicios” podríamos destacar la obra redactada por Bernardino Vázquez de Tapia: Relación de méritos y servicios del conquistador Bernardino Vázquez de Tapia..

Por otro lado, Valcárcel distingue la “carta”, las cuales son las cartas que los cronistas-conquistadores dirigen a sus superiores, donde la importancia de cada una depende de la calidad de su contenido (es decir, de la información historiográfica y etnográfica que aporte) y de la preparación cultural del autor. Es importante decir que las cartas suelen tener una forma autobiográfica, donde el “yo” surge con fuerza y las peripecias singulares del escribiente son el eje organización textual del contenido.

Portada de la crónica de Fernández de Oviedo

Portada de la crónica de Fernández de Oviedo

A continuación vamos a analizar el tipo de crónica que Valcárcel denomina como “obras historiográficas”, las cuales, sin ningún tipo de duda, son las más importantes a la hora de hacer un estudio historiográfico ya que estas son muy ricas en detalles, aunque como ya hemos mencionado con anterioridad, es necesario tener en cuenta la dimensión ideológica del autor a la hora de analizar las mismas. Muchos cronistas redactan sus obras con la intención de que sus escritos, de alguna manera, sean considerados documentos históricos, o el peor de los casos, sirvan para que otros con más letras y latinidad elaboren verdaderas obras historiográficas. Dentro de este extenso grupo de las “obras historiográficas” podemos ubicar a famosos cronistas como José Acosta, Gonzalo Fernández de Oviedo o fray Pedro de Aguado.

A continuación procederemos a hablar sobre lo que Valcárcel denomina como “crónica”, que dado que proliferaron las obras que en su título aparecía este término, se ha acabado denominando a todo el conjunto de textos como crónicas de Indias, cuando en realidad las “crónicas” no eran más que una parte del conjunto. Cuando hablamos de una “crónica”, debemos de tener en cuenta que nos encontramos ante un tipo historiográfico de fuerte impronta medieval, el cual, como acabamos de decir, sirvió para nombrar al conjunto de textos objeto de nuestro análisis. Se consideran crónicas aquellos que utilizan este vocablo en sus obras, como es el caso de la Crónica de Nueva España de Cervantes de Salazar, pero no existe un criterio claro de distinción. Es importante decir que la obra Crónica del Perú de Cieza de León a pesar de incluir en su título el vocablo crónica, la hemos incluido dentro de tipo textual de las “relaciones”, ya que su contenido se corresponde perfectamente con la definición que hemos hecho de las mismas.

Retrato del Inca Garcilaso de la Vega

Retrato del Inca Garcilaso de la Vega

Por otro lado nos encontramos con los “comentarios”, que utilizando las palabras de Valcárcel “Se trata de una suerte de perífrasis erudita al hilo de un texto base que sirve de línea conductora del argumento”. El comentario fue muy utilizado por los autores humanistas, como fue el caso del Inca Garcilaso de la Vega en su obra Comentarios reales de los incas.

Dentro de las “obras historiográficas” todavía nos encontramos con un tipo textual más, y es la “historia”. En primer lugar es necesario afirmar que pocos autores se atrevieron a titular sus trabajos con el vocablo de “historia”, ya que pocos consideraban reunir los requisitos exigidos al historiador: poseer latinidad, lecturas de los grandes historiadores greco-romanos (Tucídides, Tito Livio, Herodoto…) y en fin, ser capaz de escribir una obra con un estilo elevado. Como podemos observar, no todas las crónicas pueden ser calificadas como “historia”, ya que el autor debe de tener ciertos conocimientos (y aplicarlos en su obra) que no todos disponían. De esta forma, podemos afirmar que viendo el sentido que se le daba en la época al término “historiador”, únicamente podríamos calificar como tales a Agustín de Zárate, López de Gómara, José de Acosta, Bartolomé de Las Casas y Fernández de Oviedo, que a pesar de las críticas recibidas por sus limitados conocimientos del latín, sus obran demuestran las cualidades que son requeridas para ser denominadas “historia”. En un grupo muy similar al de Oviedo, aunque sin poder llegar a calificarlas de “historia”, nos encontraríamos con Bernal Díaz del Castillo y Cieza de León, los cuales si no pueden ser considerados historiadores, por lo menos podemos decir que se acercan a ello.

El último grupo en el que podemos dividir las crónicas de Indias según Valcárcel son las “obras etnográficas”. De estas, es necesario decir que son muy reducidas, ya que para que se de una verdadera obra etnográfica es necesario el conocimiento de lenguas indígenas, y como es sencillo de entender, este requisito no era muy abundante entre los españoles, aunque sí que existieron ejemplos de “obras etnográficas”. Podemos considerar a estos cronistas-etnógrafos como los pioneros de la ciencia etnográfica, y como característica general de sus obras es necesario afirmar que suelen ponerse del lado del indígena, y critican los tratos violentos que se tienen con ellos. Dentro de este tipo de obras, podíamos ubicar a Bernardino de Sahagún, fray Toribio Montolinia, Cristóbal de Molina o Diego de Landa. La grandeza de estos cronistas-etnógrafos hoy se nos presenta sin paliativos, y tal vez, el colapso de las culturas indígenas no fue tal gracias a la tarea de estos hombres, que colaboraron sustancialmente para que los indígenas sigan siendo una parte muy importante de la realidad hispanoamericana.

A lo largo del artículo hemos podido ver una posible división del inmenso mundo cronístico indiano, pero he de decir que no es el único, ya que existen varios diferentes, pero dada su sencillez y su certeza, me he decantado por el que habéis podido observar.

 

Vía: TORO, Mariluz: “La construcción de la alteridad en la Recopilación Historial de fray Pedro Aguado”, Historia y Sociedad, 1997, págs. 117-149; VALCÁRCEL MARTÍNEZ, Simón: Las crónicas de Indias como expresión y configuración de la mentalidad renacentista, Granada, 1997; MARTÍNEZ ANDONEGUI, Iñaki: “La presencia del demonio entre los indios de Nueva Granada según las crónicas de Indias (siglos XVI y XVII)”, Mundo Histórico, págs. 1-18.

Imágenes| Portada crónica Fernández de Ovideo, Inca Garcilaso de la Vega

En QAH| ¿Qué son las crónicas de Indias? Debate historiográfico (I)

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