Historia 


Las colonias tabarkinas: un hilo cultural entre Túnez, Italia y España

Tabarka es una pequeña isla situada en frente de la homónima ciudad tunecina. Sin embargo, el gentilicio tabarkino indica el nombre no solo de su población, si no también de la de otras dos islas, ubicadas en Italia y en España.

El origen de los tabarkinos se remonta al final del siglo XI, cuando los pisanos empezaron a explotar las costas tunecinas para la pesca del coral, definido como “el oro rojo”. En el año 1167 el Bey de Túnez, Abdallah-Bockoras, concedió a los pisanos el pleno poder sobre la isla. Durante el siglo XV fueron los pescadores catalanes los que pasaron a tener el control de Tabarka y de la producción del coral, hasta que los genoveses obtuvieron, en el 1451, un privilegio del Bey para pescar y comerciar el coral en la costa desde el Cabo Rojo hacia Occidente. En aquella epoca Génova era una potencia marítima, cuya influencia se extendía en el Mediterráneo y más allá, llegando hasta el Cercano Oriente.

En la isla de Tabarka los colonos ligures, bajo el servicio de la poderosa familia Lomellini, fundaron un asentamiento estable, con fortificaciones y murallas, dando lugar al único enclave cristiano de la costa del Magreb y convirtiendo la isla en un importante emporio comercial, también a través de la creación de una compañía dedicada al comercio del coral.

Con la toma de Túnez en el 1535 por parte de Carlos V, que recondujo la ciudad bajo el control cristiano quitandola a Jeireddín Barbarroja y al Imperio Otomano, Tabarka pasó bajo el control español. En 1542 se firmó un contrato entre la Corona Española, representada por el virrey de Sicilia, Fernando Gonzaga, y las familias Lomellini y Grimaldi para la explotación del coral del Marsacares. El acuerdo, que se renovó en el 1570, preveía que los Lomellini pudiesen dedicarse a la pesca y comercio a cambio de pagar a la Corona Española un quinto de lo obtenido por la venta del coral en Génova.

El dominio genovés de la isla siguió por dos siglos, hasta que los tunecinos consiguieron apoderarse de ella y esclavizaron a los tabarkinos genoveses, en el 1741. La Corona española logró rescatar a los colonos entre el 1768 y el 1769, concediéndoles establecerse en la Isla Plana, frente a la costa de Santa Pola, en la provincia de Alicante.

Puerta en la muralla de Nueva Tabarka

Puerta de la muralla de Nueva Tabarka.

Fue así como sesenta y nueve familias de origen genovés colonizaron la isla española, hasta entonces practicamente despoblada, que los romanos llamaban “Planaria” y que en época medieval era llamada Isla de San Pablo (Illa de Sant Pau en valenciano), porque según la tradición ese fue uno de los lugares donde desembarcó el apostol. A partir del 1770 la isla fue renombrada Nueva Tabarca, topónimo que se ha quedado hasta ahora. Además que para compensar a los tabarkinos rescatados, la colonización de la isla alicantina sirvió también para evitar que fuese utilizada por los piratas como base para efectuar incursiones en las costas cercanas.

Ya años antes, en el 1738, casi cuatrociento colonos de la Tabarka tunecina habían llegado a la isla de San Pietro en Cerdeña, con el beneplácito del Rey Carlo Emanuele III de Saboya y como súbditos del Marqués de la Guardia, para establecerse como colonos y fundar la ciudad de Carloforte. El abandono de la isla de Tabarka fue debido sobre todo a las frecuentes incursiones moriscas y al empobrecimiento de los arrecifes de coral, explotados desde hace siglos.                

Una calle de la ciudad de Carloforte.

Una calle de la ciudad de Carloforte.

Las actividades más practicadas por los tabarkinos eran la pesca del atún y del coral. A pocos años de distancia fue fundada también la ciudad de Calasetta, en la cercana isla de Sant’Antioco. Ambas ciudades, Carloforte y Calasetta, todavía se definen “tabarkinas”, han conservado hasta ahora sus tradiciones y siguen hablando el dialecto tabarkino, una variedad del dialecto genovés.

Al final del siglo XVIII,  Carloforte sufrió, en pocos años, los ataques de los franceses y de los piratas tunecinos; si la invasión francesa no fue particularmente importante, en cambio la incursión morisca en el 1798 causó la destrucción de la ciudad y la captura de novecientas treinta y tres personas que fueron vendidas como esclavas en los mercados norteafricanos. Pasaron cinco años antes que el rey de Saboya pudiese liberar a los cautivos, permitiéndoles así volver a Carloforte, que fue protegida con la construcción de una muralla que solo en parte se ha conservado hasta nuestros días.

Hoy en día huellas del origen común se encuentran en todas las colonias tabarkinas: las ciudades de Nueva Tabarka y de Carloforte están hermandadas. En la primera los apellidos más comunes son genoveses, pero el idioma ligur se ha perdido completamente en favor del valenciano; al contrario, Carloforte ha conservado una relación muy fuerte con Génova y los habitantes hablan cotidianamente el “tabarkino”.

La Tabarka tunecina actualmente está conectada al continente a través de un istmo artificial construido durante el periodo del protectorado francés en Túnez. En los últimos decenios del siglo XIX, la vida en Tabarka estuvo particularmente afectada por las incursiones de algunas tribus procedentes del interior del Norte de África, que atacaban también los barcos que transitaban por aquella zona.

En los últimos años se ha presentado a la UNESCO una petición para que se reconozca como Bien Inmaterial de la Humanidad el conjunto de historia y tradiciones relacionadas con las ciudades tabarkinas; con este objetivo se hermanarán cinco municipios: el de Tabarka en Túnez, los de Carloforte y Calasetta en Cerdeña, el de Alicante (al que pertenece Nueva Tabarka) y el de Génova-Pegli.

Lápida que conmemora el hermanamiento entre Nueva Tabarka y San Pietro

 

Vía|tierras tabarkinas

Más información|Nueva Tabarka Alicante

Imágenes| Fotos pertenecientes a colección personal

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