Historia 


Las bibliotecas en el mundo islámico medieval

Comenzamos nuestro artículo mensual cambiando de ámbito pero no de época. No cabe duda de la importancia del saber transmitido y conservado en el mundo musulmán medieval. Muchas son las vías de transmisión y muchas las traducciones pero ¿dónde se recopilaban estos saberes? Para responder a esta pregunta vamos a intentar desentrañar la estructura y el funcionamiento de una biblioteca en el mundo islámico.

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Ilustración proveniente del “Maqamat al-Hariri” realizada por Yahya al-Wasiti. Bagdad, siglo XIII

 

La creación de bibliotecas surge ante la necesidad de conservar y organizar el saber conocido, primigeniamente para conservar los textos del Corán en las mezquitas. Estas bibliotecas fueron aumentando el número de ejemplares gracias a las donaciones de particulares. Estos donativos estaban condicionados a los deseos de su dueño, pues existían una serie de normas para el préstamo o copia de sus ejemplares. Es importante destacar que el libro estaba concebido como un elemento de prestigio, puesto que no todos los individuos que compraban libros o formaban bibliotecas tenían que ser especialmente leídos o interesados en el saber.

Las bibliotecas no se establecían en un lugar fijo sino que podemos encontrar su ubicación en diversos lugares atendiendo a su carácter e importancia:

– El primer lugar que queremos mencionar son las Mezquitas. Poseían un carácter semipúblico puesto que en algunas había centros de estudio donde los eruditos podían reunirse y consultar los libros. Además de ser un centro sagrado, de oración, la mezquita no realizaba únicamente esta función. Podía realizar además la función de acogida, de escuela o de biblioteca. Las mezquitas serán los principales centros de enseñanza hasta la aparición de las madrasas. Los ejemplares que iba acumulando la biblioteca de una mezquita solían provenir de la donación de particulares y la temática estaba ligada al saber superior (ciencias religiosas y jurisprudencia). Debido a la actividad intelectual que se llevaba a cabo en su interior, las mezquitas se convirtieron en un espacio social donde poder intercambiar conocimientos. Según Alfonso Muñoz Cosme, las bibliotecas en las mezquitas solían instalarse en un sitio de fácil accesibilidad, casi siempre cerca del mihrab, y los libros estarían dispuestos en estantes o armarios. Un ejemplo de esto sería la mezquita de Kairouan (Túnez).

– El siguiente lugar lo ocupan las madrasas, escuelas propiamente dichas, algunas también con un carácter público. Alfonso Muñoz Cosme nos indicará que el entorno más destacado donde se situarán las bibliotecas de las madrasas será al Este o sureste del edificio. Un ejemplo es la madrasa de Zahiriyya en Alepo. Los libros se guardaban en un armario con diversos compartimentos. También se podían encontrar apilados en habitaciones con el lomo hacia afuera y con el Corán colocado en un lugar privilegiado.

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Miniatura del período otomano

 

– Por último hay que nombrar las casas Particulares. Estos casos atendían al interés propio, ya que eran bibliotecas de carácter privado. El propietario llenaba su biblioteca acorde con sus intereses. Es importante destacar que no sólo los miembros de clases altas podían crear bibliotecas particulares.

¿Cómo se concibe el espacio en las bibliotecas islámicas? Lógicamente, dependía del tamaño y el carácter de cada biblioteca. Cuanto más grandes fueran, más ostentosas y amplias serían sus salas. Estarían adornadas con alfombras y cojines para leer y discutir de manera relajada. Las ventanas y las puertas estarían tapadas por cortinas que protegerían a los lectores y a los libros de la luz y el frío. En la gran sala donde se sentarían a leer, habría una fuente central cuya función sería refrescar y dar de beber a los lectores. En cuanto a las salas de copia, podrían copiar individualmente o en grupo y normalmente también serían amplias. Los libros solían guardarse en armarios situados en habitaciones aisladas. Los ejemplares estarían colocados por el mismo orden que en el catálogo y estarían a la vista a través de una lámina de vidrio.

En cuanto al encargado de las mismas, nuestro bibliotecario se ocuparía de numerosas funciones de la biblioteca: conservación, cuidado y preservación de los ejemplares, distribución de tinta y papel a los usuarios, recepción y supervisión de donaciones y nuevos ejemplares, corrección de libros, escribir el catálogo, etc.

En conclusión podemos decir que no es solo importante la transmisión del saber, que lo es, sino también su modo de conservación. A pesar de los múltiples atropellos que han podido sufrir estos centros a lo largo de la historia, es innegable su importancia y prestigio pues gracias a un correcto modo de conservación muchos ejemplares se han salvado del olvido.

Vía|LERNER, F.: Historia de las bibliotecas del mundo. Desde la invención de la escritura hasta la era de la computación. Edit. Troquel, 1999 / MUÑOZ COSME, A.: Los espacios del saber. Historia de la arquitectura de las bibliotecas. Ediciones Trea S.L., 2004 / CARABAZA BRAVO, J.M./ ALY TAWFIK MOHAMED ESSAWY: El saber en Al-Ándalus. Textos y estudios II. Universidad de Sevilla, fundación el Monte, 1999

Imágenes| Reunión de estudiantes en una biblioteca / Profesor y estudiantes

 

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