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Las bases de datos: “rara avis” en el derecho de la propiedad intelectual (I)

bases de datosEn plena era de la sociedad de la información, resulta impensable imaginar un entorno social o profesional en el que no tengamos a nuestra disposición una cantidad inabarcable de información. Buena parte de esta información está contenida en lo que se denominan bases de datos.

Las bases de datos, como una pintura o una obra musical, son objeto de propiedad intelectual, tal y como establece el artículo 12.1 del Real Decreto Legislativo 1/1996, de 12 de abril, por el que se aprueba el texto refundido de la Ley de Propiedad Intelectual, regularizando, aclarando y armonizando las disposiciones legales vigentes sobre la materia (“LPI”), cuando por la disposición o selección de sus contenidos constituyan una creación intelectual.

La finalidad de los derechos de propiedad intelectual que recaen sobre las bases de datos no es otra que proteger las inversiones sustanciales que realizan los fabricantes de bases de datos, y así fomentar y proteger las inversiones en los sistemas de almacenamiento y tratamiento de datos, las cuales contribuyen al desarrollo de los mercados de la información.

Sobre las bases de datos recaen tres tipos de derechos de propiedad intelectual: los derechos de propiedad intelectual que recaen sobre los contenidos de la base de datos; los derechos de propiedad intelectual que recaen sobre la disposición, organización y estructura de la base de datos; y un tercer tipo de derecho “sui generis” creado por el legislador europeo para proteger la inversión económica, material y de tiempo del fabricante de la base de datos. Esto implica que ni el contenido de la base de datos ni siquiera el software que permite acceder a la base de datos están protegidos por el derecho “sui generis” que protege las bases de datos.

El derecho “sui generis” proviene del Derecho escandinavo y protege la inversión sustancial, evaluada cualitativa o cuantitativamente, que realiza su fabricante ya sea de medios financieros, empleo de tiempo, esfuerzo, energía u otros de similar naturaleza, para la obtención, verificación o presentación de su contenido (artículo 133 LPI).

Una nota particular de este derecho “sui generis” es que su activación no requiere que la creación intelectual cumpla los requisitos de originalidad, a diferencia del resto de derechos de propiedad intelectual que protegen el resto de creaciones intelectuales. Esto ha supuesto que la doctrina haya planteado la no inclusión de este derecho dentro de la norma fundamental de la propiedad intelectual en el ordenamiento jurídico español. Es importante matizar que este derecho protege la inversión que se realiza durante el proceso de elaboración de la base de datos, y no la inversión realizada para la obtención de toda la información que compone el contenido de la base de datos.

Una de las grandes problemáticas que entraña la regulación de las bases de datos en el ordenamiento jurídico español es la de definir el concepto de inversión sustancial, el cual queda sujeto a la decisión del juzgador, que enjuiciará si la inversión es lo suficientemente sustancial como para merecer la protección del derecho “sui generis”.

En cuanto al contenido del derecho “sui generis”, éste faculta al titular a «prohibir la extracción y/o reutilización de la totalidad o de una parte sustancial del contenido de ésta, evaluada cualitativa o cuantitativamente, siempre que la obtención, la verificación o la presentación de dicho contenido representen una inversión sustancial desde el punto de vista cuantitativo o cualitativo. Este derecho podrá transferirse, cederse o darse en licencia contractual», donde extracción se referiría a un uso privado de la totalidad o de una parte sustancial de la base de datos, y reutilización supondría la disposición al público de la totalidad o de una parte de la base de datos en forma de venta o alquiler, de la base de datos original o copias de la misma.

Vía| NoticiasJurídicas

Imagen| BasesdeDatos

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