Cultura y Sociedad 


Lágrimas de San Lorenzo: noche estrellada

Tras la expresión “lluvia de estrellas”, ¿qué nos encontramos? Pues ni lluvia, ni estrellas. Tan solo se trata de la forma poética de describir un fenómeno científico. Las también llamadas “estrellas fugaces”, son en realidad pequeñas partículas de polvo, algunas incluso más pequeñas que un grano de arena, que van dejando los cometas a lo largo de sus órbitas alrededor del Sol.

Cada año por estas fechas, la Tierra cruza la órbita del cometa Swift Tuttle, que tiene un período de 133 años y que pasó por última vez cerca del Sol en 1992. Esta es la razón por la que en el mes de agosto se produce la conocida Perseidas o Lágrimas de San Lorenzo. No es la mayor lluvia de meteoros, pero sí la más popular y observada en el Hemisferio Norte, sobre todo porque ocurre en un período estival de buen tiempo.

Las Lágrimas de San Lorenzo en una noche de verano

Las Lágrimas de San Lorenzo en una noche de verano

Pero más allá de lo puramente racional ¿qué leyenda se esconde tras este fenómeno? La historia narra que, tras crucificar al Papa San Sixto II, los romanos quisieron apoderarse de los tesoros de la Iglesia. El emperador exigió a Lorenzo, responsable de administrar y conservar los bienes eclesiásticos que se los entregara, pero éste reunió a un numeroso grupo de ciegos, tullidos y menesterosos asegurando que ellos eran el auténtico tesoro. La respuesta del emperador, que no se hizo esperar, hizo que se descargara toda la furia contra Lorenzo. Según cuenta la leyenda, San Lorenzo fue asado en una parrilla por el emperador Valeriano. El santo soportó su martirio el 10 de agosto de 258 y durante las noches posteriores los romanos vieron cómo se dibujaba en el cielo cientos de estrellas fugaces: las lágrimas del mártir. Desde entonces, la noche más estrellada del año recibe el nombre de “Las lágrimas de San Lorenzo”.

La razón de que este acontecimiento también reciba el nombre de Perseidas se debe a que los meteoros parecen venir de la constelación de Perseo. Y aquí encontramos otra leyenda que nos cuenta que Perseo, un semidiós griego, nació precisamente de la lluvia de oro con la que Zeus embarazó a Dánae.

Más allá de las leyendas, lo que si es seguro es que esta lluvia de meteoros se extiende desde el 24 de julio hasta el 16 de agosto; aunque los días que mejor hemos podido disfrutar de ella han sido las noches del 11 al 12 y del 12 al 13 de agosto. ¿Y cuál fue la mejor forma? A simple vista, sin prismáticos ni telescopios, simplemente tumbados viendo el mayor campo de cielo posible.

 

Vía| tendencias21

Más información| atiende.tv

Imagen| Lluvia de estrellas

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