Economía y Empresa 


Laberinto Digital: ¿Hay salida para la sobrecarga de información?

¿Y si la tecnología en vez de convertirse en el instrumento de eficacia y productividad que todos esperábamos, fuera un obstáculo a las mismas?, ¿y si el email, la web, y los equipos informáticos se hubieran convertido en enemigos declarados de la eficiencia laboral?, ¿significaría eso que la empresa tradicional está a salvo, bajo el refugio de métodos y procedimientos hoy considerados arcaicos y escasamente rentables?

¿Estamos preparados ante la sobrecarga generada?

Lo cierto es que estas preguntas comenzaron a plantearse hace ya unos años. Cuando la era de la informática comenzaba a barruntarse allá por 1970, y el futuro estaba más que nunca cerca de convertirse en una realidad tangible, muchos teóricos mostraron cierta preocupación ante la implantación del ordenador en el día a día del trabajador. Vieron la luz muchos ensayos al respecto. En 1967, un artículo realizado por Russell L. Ackoff, famoso por investigar los sistemas de organización que existen en los distintos niveles de la sociedad, ya aconsejaba que todo diseño de sistemas de información eficaz, debía ir encaminado hacia la eliminación de lo irrelevante, para que así los directivos pudieran enfocarse en lo que realmente importa.  Más asociada al futurismo y a la crítica de las sociedades post-industriales, encontramos la obra “Future Shock” (1970), cuyo autor Alvin Toffler anticipaba para los individuos de los años próximos un estado psicológico denominado “information overload” (sobrecarga informativa) producido por “demasiados cambios en un período de tiempo demasiado corto”.

Recientemente, el término se ha actualizado con acepciones tales como “infoxicación” o “infobesidad”, que incluyen quizá, una interpretación más peyorativa, en lo que los expertos de los Recursos Humanos y las nuevas tecnologías han dictaminado ya como uno de los grandes males del siglo XXI. Y es que, mientras los ordenadores han ido creciendo en hardware, software, capacidades y facilidad de uso, los seres humanos hemos ido dependiendo cada vez más de ellos en nuestro día a día. Así pues y sin darnos cuenta, la forma en la que accedemos a la información se ha ido alterando con el transcurrir del tiempo, dificultando progresivamente nuestra habilidad para enfrentarnos a las tareas diarias y poder resolverlas eficazmente.

Cada día se generan 2,5 trillones de bytes de datos, una cifra que va camino de crecer exponencialmente con el paso de los años (según previsiones de Google, para 2020 estaríamos produciendo 53 trillones de gigabytes). Precisamente algunos, como Hal Varian, economista jefe de la gran G, ven en esto una situación con difícil solución, aunque no imposible: “en el pasado estábamos faltos de calorías y ahora el problema es la obesidad. Antes había  escasez de datos y ahora el problema es el exceso de datos…el mejor trabajo de aquí a diez años será el de estadístico. No bromeo”.

Cuando pronunció estas palabras, allá por el 2009, el fenómeno del Big Data tan sólo era un rumor, algo que parecía más cercano a la ciencia ficción. Hoy, se trata de una figura imprescindible en el devenir de las grandes empresas, e incluso de los gobiernos, y se están destinando grandes recursos a preparar concienzudamente a los jóvenes que pretendan especializarse en la gestión masiva de datos, para que así la sociedad del mañana pueda enfrentarse a un reto que no cesa de complicarse.

¿Estamos preparados para gestionar todos estos cambios? Por supuesto. La galaxia digital no hace sino acrecentar su tamaño, algo que seguirá sucediendo invariablemente, pues es lo que le da el sentido. Mientras nos concentremos en lo que realmente abarcamos, no habrá nada que temer: la toma de decisiones no depende de variables desconocidas, sino de factores deducibles. La tecnología bien puede ayudarnos en ello, pero no estará de más recordar que no es un fin en sí misma, sino un medio para alcanzar nuestros objetivos.

 Imagen | Classora Blog

En QAH| ¿Tenemos derecho al olvido en la red?

 

 

RELACIONADOS