Coaching y Desarrollo Personal 


¿La vida es tiempo?

 

¿Es la vida una sucesión de segundos, minutos u horas? Supongo que cualquier persona respondería que no a esta pregunta. ¿A quién le gustaría imaginar su vida como un transcurso continuo de acontecimientos intrascendentes? A nadie. Sin embargo, aunque la respuesta a esta pregunta sea negativa, un sinfín de personas rigen sus vidas de acuerdo con ese pequeño dictador que llevan en la muñeca y, lo peor de todo, muchas de estas personas ni siquiera son conscientes de que están siendo esclavizadas por su propia forma de pensar.

¿Quién no se ha visto en una reunión aburrida, ha mirado el reloj buscando alivio y éste le ha regalado un puñetazo en el estómago al indicarle que todavía falta una hora para que termine? ¿Quién no se ha levantado un lunes por la mañana y ha pensado “en 5 días es viernes”? Pues bien, cuando pensamos así nos estamos haciendo un flaco favor.

En primer lugar porque nos predisponemos de forma negativa a todo lo que pueda pasar. Lo que nos estamos diciendo es “qué pereza me está dando hacer esto ahora. Preferiría hacer otra cosa” y claro, nuestra mente, buscando aliviar nuestro malestar frente a esa tarea, entra en un estado de semiinconsciencia que podemos denominar “piloto automático”. Es decir, al hablarnos así, no sólo estaremos preparando nuestra mente para que todo nos parezca aburrido sino que, además, nuestra mente, con la finalidad de ayudarnos, al poner  el piloto automático reducirá el número de estímulos que percibimos dificultando aún más  romper el círculo. ¿No has notado que cuando te estás aburriendo entras en un El tiempobucle del que es difícil salir?, ¿cómo si no encontraras nada que te apeteciera hacer? Es tu mente echándote una mano para pasar el rato.

En segundo lugar, porque vivir de esta forma daña nuestra imagen de nosotros mismos y, si se sostiene en el tiempo, puede inducir a la depresión. ¿Viviendo así quién podría pensar que su vida es interesante? Lo habitual, cuando se mantienen rutinas mentales de este tipo durante un largo periodo de tiempo, es que nos mandemos muchas veces el mensaje “qué pereza”, “no quiero hacer esto”, “¿Por qué yo?” y estas preguntas acaben haciendo mella en nosotros, condicionando nuestro estado de ánimo y hasta pudiendo hacernos caer en una ligera depresión. Además, un remedio útil, pero que no soluciona el problema, es alejarse temporalmente  de la fuente que nos genera ese sufrimiento: unas excitantes vacaciones.

Si medimos nuestra vida en función del día de la semana en el que vivimos o en función de lo que haremos cuando haya transcurrido esta hora o la siguiente estaremos convirtiendo el tiempo en nuestra vida. Crearemos mensajes del tipo “Es viernes, hoy voy a pasarlo bien” y “Es lunes, qué pereza…” que serán los que, de algún modo, condicionen nuestras emociones afectando directamente a nuestra calidad de vida.

El tiempo debería ser tenido en cuenta como un instrumento de organización social, es decir, una forma de ponernos de acuerdo con los demás sobre el momento en el que reunirnos para realizar una actividad concreta y nada más, no debería convertirse en un elemento central de la vida de cada individuo.

Como siempre, cambiar nuestros hábitos mentales no es fácil, sin embargo está al alcance de todos. Debemos centrarnos en dirigir nuestra atención hacia las tareas que estamos realizando para evitar que entre en acción el mencionado “piloto automático” e identificar los mensajes negativos que nos mandamos mientras intentamos darles una perspectiva más positiva. Con el tiempo y la repetición, cada vez nos irá costando menos mantener la concentración en lo que hacemos y los mensajes negativos irán desapareciendo. Lo que estaremos consiguiendo será estar en contacto con lo que hacemos y pensar nuestra vida en función de nuestras experiencias, en lugar de hacerlo conforme al tiempo. Al fin y al cabo nuestra vida son las cosas que nos pasan, las experiencias que tenemos. Es evidente que habrá experiencias que sean objetivamente más aburridas que otras, pero cada uno de nosotros podemos decidir enfocarlas de un modo que las haga menos soporíferas.

¿No sería mucho más coherente con nosotros mismos medir nuestras vidas en función de las experiencias que tenemos? Como curiosidad para reflexionar, dejo a continuación un modelo aproximado de lo que sería la vida de una persona medida en función de la cantidad de información que podemos procesar, que sería lo mismo que medir el número aproximado de experiencias que podríamos tener. El fragmento ha sido extraído del libro “Fluir” de Mihaly Csikzentmihaly:

Nuestro conocimiento científico ha llegado a esta conclusión, estamos a punto de ser capaces de estimar cuánta información puede procesar el sistema nervioso central. Parece que podemos manejar como máximo siete señales informativas (tales como sonidos distintos, estímulos visuales o cambios reconocibles de emoción o pensamiento) en cualquier instante determinado; el tiempo más corto que tenemos para discriminar entre un grupo de señales y el siguiente es de 1/18 de segundo. Utilizando estas cifras se llega a la conclusión de que es posible procesar 126 bits por segundo, 7.560 por minuto o casi medio millón por hora. A lo largo de una vida de 70 años, y contando 16 horas despiertos al día, esto suma un total cercano a 185 miles de millones de bits de información. Este total es todo lo que puede sucedernos en la vida; cada pensamiento, recuerdo, sentimiento o acción. Parece un total enorme, pero en realidad no es tan grande.

A lo que le prestas atención crece y se desarrolla, termina por convertirse en parte de tu vida. ¿No sería mejor centrar nuestra atención en todo lo que hacemos, sea más o menos divertido, para intentar extraer el mejor resultado posible que utilizar el reloj para ir saltando entre los momentos divertidos y los aburridos?

 

Vía| Libro “Fluir. Una psicología de la felicidad” de Mihaly Csikzentmihaly

Imagen| Los relojes de Dalí

En QAH| La simpleza de las cosas, ¿Cómo cambia una persona?, La resistencia al cambio en el proceso de crecimiento (I)

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