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La vida es como tú la quieras ver

Complejo. Ese dichoso compañero de viaje que nos persigue sin que le hayamos invitado a vivir con nosotros. Aparece sin previo aviso, y sin esperar respuesta se queda a nuestro lado compartiendo momentos íntimos de nuestra vida y nuestro día a día. Permanece a la sombra, permanentemente al acecho y no está dispuesto a marcharse fácilmente.

Es como ese “amigo invisible” que muchos niños tienen en su infancia, un compañero de juegos, fiel y protector, pero imaginario y con muy malas intenciones. Bajo la apariencia de consejero, nos dicta qué hacer, qué comer, cómo vestir,… Poco a poco nos invade, se convierte en guía de nuestras decisiones y controla nuestros pensamientos. Lo más increíble de todo es que le dejamos hacer y, sin darnos, cuenta empezamos a perder.

Perdemos la ilusión por salir con nuestros amigos, por abrirnos al mundo y mostrarnos tal cual somos. Perdemos la ilusión por bailar, por soñar y hasta por comer. Perdemos la ilusión de participar en debates, juegos, deportes o competiciones. Perdemos oportunidades laborales, de pareja o incluso personales. Perdemos vida.

Nos da miedo luchar por lo que creemos que no merecemos o que no lograremos. Nos da miedo no llegar, no gustar, no mejorar. Nos da miedo reconocer los fallos y asumirlos como propios para intentar cambiarlos. Nos da miedo volar muy alto y caer, hacernos ilusiones y fracasar. Nos da miedo vivir.

Y como se dice por ahí, con amigos así no hacen falta enemigos. Abre los ojos: cambia el chip. Piensa en positivo, brillarás por ti mismo. Márcate tus propios retos, supéralos y demuéstrate que puedes con todo y más. Aprende a ser realista, no aceptes la opinión de otros como la tuya propia, créate a diario. Supera esos defectos que tu amigo te recuerda constantemente, verás que no son para tanto. Y búscate amigos, pero de los de verdad, esos que te quieren y te aceptan tal cual eres.

Despídelo. Pregúntate cómo llegó y lo más importante: por qué. Acepta tus limitaciones y tus virtudes, esas que a veces cuesta reconocer. Y empieza a recuperar lo que es tuyo. Gánale ese terreno que perdiste y que te pertenece, la libertad de actuar y sentir, las ganas de vivir y disfrutar. Supéralo todo, y sólo así, verás que las cosas no son como dicen que son, sino como tú las quieras ver.

Imagen |  Psicoblog

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