Derecho Penal, Jurídico 


La vida en prisión

El Derecho Penitenciario es una de las ramas fundamentales del Ordenamiento Jurídico Penal, sin embargo, quizá por su marcado carácter administrativo o por la preferencia (comprensible) de los ciudadanos a alejarnos del mismo, es una de las materias jurídicas que presenta un mayor grado de desconocimiento.

La Constitución de 1.978 supuso una revolución en la concepción del régimen penitenciario español estableciendo, en su artículo 25.2 que las penas privativas de libertad y las medidas de seguridad tienen que ir orientadas a la reeducación y reinserción social, no pudiendo consistir en trabajos forzados. Obligando también al respeto de los derechos fundamentales de los reclusos durante el cumplimiento de su condena, salvo los derechos que por su propia naturaleza deban verse restringidos a consecuencia del cumplimiento de la pena privativa de libertad, como el derecho a la libertad de circulación contemplado en el artículo 17 de la Constitución Española. Contemplando también este artículo 25.2 CE el derecho de los reclusos a un trabajo remunerado, a los beneficios del sistema de Seguridad Social y a tener garantizado el acceso a la cultura, así como al desarrollo integral de la personalidad.

En la Exposición de Motivos del Código Penal de 1.995 se recogen los objetivos de reeducación y reinserción social establecidos en la Norma Fundamental, procediendo a la humanización de las penas, otorgando un mayor protagonismo a las penas de multa y considerando la prisión como última ratio.

Pena privativa de libertadLa Ley Orgánica General Penitenciaria 1/1976, de 26 de septiembre y su correspondiente Reglamento de desarrollo (RD 190/1996, de 9 de febrero) son las dos normas esenciales que regulan el sistema penitenciario español, ambas normas inspiradas en los principios recogidos en el artículo 25.2 CE.

El sistema penitenciario español tiene como objetivos garantizar el cumplimiento de las penas impuestas por los Jueces y Tribunales en sus sentencias, asegurar la custodia de los reclusos, así como proteger su integridad. Todo ello orientado a la rehabilitación de los internos, para conseguir que su paso por prisión sirva para prepararlos para una vida en libertad.

Los principios en los que se basa el sistema penitenciario español son los de individualización y progresión de grado. La individualización quiere decir que el cumplimiento de las penas privativas de libertad es eminentemente personalista, ajustado a las circunstancias personales de cada interno, por lo que  un Equipo Técnico que lo evalúa teniendo en cuenta su personalidad e historial delictivo, le asigna un régimen de vida de acuerdo con los criterios de separación y clasificación.

Como indicaba en el párrafo anterior, el régimen penitenciario se basa en la progresión de grado dentro del propio sistema. El sistema penitenciario español es progresivo y flexible, pudiendo un interno ser clasificado en un grado superior (salvo libertad condicional) sin tener que transitar necesariamente por los grados inferiores. Todo interno puede progresar hasta el tercer grado o régimen abierto en función del tiempo de cumplimiento de la pena y de su evolución, una vez analizada su conducta, participación en actividades, comportamiento durante los permisos. etc. Pero también, en caso de comportamiento negativo, se puede restringir su régimen de vida regresándole de grado.

En la mayoría de los casos, los internos son clasificados en el segundo grado o Régimen Ordinario. Excepcionalmente, cuando el recluso muestra una conducta muy violenta o muy inadaptada, cabe su clasificación en el primer grado o Régimen Cerrado. El tercer grado o Régimen Abierto sirve para el cumplimiento de la función de aprendizaje del recluso para su incorporación gradual a la vida en libertad. Este régimen permite evaluar su evolución y comprobar el grado de recuperación al final del proceso. Ninguna clasificación es definitiva y antes de pasar seis meses, todos los grados son revisados.

En cuanto al tratamiento penitenciario, está orientado a la recuperación terapéutica, a desarrollar las capacidades sociales y laborales de los reclusos facilitando su reinserción. Se les incluye en programas formativos, socioculturales, recreativos y deportivos que contribuyen a su desarrollo personal y social, estimulando su autoestima y motivando una actitud respetuosa con las normas. Este concepto de intervención, base del sistema penitenciario español, se ha demostrado como la mejor vía para evitar la reincidencia.

Los internos pueden tener relaciones con el exterior por medio de comunicaciones por escrito, por teléfono e incluso personales. Tienen derecho a comunicarse semanalmente con sus familiares y amigos en los locutorios establecidos para ello. También pueden encontrarse mensualmente, sin elementos de separación físicos con su pareja o familia. Además, si tuvieran hijos menores de 10 años, se establece un sistema de comunicación de convivencia.

Los presos que se encuentren en el segundo o en el tercer grado también pueden disfrutar de permisos de salida, aprobados por la Junta de Tratamiento y autorizados por el Juez de Vigilancia Penitenciaria, siempre que hayan cumplido al menos una cuarta parte de su condena y se haya observado buena conducta. En circunstancias especiales como fallecimientos o enfermedades de un familiar cercano, alumbramiento de un hijo, etc. pueden concederse permisos de salida extraordinarios.

Centro PenitenciarioEn España contamos con los centros penitenciarios ordinarios destinados a la reclusión permanente y a los presos preventivos que están a disposición judicial. Son pequeñas ciudades autosuficientes con todos los servicios necesarios para su correcto funcionamiento, desarrollando cada interno un trabajo dentro de la misma.

Los Centros de Intervención social son los destinados al cumplimiento del tercer grado penitenciario y al control de la ejecución de las penas alternativas que no exigen el ingreso en prisión como los trabajos en beneficio de la comunidad, la localización permanente o la suspensión de penas, así como para el control de la libertad condicional.

Las Unidades de Madres son los centros en los que las internas que sean madres pueden permanecer en la compañía de sus hijos hasta que éstos cumplan los tres años. Los Hospitales Psiquiátricos Penitenciarios son los destinados al internamiento de los reclusos considerados inimputables por el juez sentenciado al padecer una anomalía o alteración psíquica de tal gravedad que les impide comprender la ilegalidad del hecho delictivo que realizaron. Por último, contamos con las Unidades Dependientes, idóneas para el cumplimiento del tercer grado penitenciario pues complementan el trabajo de reinserción iniciado en los centros penitenciarios.

El control de la ejecución de las penas es judicial, desempeñando estas funciones un órgano creado específicamente para ello, el Juez de Vigilancia Penitenciaria, pero también existe un control político desarrollado por el Defensor del Pueblo, el Ministerio del Interior e incluso las Cortes Generales y los organismos internacionales competentes.

Espero que este artículo haya servido como aproximación al conocimiento de la vida en la prisión, sin que ninguno de los lectores llegue a conocerlo en primera persona.

 

Más información| Instituciones Penitenciarias, Art. 25.2 CE, Ley Orgánica General Penitenciaria, Reglamento Penitenciario

Imágenes| Prisión pixabay, cárcel flickr

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