Historia 


La vida en la corte del Rey Sol

 

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Los jardines de Versalles. J.B.Martin

En 1648 estalló en Francia una violenta revuelta , llamada la Fronda, que dejó gran huella en Luis XIV que por aquella época contaba con la edad de 10 años. De aquella experiencia, el rey aprendió dos cosas; que París era una ciudad peligrosa para la monarquía y que la nobleza francesa suponía una amenaza incluso mayor. Así, cuando asumió el poder decidió construir un palacio alternativo a su residencia parisina, el cual le traía penosos recuerdos de la Fronda. El palacio de Versalles, se encontraba lo bastante alejado de la capital para que la plebe no interfiriera en su programa político y lo bastante cerca para no parecer que el poder regio se había alejado demasiado.

La corte era una especie de gran familia real, los aristócratas eran sirvientes del soberano y no tenían más poder que aquel que el rey quisiese concederles, incluso un simple poeta podía situarse por encima de los príncipes.

Fue allí, en Versalles, donde la imagen de Luis XIV, como Rey Sol comenzó a elaborarse, a partir de esos  ballets en los que el rey surgía como Apolo, dios del sol y de la poesía.

En la vida de Versalles, el rey era el centro absoluto y  es en 1682 cuando el soberano fija allí su residencia. Los cortesanos tenían que levantarse antes que el monarca y acostarse después de el. El día comenzaba cuando el rey se levantaba, se ponía la peluca, se vestía y lavaba. Se trataba de un acto público y obligatorio y así los miembros de la corte iban entrando en su dormitorio. Los primeros en llegar eran los de la familia real y sus principales sirvientes, seguidos de aquellos cortesanos privilegiados. Después la aristocracia y altos cargos de la Iglesia y por último el resto de la nobleza

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Detalle de la puerta del Palacio de Versalles

Tras acompañar al rey a la misa diaria, los cortesanos disponían de tiempo libre entre las 10 y las 12 de la mañana que era cuando el rey se reunía con su consejo pero a la hora de la comida debían volver con él. El rey se sentaba solo y en silencio en su habitación, rodeado de la corte. Nadie podía dirigirse a él mientras comía sino era éste  el que iniciara la conversación. La tarde se reservaba para actividades al aire libre (caza, paseo por los jardines). Tres días a la semana, tenía lugar  las llamadas “veladas  de apartamentos”, que se desarrollaban en unos salones donde se disponían mesas con comida y bebida y donde el monarca solía ser más accesible. En estos salones, una orquesta de cámara amenizaba el ambiente, y el juego era el verdadero centro de atención. A su mesa solo se sentaban aquellos a los que él invitaba y la lucha por demostrar el ingenio en las conversaciones sometía al cortesano a altos niveles de tensión difícil de soportar.

La jornada terminaba cuando el rey se iba a la cama, en una ceremonia menos espectacular que el despertar, pero igual de ceremoniosa. Después de ver al rey desvestirse y dar las buenas noches, los cortesanos podían retirarse a sus apartamentos hasta la mañana siguiente.

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Palacio de Versalles: Sala del Delfín

La rígida etiqueta establecía una barrera infranqueable entre el rey y los cortesanos, que lo veían en todo momento pero que rara vez podían dirigirse a él sin haber sido invitados. El rey era consciente que ocupaba una posición teatral y lo cultivaba en todo momento. La vida en Versalles era una trampa económica para los aristócratas que allí se encontraban, ya que mantener su status ante los ojos del rey implicaba desembolsar grandes sumas de dinero, debido a la gran cantidad de extravagancias que el rey requería y a las cuales ellos tenían que corresponder. Los aristócratas necesitaban de las dádivas reales y éste a su vez requería de ellos para alimentar la imagen de su grandeza. Círculo el cual era difícil de abandonar porque se consideraba indigno el salirse de él. La vida allí para la mayoría era incómoda y agobiante, por muy grande que fuese el palacio, a duras penas podía albergar a las cerca de 10.000 personas que se cree pudieron vivir allí a mediados del siglo XVIII.

Sin embargo, por dura que fuera la vida allí, Versalles se convirtió en el  rasero por el que se medía la existencia  civilizada en Francia y en toda Europa, no obstante la corte era llamada “el mundo”, fuera de la cual la vida no merecía la pena.

 Vía| Revista nº 61 Historia págs. 76-86

Mas información| Noble y Real: Versalles

Imágenes| Los Jardines de Versalles, Puerta del Palacio de Versalles, Palacio de Versalles

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