Astronomía 


La Vía Láctea

En nuestro particular viaje hacia el Sistema Solar, hemos repasado el universo en la escala más grande conocida (el universo observable). Hemos repasado el supercúmulo de Virgo, una gigantesca aglomeración de galaxias entre las que se encuentra un pequeño grupo al que denominamos Grupo Local, donde se encuentra nuestro hogar. Ahora, es el momento de observar la galaxia. A esta escala, nuestro Sistema Solar es casi imposible de apreciar, pero no debería sorprendernos. La Vía Láctea tiene un diámetro de unos 100.000 años-luz, y se calcula que alberga entre 100.000 y 400.000 millones de estrellas.

Recreación artística de la Vía Láctea

Recreación artística de la Vía Láctea

Es aun más difícil averiguar cuántos planetas puede haber en la Vía Láctea. De hecho, nuestro conocimiento al respecto ha ido variando ostensiblemente con el paso de las décadas. No hace tanto, pensábamos que los planetas eran poco frecuentes y que, por tanto, sistemas planetarios como nuestro Sistema Solar eran una rareza. Hoy en día, sin embargo, a medida que mejora nuestra tecnología y nuestra capacidad para descubrir planetas más allá de nuestro vecindario, creemos que es al revés. Hay más planetas que estrellas en nuestra galaxia. ¿Cuántos más? Es difícil determinarlo, pero sabemos que la media es superior a uno. Dicho de otro modo, como mínimo, hay más de un planeta por cada estrella en nuestra galaxia, pero a esta distancia tanto estrellas como planetas son inapreciables de manera individual. La única excepción es que alguna estrella explote en forma de supernova, que provocará que, durante un breve período de tiempo, de unos días, brille con más intensidad que cualquier otro lugar de la galaxia.

Todavía estamos en el reino de las galaxias, y la Vía Láctea no está completamente sola en su vecindario. Ni mucho menos. Por un lado, tenemos a la popular galaxia de Andrómeda a una distancia relativamente cercana (2,3 millones de años-luz), con la que nuestra galaxia colisionará dentro de unos 4.500 millones de años. Por otro lado, mucho más cerca, tenemos alrededor de una treintena de galaxias satélite enanas que orbitan en torno a la nuestra. De todas ellas, la más cercana es la Enana del Can Mayor, que se encuentra a solo 40.000 años-luz de distancia del centro galáctico.

La Gran Nube de Magallanes, sólo observable desde el hemisferio sur.

La Gran Nube de Magallanes, sólo observable desde el hemisferio sur.

Si vives en el hemisferio sur (o si has tenido alguna vez la ocasión de poder observar el cielo desde allí en alguna visita) seguramente habrás visto las Nubes de Magallanes. Se trata, probablemente,  de las dos galaxias satélite más espectaculares que podemos observar a simple vista. La gran mayoría de las galaxias satélite son demasiado tenues como para ser observadas a simple vista, ya que algunas apenas llegan al centenar de años-luz de diámetro.

Ahora que hemos hablado de nuestro vecindario galáctico, toca mirar a la Vía Láctea en sí. En el centro se encuentra Sagitario A*, un agujero negro supermasivo (todas las galaxias tienen uno) en torno al que orbita todo lo que forma la galaxia; también es en esta zona donde se encuentra la mayor densidad de estrellas. Es una región muy convulsa, no sólo por la materia que el agujero negro pueda estar absorbiendo, si no porque además es una zona de nacimiento de nuevas estrellas.

Asímismo, la galaxia está repleta de objetos celestes destacables. Por ejemplo, hay multitud de nebulosas (algunas que te pueden resultar familiares son la Nebulosa del Cangrejo, la Nebulosa del Águila o la Nebulosa de Orión). En la versión resumida, podría decirse que una nebulosa es una nube interestelar formada de polvo, hidrógeno, helio y plasma. En realidad, puede tener dos orígenes diferentes: puede ser tanto el precursor a la formación de un sistema estelar (la masa que compone la nebulosa puede comprimirse aun más y, si hay suficiente, terminar provocando el nacimiento de nuevas estrellas y planetas) como el destino final de la vida de una estrella que sea lo suficientemente masiva como para explotar en forma de supernova (como es el caso de la Nebulosa del Cangrejo, que es el resultado de la explosión de una supernova en el año 1.054).

Además, tenemos cúmulos globulares, que son agrupaciones esféricas de estrellas que orbitan en torno al centro galáctico. Parece que, en muchos de esos casos, se tratan de algunas de las primeras estrellas que se formaron en la galaxia (casi todos los cúmulos globulares tienen una edad de entre 11 y 13 mil millones de años) y nos permite entender cómo evoluciona la formación de estrellas desde el origen de la Vía Láctea. De todos ellos, probablemente el más popular pueda ser el Cúmulo de Hércules, al que, en 1.974, se envió el mensaje de Arecibo.

Cúmulo abierto de las Pléyades

Cúmulo abierto de las Pléyades

También podemos encontrar cúmulos abiertos. El principio es el mismo que el de los cúmulos globulares, pero sus características son diferentes. Se trata de estrellas que proceden de la misma nube molecular (es decir, todas se formaron en la misma nube) y que se mantienen ligadas por la atracción gravitacional que ejercen entre sí. Como son formaciones mucho menos compactas que los cúmulos globulares, los cúmulos abiertos sólo suelen perdurar unos pocos cientos de millones de años, momento en el que la mayor parte de las estrellas que lo componen han pasado ya a orbitar alrededor del centro galáctico. El cúmulo abierto más conocido es uno que, posiblemente, no sepas que es tal. Se trata del cúmulo abierto de las Pléyades (que da su nombre a la popular lluvia de estrellas que podemos ver en agosto todos los años, y que parece tener su punto de origen en ese lugar del cielo).

Estamos muy cerca de nuestro hogar. Si nos vamos a 30.000 años-luz del centro de la galaxia, cerca de uno de los brazos espirales de la Vía Láctea, nos encontraremos con una estrella enana amarilla. A simple vista no parecerá destacar por nada especial, ni merecería ningún tipo de atención por parte de un observador poco informado. A fin de cuentas, es una estrella a medio camino de su ciclo principal, y un 20% de las estrellas que hay en nuestra galaxia son enanas amarillas.

Sin embargo, entre los ocho planetas que la orbitan, hay uno que destacar por encima de todos los demás. Un pequeño punto azul. Estamos a punto de llegar a la última parada de nuestro viaje: desde el universo observable al Sistema Solar.

Más información| En el corazón de la Vía Láctea, El choque entre la Vía Láctea y la Galaxia de Andrómeda, El diámetro de la Vía Láctea y las Variables Cefeidas, ¿Cómo sabemos que la Vía Láctea es una galaxia en forma de espiral?

Imagen| Concepto artístico de la Vía LácteaLa Gran Nube de MagallanesLas Pléyades

En QAH| El universo observable, El Supercúmulo de Virgo y el Grupo Local

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