Cultura y Sociedad, Historia 


La veneración de las reliquias en Roma

Al entrar a una iglesia, muchas son las sensaciones que podemos experimentar, yendo desde el recogimiento espiritual a la admiración artística, pero casi siempre todos reaccionamos de la misma manera al contemplar esos curiosos elementos que nunca pasan desapercibidos: las reliquias. Objetos de veneración y testigos mudos de la Historia Sagrada, han sido motivo de conflictos bélicos, robos y saqueos, ya que, cuanto más se poseyeran, más peregrinos acudían al templo que las custodiaba y, por consiguiente, más se enriquecía esa diócesis. Gracias a estas peregrinaciones la cultura se fue traspasando de unos países a otros y todo se fue universalizando.

En Roma, la ciudad donde murió San Pedro y sede de la Cristiandad, se custodian algunos de las reliquias más destacadas y que, aún hoy, son veneradas por millares de personas, fotografiadas por los turistas y analizadas por los más escépticos.

En todas las iglesias encontramos el cuerpo de algún santo o mártir, ya sea su esqueleto, momificado o cubierto de cera o bronce, pero en algunas iglesias las reliquias van mucho más allá, como es el caso de Santa Croce in Gerusalemme, una iglesia que, aunque no muy llamativa, atrae por su mística capilla de reliquias donde encontramos fragmentos de la cruz, un clavo, el INRI o el dedo que el incrédulo Tomás metió en la llaga de Jesucristo.

                                                                                                                                                                    En la vecina zona del Laterano encontramos el edificio que alberga la Scala Santa, otra reliquia traída en el 326 del Palacio de Pilatos por Santa Elena, la madre del emperador Constantino. Según la tradición, esta escalera de mármol de veintiocho peldaños fue la que subió Jesús para ser presentado al pueblo; la escalera, cubierta de madera para evitar el desgaste, es subida de rodillas por los fieles, que ascienden mientras rezan y besan las zonas donde placas de cristal dejan al descubierto las manchas de la sangre del flageralado Jesús.

En la Basílica de Santa Maria Maggiore, que según la creencia, fue edificada en un solar donde nevó un cinco de agosto, encontramos, en una bella urna de cristal decorada con figuras doradas y la figura del Niño Jesús, algunos tablones de madera de la humilde cuna en la que fue arropado Jesús en su Natividad. El Papa Pío IX adora la reliquia con una escultura orante de mármol blanco.

Cerca de esta espectacular basílica está la más humilde iglesia de Santa Prassede, en la que encontramos, entre mosaicos bizantinos y materiales reutilizados, la columna donde presuntamente fue atado Jesús para ser flagelado; su tamaño hace pensar que sea un fragmento.

Para los más románticos, es conveniente saber que sus deseos o peticiones amorosas tendrán más efecto si se realizan ante la calavera de San Valentín, bellamente adornada con flores secas y que se custodia en la iglesia de Santa María in Cosmedín, lugar famoso por albergar la Bocca della Verità.

Por último, como hasta en la muerte y en la religión hay humor, citar algunas de las reliquias más estrambóticas que la Ciudad Eterna conserva: la columna sobre la que cantó el gallo de las negaciones de San Pedro en San Marcelo, las cadenas que ataron a San Pedro en San Pietro in Vincoli, el corazón y la lengua de la Virgen se albergan en la Iglesia de San Pantaleón, mientras que su leche se alberga en Santa María del Popolo y las lentejas de la última cena en el Sancta Sanctorum del edificio que alberga la Scala Santa.

Saber como todo esto ha podido llegar a nuestros días es algo que es preferible dejar a las palabras de un experto teólogo.

Vía| Diario de mi Erasmus en Roma 2010- 2011

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Imagen| Francisco Ledesma Brito

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