Economía y Empresa, Jurídico 


La Tragedia de los Comunes: Licencias de Taxis

Le pido al lector que, en un ejercicio de imaginación, retroceda varios siglos atrás hasta la Edad Media. Asuma que vive en una aldea donde cada habitante dispone de una vaca que quiere hacer engordar lo máximo posible para que, llegado el momento, pueda disponer de su abundante leche y carne para comer. Para ello, nada mejor que llevar cada día a la vaca a comer a los pastos comunes de los que dispone la aldea. Una vez que llegué a dichos pastos, observará con estupor como, al igual que usted, todos los demás vecinos han llevado a sus vacas con la misma idea; al cabo de unos cuantos días, si todos siguen actuando de la misma forma, el pasto se habrá agotado, y las vacas de todo el pueblo comenzarán a quedarse escuálidas.

Con este ameno (y arcaico) ejemplo es sencillo ilustrar uno de los problemas clásicos estudiados en el ámbito de la teoría de juegos aplicada a la economía: la tragedia de los comunes; en ella se abarcan situaciones en las que existe un bien denominado “común”, que se caracteriza por ser “no excluyente” (todos los que lo deseen tienen acceso gratuito al mismo) y “rival” (el consumo de dicho bien por parte de una persona reduce el disfrute de otros potenciales consumidores); un bien que queda reflejado a la perfección en el caso de los pastos de los que dispone la aldea: todos los vecinos que deseen los pueden usar para engordar a sus vacas, pero si todos acuden con la misma idea, se terminará por agotar el bien.

La Tragedia de los Comunes

La forma para atajar este problema es mediante la delimitación de derechos de propiedad del bien común. Un ejemplo de ello lo brinda el sector del taxi: en principio, como las calles son “comunes”, cada persona que quisiera podría pintar de blanco su vehículo particular y dedicarse al negocio del transporte urbano. Ahora bien, si se observa que la gente hace negocio con ello, cualquier persona que se encuentre desempleada (o que gane poco salario en su trabajo) hará los mismo; y si todo el mundo pensase igual, nuestras calles terminarían por estar saturadas de taxis, y cada taxista (puesto que hay demasiados y la demanda es limitada) obtendrá un salario irrisorio.

Esta “tragedia de los comunes” es lo que impulsó la creación de las denominadas licencias de taxis, unos derechos de propiedad que impiden que todo el que quiera entre en el negocio, “sobreinundando” nuestras las ciudades de vehículos blancos y haciendo que el número de clientes por taxista sea el suficiente de modo que el salario obtenido por el taxista pueda ser digno.

La misma idea subyace en la creación de derechos de transmisión que han de solicitar las emisoras de radio para retransmitir sus programas: de no ser así, las bandas de frecuencia frecuencia modulada estaría saturadas de emisoras, especialmente en las grandes ciudades. Otro ejemplo lo brindan los limites a la pesca que establecen convenios internacionales, encaminados precisamente a evitar que el exceso de faena pesquera impida a los animales marinos reproducirse, garantizando así la viabilidad futuras de los bancos.

En QAH| Bienes Públicos: del Free-Riding a la contraseña del Wi-fi; ¿Por qué una Economía Pública? (III)

Imagen| Encyclopedia.com

Más Información| Eumed; UAM (artículo original traducido al castellano)

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