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La suerte en la ciencia

Aunque pueda parecer mentira, la suerte ha jugado un papel fundamental en la ciencia. Algunos de los fenómenos más revolucionarios de la historia de la humanidad dependen de ella. Una tapa mal cerrada, un descuido, una siesta en el lugar equivocado, una chocolatina derretida son el origen de grandes inventos y teorías que nos rodean hoy día.

Un descuido muy conocido por todos y que llevó a un gran descubrimiento, es el de Alexander Fleming. Éste, durante uno de sus ensayos, dejó placas de Petri con un cultivo de bacterias sin cubrir. Fleming, ajeno a todo esto y preparado para comenzar sus vacaciones, se fue a casa. La sorpresa fue mayúscula cuando, al volver, un hongo había crecido en las placas dónde se contenían las bacterias y observó que se había creado un halo de transparencia (lo que es indicativo de muerte celular). Ese inesperado fenómeno que sentó los cimientos de la penicilina, y toda la investigación posterior, fue el precursor de los antibióticos actuales.

Otro gran descubrimiento derivado de una inesperada coincidencia, fue el microondas. El ingeniero de la Raytheon Corporation, Percy Spencer estaba, allá por el año 1964, trabajando en un nuevo tubo al vacío llamado magnetrón. Seguramente para alguno de sus descansos, llevaba en su bolsillo una chocolatina, pero para su gran pesar cuando fue a echar mano de ella su merienda estaba completamente derretida. Dado que no hacía suficiente calor como para explicarlo, intrigado, comenzó a investigar la causa. A partir de aquí se iniciaron los experimentos y la explotación de la tecnología del magnetrón para acabar concibiendo ese electrodoméstico imprescindible que es el microondas.

Newton y su manzana

Pero no sólo por suerte nacieron inventos. Cuenta la historia que en una apacible tarde de 1666, un joven británico, llamado Isaac Newton, encontró un frondoso manzano en el que tomar una siesta que se vio interrumpida cuando una manzana le golpeó en la cabeza. La realidad contada por William Stukeley (su biógrafo) desmiente que le cayese exactamente en la cabeza mientras cumplía con la tradición española más exportada, pero sí que fue la caída de la manzana completamente perpendicular al suelo, la que reveló a Newton que existía una fuerza de atracción hacia el suelo. Posteriormente, le llevó a desarrollar la teoría de la gravedad, que nos legó, para siempre inmortalizada, en su libro “Philosophia Naturalis”.

Puede que no os suene el hombre de Hans Christian Ørsted, físico y químico danés, pero éste hombre, consagrado en su carrera al estudio del electromagnetismo también debe uno de sus mayores descubrimientos a la diosa fortuna. Se cuenta que Ørsted, que era un poco desordenado en su laboratorio tenía, por ahí perdida, una brújula. Sus ensayos comprendían experimentos con corrientes eléctricas, y fue al disponer un conductor eléctrico con el que estaba trabajando, paralelamente a la aguja imantada de la brújula cuándo se percató de que al pasar corriente por dicho conductor, ésta se desviaba. Así comenzó la relación entre los campos eléctricos y magnéticos base de la mayoría de las tecnologías que nos rodean.

Y por último, no perdamos de vista a ese atrevido Colón que en 1492, tratando de llegar a la India por una ruta alternativa, descubrió el gran, y por ese entonces, desconocido, continente americano.

Está claro que todos cometemos errores y descuidos, hasta las grandes mentes de nuestra historia, y es ahí donde debemos marcar la diferencia, aprovechar y realizar grandes descubrimientos aprendiendo de ellos. Contando siempre, con que nos guiñe un poco la esquiva suerte.

 

Vía| Wikipedia

Más información| Wikipedia (penicilina), Wikipedia (Hans Christian Ørsted), Wikipedia (Newton)Wkipedia (Fleming)

Imágenes| Newton y la manzana

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