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La sorpresa de Lyon (un huevo kinder mal envuelto)

Hoy toca un poco de Francia, porque no sé qué pasa, si solo sucede entre turistas españoles o también otros, pero se tacha a los franceses de gays, amanerados, bordes o básicamente gabachos. La verdad es que los gabachos son exageradamente majos, y con un par de viajes al país vecino lo puedes comprobar. Yo lo ratifiqué en Lyon.

Decidí viajar a Lyon en el mes de Mayo, cuando el sol se vuelve más amigo y todos andan más alegres por la calle, más si empieza el verano… Y qué mejor que gozar de esa temperatura caminando y con mil cosas nuevas que visitar.

Los matemáticos dicen que a veces el orden no altera al producto, pero en este caso quizás sí lo hace, porque no hay mejor inicio de ruta turística por Lyon, que subiendo a la preciosa Basílica de Notre Dame sobre la colina de Fourviere.

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La estructura en la cima CIMA: Nôtre Dame de Fourviere

 

Esta basílica, del S. XIX e icono de la ciudad, se encuentra en la cima de la colina al oeste –y eso hace que se pueda ver desde casi cada rincón de la ciudad desde abajo-.

Desde allí arriba se divisa, desde un bonito mirador, cómo los ríos del Ródano y el Saona serpentean las entrañas de la ciudad. Entonces tienes una vista panorámica y muy verde, por cierto, de la pateada que te espera.

Empiezas a descender Frouviere y sin darte cuenta te adentras en el que es (para mí) el más bonito barrio de esta ciudad. En Vieux Lyon, en español Viejo Lyon, se percibe una atmósfera medieval debido a sus calles estrechas y adoquinadas y tejas naranjas. No es de extrañar esta reminiscencia florentina, por las miles de fachadas coloridas también, debido a la llegada de los ‘macarronis’ a la corte francesa durante el Renacimiento. Así, la arquitectura de la zona heredó esos patios interiores como los de Florencia. Ese barrio también es conocido por su gran comercialización de seda en su época, de hecho, investigando un poco entre callejuelas, me encontré con un pequeño negocio donde un anciano muy majete vendía y exhibía gusanos de seda. Todo empezó a ser bastante natural y acogedor.

 

Inspiradoras calles de Vieux Lyon

Inspiradoras calles de Vieux Lyon

Continúas andando por inercia para cruzar el primer puente, de los miles que habrá teniendo en cuenta que hay dos ríos a pocos metros (yo es que soy un poco fanática de los puentes…). La verdad es que Lyon en sí es muy amplio, y eso te da la sensación de pulcritud, que también la hay. Y de repente llegas a una plaza ancha y kilométrica, Place Bellecour, de arena rojiza desde donde puedes ver de dónde vienes; Notre Dame de Frouviere, y también a dónde vas, porque en esa plaza hay una oficina turística muy completa –y un McDonald en una de las esquinas-. Aquí empecé a apreciar la tranquilidad de la gente, su naturalidad, que también veremos más adelante, pero se me hizo extraño, que no negativo, ver la cantidad de personas que paseaban con bicis, patinetes o cosas por el estilo. Uno de los momentos de mayor sorpresa fue sin duda cuando un elegante ejecutivo, con camisa corbata y maletín y todo, casi me atropella con su patinete –y no eléctrico- de última moda.

Place Bellecour, y Notre Dame al fondo sobre la colina Frouviere

Place Bellecour, y Notre Dame al fondo sobre la colina Frouviere

 

La distancia entre los dos ríos es mínima, así que no tardas en llegar al Ródano (y a los miles de puentes que lo cruzan cada poca distancia). Los paseos que se encuentran en los laterales de estos ríos (y a unos metros por debajo del nivel de la calle habitual) durante kilómetros y kilómetros, aportan una tranquilidad que te hace olvidar que estás en la tercera ciudad más poblada de Francia. Los cafés-muelles sobre el agua mismo, los cómodos bancos o incluso hamacas en sus orillas, y lo mejor… los parques. Pero, ojo, no parques cualesquiera, si no parques para cualquier edad. Por lo que parece en Lyon tanto niños, como jóvenes como habitantes de cualquier rango, acostumbran a reunirse a orillas del río. Muchos practican truquitos con monopatines, patinetes o bicis -y así se pavonean delante de sus ligues- pero otros simplemente se sientan y charlan junto al reflejo del atardecer.

 

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¿Hay vegetación o no? (Edificio de media luna trasero: la Opera de Lyon)

 

 

No podría acabar este ‘scanner’ Lionés sin mencionar sus afamadas pinturas en las paredes representando escenas o caricaturando a cualquier personaje. Éstas se pueden encontrar en la parte más ‘moderna’ de la ciudad, por el barrio de La Guillotière (pasado el Ródano), donde tanto las calles como los edificios empiezan a ser mucho más industriales –que no feos-, y las dimensiones amplias se ensanchan aún más. También puedes dedicar una tarde soleada a hacer un poco el ganso en el Parc de la Tête d’Or (cabeza de oro), pero no literalmente claro, bañarse en el bonito lago está prohibido de momento.

¡Ojo, no os confundan! No son escaleras ni personas de verdad

¡Ojo, no os confundan! No son escaleras ni personas de verdad

 

 

 

 

Y si lo que buscas es más bien cultura, en esta ciudad te puedes impregnar de ella, por la zona mencionada al principio, Vieux Lyon, hay todo tipo de museos: Museé Miniature et Cinema, Museé Gallo-Romain, Petit Museé Fantastique de Guignol, Museé de l’Imprimerie, y un largo etc.

 

En resumen, el descubrimiento de esta ciudad a fondo, significa calma y vegetación. Otra de las anécdotas, además del intento de atropello por el ejecutivo elegante, fue ver cómo llegada la tarde unos adolescentes disfrutaban tranquilos con un picnic de cervezas, y a orillas del río, por supuesto, jugando nada más ni nada menos que a la petanca. Sí, ese juego al que jugábamos todos de pequeños sigue existiendo y no se vincula al vejestorio en una ciudad en donde triunfa la naturalidad.

Jóvenes (y no tan jóvenes) pasando la tarde junto al Ródano

Jóvenes (y no tan jóvenes) pasando la tarde junto al Ródano

 

Amplitud de la zona este de la ciudad (Notre Dame al fondo) y... más bicis…

Amplitud de la zona Este de la ciudad (Notre Dame al fondo) y… más bicis…

 

¡Y qué atardeceres! “Bon voyage et profiter des détails”

 

 

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