Política 


La Sociedad Civil (VIII): debilidades de la sociedad civil española

La pujante sociedad civil que descubriera Tocqueville en América y la que siempre ha existido en muchos países de Europa apenas se ha dado nunca en España.

 

La política coercitiva del Estado cuando no disfrutábamos  de democracia y la invasiva en los periodos democráticos como el actual son las principales razones de la débil sociedad civil española. En España la pertenencia y participación  en clubes, asociaciones, sindicatos, foros, grupos, círculos, casinos, pandillas, tertulias, ateneos, cenáculos, etc , con algunas excepciones, siempre ha sido muy reducida. Quizás se salvan parcialmente, además del fútbol, Cataluña y el País Vasco que habiendo desarrollado en tiempos pasados una economía industrial engendraron de aquella muchas instituciones civiles que tardaron en darse en el resto de España.

 

Tocqueville

Uno de los ejemplos más evidentes de la debilidad de la sociedad civil española se encuentra en el asociacionismo empresarial, que junto con el sindical, son de los más débiles del mundo. En España el número de afiliados voluntarios a los sindicatos que pagan regularmente cuotas significativas son escasísimos y las empresas que están libremente asociadas y pagan cuotas regulares por ello también son muy pocas.

 

Si examinamos el caso de las asociaciones empresariales nos encontramos con tres tipos de organizaciones: las sectoriales, las territoriales y la cúpula nacional. Las asociaciones sectoriales que vertebran la economía tienen dificultades de funcionamiento por el escaso número de empresas asociadas en la mayoría de los casos, salvo en los sectores oligopolísticos y, como consecuencia, los modestos presupuestos y medios que manejan para cumplir sus legítimas funciones de representación de intereses. Un ejemplo puede ilustrar la debilidad de este tipo de asociaciones: casi ninguna en España –salvo en Cataluña- dispone de sede en propiedad, justamente lo contrario que en los países mas avanzados. Como la financiación por cuotas voluntarias –con la salvedad de las asociaciones oligopolísticas- es muy baja, la mayoría de asociaciones prestan servicios que tratan de cobrar –muchas veces en competencia con el Estado!- con dificultades, por lo que terminan buscando y a veces logrando subvenciones públicas para formación, internacionalización, I+D, etc.

 

El caso de las asociaciones empresariales territoriales es un tanto especial, al tratarse de organismos creados, casi todos ellos,  artificiosamente en torno a los gobiernos autonómicos. Su financiación ha venido siendo esencialmente pública y su funcionamiento, como es natural, ha estado alineado con la política regional.

 

La cúpula asociativa empresarial, CEOE, está integrada por las asociaciones sectoriales y territoriales y se financia a través de las cuotas que libremente quieren aportar sus miembros, además de aportaciones voluntarias de las grandes –también algunas medianas- empresas y subvenciones públicas. Por patrimonio y recursos debe ser la patronal mas pobre entre los principales países de la UE y la única que carece de sede propia ya que la que tiene es una cesión del Estado.

 

Tratamiento aparte merecen las cámaras de comercio que habiendo nacido en los albores de la economía moderna como genuinas representantes de las sociedad civil empresarial terminaron derivando en España como meros apéndices del Estado. Con el establecimiento de cuotas obligatorias por parte del Estado  -que el Ministerio de Hacienda garantizaba fuesen efectivas- sus ingresos, además de cuantiosos por estar absolutamente generalizados, al  no estar relacionados con la libre voluntad de las empresas que daban la espalda –por su inútil funcionalidad-  servían para financiar actividades mayormente alejadas de los intereses de las empresas. Puesto que la financiación provenía del Estado la política terminó ocupando, al margen de los intereses de  las empresas, los órganos de gobierno de las cámaras.

 

Zapatero

Tal absurdo estado de cosas fue desmontado por el gobierno de Zapatero al convertir las cuotas obligatorias en voluntarias, con lo que los ingresos de las cámaras se derrumbaron: de pagar obligatoriamente todas las empresas se  pasó a que casi ninguna pagara voluntariamente. Poco tiempo después, el Gobierno de Rajoy, decidió reinventarse las cámaras que sin financiación pública estaban desapareciendo para volverlas a pilotar públicamente, es decir, invadirlas políticamente, con el apelativo de Cámara de España.

 

En otros ámbitos de la sociedad civil, con la notable excepción de los colegios profesionales muchos de ellos de obligada colegiación, buena parte de las asociaciones existentes aún teniendo carácter civil no siempre son independientes de los grandes grupos de interés económico ni por tanto del Gobierno.

 

Dos excepciones muy positivas emergen como ejemplos del buen hacer de nuestra sociedad civil: la decana Asociación para el Progreso de la Dirección y los Círculos de Empresarios. En ambos casos se cumplen los requisitos de una muy amplia y voluntaria representación, independencia económica y por tanto política, que deben presidir las organizaciones civiles.

 

Los gobiernos democráticos que se ha sucedido después de la Transición política de 1978 lejos de facilitar la vida de la sociedad civil la han invadido, como se acaba de describir, o la han ignorado. Las asociaciones voluntarias y libres raramente son bien vistas  ni atendidas como merecerían por su representatividad, mientras que los grupos de interés y poder económico suelen gozar de las simpatías gubernamentales.

 

Después de todo lo dicho es perentorio que los gobiernos dejen de financiar las organizaciones de la sociedad civil: sindicatos, asociaciones, cámaras, colegios, círculos, etc y lejos de invadirlas políticamente, pasen a respetarlas en función  de su legitimidad representativa. Adicionalmente y con objeto de revitalizar la sociedad civil habría que generalizar como gasto deducible en el impuesto de la renta cualquier aportación que los ciudadanos hagan a sus asociaciones.

 

Por todo lo dicho, la mejor manera de revitalizar la sociedad civil es mediante una doble actuación del poder político:

 

  1. Eliminando todo tipo de subvenciones –siempre sujetas a intereses políticos- y por tanto las consecuentes invasiones políticas de las instituciones subvencionadas.
  2. Estableciendo generosas facilidades fiscales, mediante una moderna ley de mecenazgo, para que la sociedad civil aporte libremente sus recursos a los fines que mejor le parezcan.

 

Es el modelo que con tanto éxito histórico funciona en EE.UU. desde tiempos de Tocqueville hasta hoy, donde el mecenazgo privado supera ampliamente el público.

 

Desde el punto de vista recaudatorio las finanzas públicas saldrían beneficiadas porque el coste de las deducciones fiscales de la sociedad civil sería inferior al del actual despilfarro de subvenciones. Y desde el punto de vista de la libertad se produciría un cambio copernicano: sería la sociedad la que elegiría los fines y los medios de las organizaciones de la sociedad civil en vez del Gobierno de turno siempre ofuscado en sus propios intereses clientelares.

 

Twitter| @jbanegasn
Más información| España, más allá de lo conseguido, Canal Youtube de Jesús Banegas y Programa radio “Viaje a Serendipia”
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