Política 


La Sociedad Civil (VII): expresiones de la sociedad civil

La sociedad civil es una expresión propia de la civilización occidental en la que han arraigado principios como la separación de la Iglesia y el Estado y los individuos disfrutan de libertad frente al poder político. Por ello, ni en el  mundo islámico ni en el comunismo ha existido nunca sociedad civil: en el primer caso porque cualquier expresión social que no responda a la letra del Corán está fuera del sistema, y en los países comunistas porque la libertad individual resulta secuestrada por el Estado ya que sólo él –el Estado- sabe lo que conviene a los individuos, lo que excluye cualquier manifestación ciudadana que se aleje lo más mínimo de la doctrina del régimen político totalitario. En el fascismo tampoco existió sociedad civil, porque como en todo totalitarismo la libertad individual no existe.

 

Puede concluirse por tanto que la sociedad civil es imposible que se manifieste en los regímenes totalitarios –islamismo, comunismo y fascismo- enemigos de la sociedad abierta y por tanto democrática, siendo un logro histórico exclusivo de ésta.

 

Mancur Olson

Llama la atención que los partidos políticos populistas se refieran en voz alta a la sociedad civil para criticar al gobierno de turno –para ellos, la casta- cuando es evidente tanto por ideología como por historia que el populismo está íntimamente relacionado con las tres categorías de sociedades cerradas y totalitarias que la niegan por completo.

 

En sentido amplio la sociedad civil abarca un sinfín de expresiones: desde las “iglesias” y órdenes religiosas, a las asociaciones de todo tipo, los sindicatos, los clubs de futbol y de cualquier otro deporte, etc.

 

Si atendemos a dos criterios muy relevantes para su delimitación: sus fines y financiación, la sociedad civil verdadera –al menos en España– se ve muy limitada.

 

Manuel Castells

Desde el punto de vista de su objeto social, para que una entidad se proclame legítimamente representante de la sociedad civil debe perseguir fines sociales de alcance indiscriminado, que no solo se apliquen a sus miembros. Se podría aplicar aquí el viejo principio de “no desear para otros lo que no quieras para ti”. De no ser así estaríamos en presencia de grupos de presión que se caracterizan por lograr para sus miembros en exclusiva ventajas que paga todo el mundo. El economista Mancur Olson en su The Logic of Collective Action  estudió amplia y rigurosamente el fenómeno, cada vez más frecuente en las democracias, de pequeños grupos que persiguen intereses específicos que prevalecen sobre el interés general. Por tanto, los lobbies que obtienen beneficios a costa de todos los demás no deben ser considerados expresiones, al menos legítimas, de la sociedad civil. Los fines de la sociedad civil deben cumplir dos principios: ser públicamente confesables y perseguir objetivos de carácter general, no discriminados.

 

Desde el punto de vista de la financiación solo podemos considerar sociedad civil aquellas expresiones que se autofinancien si no totalmente, si al menos en su mayor parte. La financiación es determinante, como es natural, de los fines perseguidos y los medios utilizados para conseguirlos: la consabida frase “quién paga manda” es de aplicación aquí. La mayoría de las entidades que se proclaman de “la sociedad civil” viven de las subvenciones públicas o contribuciones privadas interesadas en sus propios fines. ¿Cuántas  ONG´s en España se autofinancian con cuotas voluntarias de sus asociados? En realidad, como el sociólogo Manuel Castells señaló hace tiempo, la mayor parte de ellas son realmente Organizaciones Neo Gubernamentales y por tanto dependientes de la política. En el país de referencia de la verdadera sociedad civil, EE.UU., que descubrió Tocqueville hace casi dos siglos,  la iniciativa privada –modernamente  auspiciada con ventajas fiscales al mecenazgo– domina la escena de la inmensa mayoría de instituciones no gubernamentales que abarcan desde variados y enormes complejos de carácter cultural hasta los sindicatos de trabajadores. En España, por lo contrario, escasean las instituciones culturales estrictamente privadas y hasta los sindicatos están financiados por el Estado.

 

Twitter| @jbanegasn
Más información| España, más allá de lo conseguido, Canal Youtube de Jesús Banegas y Programa radio “Viaje a Serendipia”
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