Política 


La Sociedad Civil (VI): proteger a las instituciones de los políticos

Prácticamente todas las instituciones públicas españolas que debieran estar gobernadas profesionalmente y ser, por tanto, independientes del Gobierno de turno están copadas por políticos que en algunos casos excepcionales también son profesionalmente competentes aunque no independientes.

 

En los países de referencia también se dan estas situaciones pero en ningún caso se llega a los extremos que aquí: lo más valioso de ganar las elecciones no es formar el Gobierno sino nombrar a infinidad de amigos –en muchos casos sin otra cualidad que la cercanía al político que lo nombra- para puestos bien remunerados y muy representativos.

 

Además de adelgazar un Estado engordado con deuda, las instituciones públicas que resulten imprescindibles deben quedar a salvo de la política de turno para así mejorar nuestra calidad institucional y  por tanto el funcionamiento económico y social de nuestro país.

 

Una sociedad civil viva y bien vertebrada podría ayudar mucho a los gobiernos a elegir a los mejores para cubrir los puestos de máxima responsabilidad en las instituciones públicas mediante la instauración de comités de expertos de muy reconocida competencia y prestigio profesional y edad avanzada que podrían seleccionar y proponer buenos candidatos para cada ocasión.

 

imaginaria black card

Un reciente y asombroso ejemplo de las desgracias derivadas de la invasión política de las instituciones fue el caso de las cajas de ahorros. Tras dos siglos de existencia desde su fundación y antes de ser acaparadas por la política, de las 60 cajas fundadas sólo 10 perecieron, lo que demuestra una insólita y admirable capacidad de supervivencia, muy superior a la de los bancos privados. El milagro del éxito de las cajas, una de las más brillantes expresiones de la sociedad civil española, que sin una formulación clara de los derechos de propiedad tuvieron una ejemplar trayectoria, acabó en menos de un cuarto de siglo, el tiempo que media entre la Ley 31/1985 que las dejó en manos de los partidos políticos y sus allegados –sindicatos, patronales, etc..- y su práctica desaparición como tales y dejando una enorme deuda que tardaremos mucho en pagar entre todos.

 

El caso de Caja Madrid y sus “black cards” es  todo un perfecto y calamitoso ejemplo de las desgracias que se ciernen sobre las instituciones cuando son apropiadas por los políticos y sus amigos. Al cabo de su crisis se supo que su consejo tenía  ¡más de 80 miembros! ¿Habrá habido en EE.UU. , la patria de las grandes empresas, alguna que haya alcanzado semejante número? ¿Cuantos de ellos tenían cualificación y experiencia para el cargo? ¿Qué principios éticos y morales gobernaban la existencia de las “black cards”? ¿Con qué rigor profesional se hacían las auditorias internas y externas?

 

¿Cuántas entidades públicas en España siguen proliferando, muchas de ellas incluso inútiles, que responden al funcionamiento desastroso que se acaba de describir?

 

Twitter| @jbanegasn
Más información| España, más allá de lo conseguido, Canal Youtube de Jesús Banegas y Programa radio “Viaje a Serendipia”
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Imágenes| black card y portada artículo

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