Política 


La Sociedad Civil (II): La excusa de la expansión del Estado

Desde muy antiguo conocemos valoraciones sociales acerca de la posesión de riquezas, asunto que los escolásticos españoles —verdaderos fundadores de la ciencia económica— trataron y resolvieron magistralmente. Manejaron para ello dos categorías de justicia económica: conmutativa y distributiva.

La primera se resume en los intercambios del libre mercado que se llevan a cabo por un “precio justo”, entendiendo por tal el que está dispuesto a aceptar un vendedor y pagar un comprador en ausencia de coacción o fraude. Nada más justo que esta conmutación, ya que el vendedor cede libremente su bien porque estima que vale menos de lo que cobra por él, y, al mismo tiempo, el comprador asume que el bien recibido vale más que lo que paga por él. Siendo libres las transacciones —conmutación de bienes y/o dinero— la justicia económica siempre está implícita en ellas.

Producida la natural distribución de riqueza que resulta de los libres intercambios, surge otro concepto de justicia, en este caso distributiva, que viene a cuestionar los resultados a posteriori de la justicia conmutativa.

F. Hayek

La justicia distributiva, que no consiste en otra cosa que “quitar a unos para darlo a otros”, plantea muchos problemas de asunción y ejecución, ya que toda redistribución requiere una previa confiscación. Solo el Estado y siempre desde una óptica estrictamente legítima y legal dentro de un marco de Estado de Derecho, puede expropiar a unos para beneficiar a otros. En una sociedad avanzada y mínimamente próspera, es razonable que el Estado vele por las condiciones de vida de quienes no puedan valerse por sí mismos, amén de prestar determinados servicios públicos. La financiación de sus costes toma la forma de impuestos, que típicamente afectan más a quienes más ingresos tienen.

Para F. Hayek: “La libre elección de la ocupación de cada uno es irreconciliable con la justicia distributiva”

Es axiomático que “todo ser humano tiene derecho natural a los frutos de su propia creatividad empresarial”, sostiene Kirzner. Si alguien crea algo de la nada, tiene derecho a apropiarse de ello, pues no perjudica a nadie. Ningún resultado de la creatividad humana existía antes de ser descubierto o creado empresarialmente. El “principio de Locke” —quien lo descubre se lo queda— es de aplicación aquí.

Kirzner

Ni los fines ni los medios están dados; son continuamente ideados y concebidos ex novo. La riqueza —“la tarta” o el PIB en términos modernos— de las naciones, no es sino la suma de todo lo descubierto por quienes constituyen el mercado. Tanto “la tarta” como sus ingredientes deben ser siempre descubiertos, imaginados, creados; en ningún supuesto están dados.

El descubrimiento empresarial no es una cuestión de mera suerte, ya que siempre subyace la posibilidad de error. Solo la deliberada y calculada decisión de buscar y apostar por algo posibilita acertar y ganar, pero también equivocarse y perder.

La decisión empresarial de producir constituye un descubrimiento, una creación ex nihilo, es decir, de la nada.

Hasta aquí una manera simple y razonada de plantear y resolver el problema de la desigualdad de rentas. Ir más allá, estableciendo impuestos directos crecientes e incluso progresivos a las rentas del trabajo, los beneficios empresariales y el ahorro, puede —ni siquiera es seguro— disminuir la dispersión de rentas, pero también desincentivar su generación; porque en una economía abierta es cada vez más fácil desplazar la creación de riqueza hacia “medios ambientes” fiscalmente más propicios.

Twitter| @jbanegasn
Más información| España, más allá de lo conseguido, Canal Youtube de Jesús Banegas y Programa radio “Viaje a Serendipia”
En QAH| Otros artículos de Jesús Banegas
Imágenes|F. HayekKirzner y portada artículo

RELACIONADOS