Historia 


La serendipia del Titanic

RMS Titanic (1912)

RMS Titanic (1912)

La Historia es una ciencia que rápidamente se presta a todo tipo de tergiversaciones y teorías de la conspiración, sin embargo, después de varios milenios de historia de la Humanidad, es obvio que han tenido que darse coincidencias de lo más curiosas, y hoy os traemos una serie de ejemplos relacionados con el celebérrimo hundimiento del Titanic.

Aunque el Titanic se hundió en el Atlántico Norte en abril de 1912, nos remontamos a 1898 para hablar de la novela escrita por el estadounidense Morgan Robertson The wreck of the Titan or futility. Esta obra narra la historia ficticia de un navío denominado Titan que tiene el infortunio de hundirse en el Atlántico Norte tras chocar con un iceberg. Si fuera poco con la coincidencia del nombre del barco y del fatídico final, lo curioso es que la historia real del Titanic y la ficticia del Titan coinciden hasta en detalles como la capacidad de pasajeros (3000), el punto exacto del hundimiento (a 400 millas de Terranova) o el mes en que los hechos tenían lugar. Incluso en otros detalles difieren por muy poco: número de botes (20 el Titanic y 24 el Titan), velocidad del barco (23 nudos el Titanic y 25 el Titan), eslora (882 pies el Titanic y 800 el Titan)… El autor, interrogado tras la tragedia, declaró que un espíritu había guiado e inspirado su obra. Cierto o no, su novela no evitó la tragedia, como tampoco la evitó el protagonista de la siguiente coincidencia.

Aunque el Titanic no es la mayor tragedia marítima, pues tal “mérito” corresponde al Wilhelm Gustloff en el contexto de la Segunda Guerra Mundial, de lo que no cabe duda es de que se trata de la mayor tragedia en tiempos de paz, pues se cobró las vidas de 1523 personas. Una de esas personas fue el periodista y espiritista William Thomas Stead, que en 1892, antes incluso que Morgan Robertson, había publicado la historia titulada From the Old World to the New, que narra el hundimiento del Majestic, un barco que en la novela pertenecía a la compañía White Star Line (compañía real del Titanic), y que encontraba su fatídico final tras chocar contra un iceberg en el Atlántico Norte. La catástrofe literaria se había acentuado al carecer el barco de botes suficientes para desalojar a los tripulantes, como efectivamente ocurrió en el Titanic. Lo curioso es que su autor, que viajaba a Estados Unidos para ofrecer una conferencia, falleció precisamente al ser una de las personas que no pudo ser desalojado por el escaso número de botes salvavidas.

Para la última coincidencia volvemos a viajar en el tiempo y nos trasladamos al 13 de abril de 1935, víspera del 23º aniversario del accidente. En esa fecha, un barco de vapor cargado de carbón cruzaba el Atlántico Norte en dirección a los Estados Unidos. El joven marinero que hacía la guardia de noche, movido más por una intuición que por una certeza, pidió detener el barco. Cuando los tripulantes pudieron ver con claridad, encontraron una enorme masa de hielo contra la que habrían impactado de no haber sido por aquel intuitivo marinero. Pero, ¿quién era este joven? Pues era William Reeves, nacido el 14 de abril de 1912, efectivamente, la fecha en que se hundió el Titanic, y ¿cuál era el nombre de su barco? Titanian.

En colaboración con QAH| Ad Absurdum

Vía| M. Robertson, “The Wreck of the Titan or Futility”, en Titanic-Titanic.com.

W. T. Stead, “From the Old World to the New”, en attackingthedevil.co.uk.

“El Titán y el Titanic”, en Curistoria.

Imagen| Fotografía del RMS Titanic (1912)

En QAH| El Centenario de una Tragedia: El Hundimiento del Titanic; La mayor tragedia naval de la historia (y la menos conocida)

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